Roma es la ciudad por excelencia, es la Urbe, y sus ciudadanos dicen que lo han visto todo, tienden a no sorprenderse de nada y siempre están atentos a los signos de todo tipo que cuentan con un gran número de interpretadores, algunos muy afamados. Se acercan los idus de julio, el día 15. Los «idus» marcaban la mitad del mes y el día de la luna llena, estas fechas estaban dedicadas al dios Júpiter y se consideraban días de buenos augurios y buena suerte. Hoy tenemos ángelus en la plaza de Castelgandolfo a las doce y poco más, se nota la falta de continuos actos públicos del Papa. Los temas no ceden y seguimos con los inevitables comentarios a lo sucedido en Econe, con las noticias de abusos de la semana y un largo artículo sobre la existencia del demonio. Empezamos…
Almuerzo con el Papa.
El Papa León XIV participa en los jardines de Castelgandolfo en el «Almuerzo con el Papa», con doscientas personas socialmente vulnerables de la Diócesis de Roma. Palabras improvisadas en la bendición de la mesa: «Vine con hambre, hambre de justicia, hambre de caridad auténtica, hambre de una Iglesia que sepa abrir sus puertas, acoger y recibir a todos». Entre los participantes había refugiados, madres solteras con hijos, personas con discapacidad y inmigrantes involucrados en programas de formación e inserción laboral. «Hoy queremos construir un puente con todos los presentes y con nuestra sociedad, para que se eliminen las causas de la pobreza y la injusticia que aún azotan nuestro mundo. Esta es la Iglesia que queremos construir».
Es el día de vacaciones dedicado a la hospitalidad y la confraternidad en el Borgo Laudato Si’ de Castel Gandolfo. La jornada comenzó con la Misa, presidida por el Cardenal Fabio Baggio, Director General del Centro de Estudios Avanzados Laudato Si’, y concelebrada por Monseñor Luis Marín de San Martín, Prefecto del Dicasterio al Servicio de la Caridad. Los invitados realizaron una visita guiada a la Aldea Laudato Si’. El pasado agosto el Papa León XIV decidió almorzar con personas en situación de pobreza de la Diócesis de Albano. De aquel encuentro surgió la idea de convertirlo en algo regular, con la intención de involucrar cada año a una diócesis italiana diferente.
Donatella Parisi, coordinadora de comunicación del Centro de Formación Avanzada Laudato Si’: «Este lugar tan especial —cerrado al mundo durante cuatrocientos años, luego reabierto por el Papa Francisco y ahora abierto de par en par gracias al Papa León— da la bienvenida a estas personas que, para nosotros, son nuestros invitados de honor» El cardenal Fabio Baggio: «Borgo Laudato si’ se creó para demostrar que la protección de la creación y el cuidado de la persona humana constituyen una sola misión», «Tras Lampedusa, este día representa una nueva etapa en el camino del Papa León XIV hacia las periferias sociales de nuestro tiempo. En Borgo Laudato si’, el Santo Padre se encuentra con personas que viven en condiciones vulnerables, reafirmando que la Iglesia está llamada a estar presente allí donde la dignidad humana requiere escucha, cercanía y esperanza». Luis Marín: «La elección del Santo Padre confirma que la caridad se expresa a través de la cercanía, el encuentro y el compartir. Cuando la Iglesia sitúa a las personas más vulnerables en el centro, visibiliza el Evangelio y da testimonio de que nadie está marginado en el corazón de Dios». El cardenal Baldassare Reina: «Queríamos que los protagonistas de este día fueran personas acompañadas diariamente por las parroquias, Cáritas y los numerosos grupos eclesiales y asociativos de la diócesis de Roma».«El encuentro con el Santo Padre devuelve un papel central a quienes con demasiada frecuencia permanecen al margen y llama a toda la comunidad cristiana a la responsabilidad de acoger a los demás».
El rito latino en Ucrania.
En el siglo XX, cuando, al final de la Segunda Guerra Mundial, «Ucrania fue sometida a un régimen inspirado en la ideología soviética». Durante ese período, «la Iglesia católica en esa región fue objeto de una cruel persecución organizada e implementada por el poder civil, cuyo objetivo era su completa extinción entre el pueblo». La iglesia de Ucrania «redescubrió la vida y el desarrollo», celebrando el trigésimo quinto aniversario de la reconstitución de sus instituciones al mismo tiempo que el vigésimo quinto aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II.
Los abusos en las noticias de la semana.
Nos lo ofrece Federica Tourn y se llevan la palma semanal son nombres sonoros, el arzobispo de Rabat y el fallecimiento del tristemente célebre obispo Roger Vangheluwe. En España, un sacerdote drogó a sus víctimas antes de abusar de ellas.
Vangheluwe admitió haber abusado sexualmente de uno de sus sobrinos menores de edad durante trece años, a partir de la década de 1980, y posteriormente de otro sobrino durante dos años. El obispo evitó cargos penales debido a la prescripción del delito. Su confesión pública desencadenó un gran escándalo sobre abusos clericales en Bélgica, con miles de testimonios: una herida y un verdadero drama nacional, como quedó claramente de manifiesto durante la visita apostólica del Papa Francisco en septiembre de 2024.
El cardenal Cristóbal López Romero, arzobispo de Rabat, dice que se ha «suspendido» de su ministerio tras las acusaciones de conducta sexual inapropiada presentadas por cinco mujeres. La Santa Sede ha abierto una investigación preliminar para esclarecer los hechos. Niega todas las acusaciones pero anunció que hasta que concluya la investigación, no presidirá celebraciones públicas, no participará en actividades pastorales y se abstendrá de ejercer cualquier cargo público.
Un tribunal de Málaga ha condenado a un sacerdote español, conocido como «Padre Fran», a 52 años y seis meses de prisión. Fue declarado culpable de abusar sexualmente de cuatro mujeres tras drogarlas. Según la sentencia, los hechos ocurrieron entre 2020 y 2021, y el sacerdote grabó los abusos.
Al triste ataque de teólogas ¿católicas? alemanes a María Goretti.
Las teólogas alemanas Philippa Haase, Judith König y Ute Leimgruber sobre Santa María Goretti piden reconsiderar el concepto de «mártir de la pureza» y «mártir de la virginidad». Maria Goretti estaría enviando un mensaje equivocado: que una víctima de violación debe resistir hasta la muerte para defender la inviolabilidad de su cuerpo, y que si no lo hace, está equivocada, cometiendo un pecado, y luego debe sentirse culpable por no haber resistido. Y lo que es aún más grave es el hecho de que Maria Goretti perdonara a su violador, Alessandro Serenelli, quien, al verse rechazada, la asesinó. Incluso lo perdonó, casi como para justificar su instinto machista y comunicar a las mujeres de hoy que deben comprender y perdonar a los hombres, quienes en última instancia responden a un instinto sexual que a menudo es difícil de controlar o reprimir.
No es la primera vez que se intenta cuestionar la santidad de María Goretti. Giordano Bruno Guerri ya lo intentó hace muchos años, explicando cómo la historia del intento de violación por parte de Serenelli y el asesinato de la joven fueron producto de la pobreza en la que vivían las familias de los protagonistas. También explicó que María Goretti no tenía ningún rasgo de santidad, sino simplemente la ignorancia de una joven criada en los temores religiosos de la época y en una concepción del pecado propia de las comunidades rurales, donde el analfabetismo y la superstición basada en el miedo al diablo y al infierno estaban muy extendidos.
La reacción de la Iglesia en aquel entonces fue severa, desacreditando por completo la versión de Guerri. Hoy, el ataque proviene de tres respetables, y bien pagados, teólogos, además alemanes, y no se espera respuesta alguna, con que no exita adhesión ya nos damos por contentos. Para estos iluminados a sueldo todos los mártires serían ejemplos negativos cuando nos invitan a dedicar nuestras vidas al servicio del Evangelio y a morir para dar testimonio y defender nuestra fe.
El acto de perdonar es precisamente el grado más elevado de santidad, y es natural que esto parezca absurdo según el pensamiento actual: el perdón entendido como un sentimiento opuesto a la venganza, pero que no puede ni debe eximir al culpable de la justicia, como lo demuestra el caso de Serenelli, quien terminó en prisión, fue condenado por asesinato y cumplió su condena por el crimen que cometió. Al salir de prisión, era un hombre transformado, y gracias al perdón de María Goretti, terminó su vida como cristiano. Todo esto es extraordinariamente cristiano, pero políticamente incorrecto, en un mundo donde hoy la santidad está tan alejada del pensamiento contemporáneo como es posible.
Una vez más estás posturas tienen su epicentro en Alemania, donde los más altos niveles de la jerarquía participan en la luteranización del catolicismo, a través de un proceso sinodal que se asemeja cada vez más a un caballo de Troya construido para demoler la Iglesia desde dentro y reinterpretar el Evangelio en clave modernista y protestante.16»
Grünwidl responsable de los ortodoxos en Austria.
¿Por qué se critica tanto a la Sociedad Sacerdotal de San Pío X?
Muchas preguntas en torno al terremoto provocado por las consagraciones de Econe que pensamos que va mucho más allá de un cisma local y afecta a muchos católicos en todo el mundo. ¿Por qué esta postura suscita tantas críticas?
Un artículo de hoy presenta tres actitudes ante la crisis. La crisis que sacude a la Iglesia ha sido evidente durante varias décadas: un declive en la práctica religiosa, una disminución de las vocaciones, una pérdida del sentido de lo sagrado y del pecado, y confusión doctrinal y litúrgica. Algunas buenas noticias no compensan el desastre que hemos presenciado durante más de medio siglo.
Los análisis difieren en cuanto a las causas de esta crisis y las soluciones que deben adoptarse. Las autoridades eclesiásticas oficiales, a pesar de sus divergencias y algunas diferencias, suelen responder a la crisis con reformas estructurales, pero se mantienen unidas en su compromiso de implementar las directrices del Concilio Vaticano II: los conservadores ralentizan el proceso, los progresistas lo aceleran. La diferencia no radica en la dirección, sino en la velocidad.
Luego están las comunidades tradicionales ex-Ecclesia Dei, reconocidas canónicamente, que mantienen la liturgia tradicional, aunque gozan de cierta tolerancia dentro de las estructuras legales oficiales. Su apostolado depende en gran medida de la benevolencia, siempre revocable, de las autoridades eclesiásticas hacia ellas.
Finalmente, está la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, que, creyendo que los errores difundidos tras el Concilio y la reforma litúrgica son la raíz de la crisis actual y deben ser denunciados públicamente, se dota de los medios propios y decide emprender un camino radical sin temer la separación.
La diferencia esencial entre los antiguos grupos de la Ecclesia Dei y la FSSPX no radica en su apego a la Misa tradicional, sino en su valoración de las causas de la crisis. Las comunidades tradicionalistas reconocidas canónicamente siguen aceptando institucionalmente, en virtud de sus estatutos, el Concilio Vaticano II y sus reformas litúrgicas. Pueden criticar ciertos excesos o interpretaciones, pero no cuestionan los principios ni la legitimidad de las reformas. La Sociedad Sacerdotal de San Pío X cree que varias enseñanzas conciliares, en particular sobre la libertad religiosa, el ecumenismo y la colegialidad, así como la propia reforma litúrgica, constituyen causas profundas de la crisis y, por lo tanto, deben ser sometidas a una crítica doctrinal.
Muchos sacerdotes, en número creciente entre los más jovenes, religiosos e incluso obispos reconocen en privado, en mayor o menor medida, algunas de las graves dificultades causadas por las reformas conciliares, pero pocos se atreven a decirlo públicamente, por temor a represalias y sanciones o para evitar comprometer su propio apostolado. La Fraternidad cree que sería un crimen guardar silencio cuando la fe está en juego y continúa denunciando lo que considera las causas de la crisis, incluso a costa de severas sanciones. La verdadera caridad no consiste en evitar el conflicto, sino en defender la verdad, sean cuales sean las consecuencias.
La Sociedad Sacerdotal de San Pío X reconoce plenamente la potestad jurisdiccional del Papa y de los obispos legítimamente designados por él. Diariamente, durante la Santa Misa, ora por el Sumo Pontífice y el obispo de la diócesis: «Por tu santa Iglesia Católica: dígnate pacificarla, conservarla, unificarla y gobernarla en todo el mundo, en unión con tu siervo el Papa León XIV, con el obispo de la diócesis…, así como con todos los fieles y todos los que profesan la fe católica y apostólica». Lo mismo ocurre durante la bendición del Santísimo Sacramento y en las oraciones privadas. Los sacerdotes y los fieles también rezan por las intenciones del Sumo Pontífice, según lo prescrito por la Iglesia para la concesión de indulgencias. La FSSPX sigue creyendo que el mejor servicio que puede prestar a la Iglesia, al Papa y a los obispos consiste precisamente en continuar su labor, con total fidelidad a la fe católica de todos los tiempos.
Valli publica en su Blog la experiencia de un fiel habitual de los Institutos de la Ecclesia Dei: la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro , el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote y el Instituto del Buen Pastor. Se distinguen de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X en la comunión con la Sede de Pedro (comunión sacramental, comunión doctrinal y comunión jerárquica), cuentan con una gran fecundidad pastoral y realizan una peculiar resistencia interna. Estos Institutos « recuerdan al mundo que la Iglesia no es una idea, sino un pueblo de almas que no vive en el futuro [ …]. Ante la adversidad, estos sacerdotes han asumido y siguen asumiendo, aquí y ahora, el objetivo supremo de la salvación de las almas, con pragmatismo, gran caridad pastoral y una perseverancia digna de elogio ». Ellos « dan testimonio de que el servicio a la Iglesia se lleva a cabo con paciencia, perseverancia y humilde obediencia, sin interrupciones. […] Es esta fidelidad silenciosa, más que la oposición, la que deja una huella imborrable en la vida de la Iglesia ».
Los Institutos de la Ecclesia Dei han optado por vivir la Tradición no como una alternativa conflictiva a la comunión eclesial, sino como su expresión integrada, aunque esto ha supuesto, desde el inicio de su institución, una tarea difícil en el marco eclesiológico posterior al Concilio Vaticano II. De esta plena comunión deriva la plena licitud canónica de su ministerio, que ofrece a los fieles la serenidad de recibir los Sacramentos en la Iglesia, sin tener que recurrir a soluciones inciertas y «límite», sino dentro de una estructura plenamente reconocida.
La suya es una elección exigente y complicada, los sacerdotes de estos institutos deben transigir con una jerarquía predominantemente modernista. Su realismo los ha llevado a preferir la paciencia a la protesta, la construcción a la oposición, la fidelidad diaria a las proclamaciones. Una sumisión heroica, una actitud que no nace del miedo, sino de la virtud cardinal de la prudencia, que guía el juicio y la acción según las posibilidades reales del bien en las circunstancias concretas de la vida.
Otra característica de estos Institutos es su notable fecundidad pastoral. La experiencia de estos Institutos demuestra una gran vitalidad: el aumento de las vocaciones, el número de seminaristas, familias y jóvenes involucrados, así como la vitalidad del apostolado y la vida sacramental. Los fieles guiados por los sacerdotes de estos Institutos se centran en su propio camino hacia la santificación, más que en las disputas teológicas; viven al margen de los tonos perpetuamente belicosos y polémicos con Roma. Ante esta tormenta, estos sacerdotes han asumido y siguen asumiendo, aquí y ahora, el objetivo supremo de la salvación de las almas, con pragmatismo, gran caridad pastoral y una perseverancia digna de elogio.
La tercera característica que distingue su postura es una actitud de resistencia interna, conscientes de que las modas teológicas pasan, los pontificados cambian, los tiempos eclesiales se suceden, pero la Tradición perdura. Permanecer dentro de la Iglesia asegura que cuando la jerarquía redescubra la riqueza de su pasado, encontrará hijos fieles dispuestos a restaurar esta esencia vital.
El diablo existe: «un ser vivo y espiritual, pervertido y pervertidor»
El Magisterio de la Iglesia en este punto se muestra sorprendentemente sobrio. El Catecismo de la Iglesia Católica aborda este tema en los números 391-395, dentro de su análisis del pecado original. La doctrina afirma que detrás de la desobediencia de nuestros primeros padres «hay una voz seductora, opuesta a Dios» (CIC 391). La Iglesia enseña que el diablo y otros demonios fueron creados por Dios como buenos por naturaleza, pero se volvieron malos por sí mismos, mediante una elección libre e irrevocable. Esta es la definición del Cuarto Concilio de Letrán (1215), que el Catecismo retoma literalmente: el mal no tiene sustancia propia; no existe un principio maligno coeterno con Dios. El dualismo maniqueo queda radicalmente excluido.
El poder de Satanás «no es infinito» (CCC 395). Es una criatura, poderosa como el espíritu puro, pero criatura al fin y al cabo: no puede impedir la construcción del Reino de Dios. En el n.º 2851, al comentar la última petición del Padrenuestro: el mal del que se busca la liberación no es una abstracción, sino que se refiere a una persona, Satanás, el ángel que se opone a Dios. Quienes descartan la demonología católica como una reliquia medieval deben tener en cuenta que está escrita, en blanco y negro, en el catecismo promulgado por San Juan Pablo II en 1992. El Catecismo aborda el exorcismo en el n.º 1673, distinguiendo cuidadosamente entre el exorcismo mayor —reservado a un sacerdote autorizado por el obispo— y los casos de enfermedad mental, cuyo tratamiento «corresponde a la ciencia médica». Antes de realizar un exorcismo, enseña la Iglesia, es necesario comprobar si el diablo está realmente presente y no se trata de una patología.
El documento magisterial moderno más citado —y más incomprendido— sigue siendo la audiencia general de San Pablo VI del 15 de noviembre de 1972. El 29 de junio de 1972 había pronunciado la famosa frase sobre el «humo de Satanás» que entra en el templo de Dios, dedicó toda una catequesis a la defensa contra el diablo. El mal, afirmó, no es meramente una deficiencia, sino una eficiencia: «un ser vivo y espiritual, pervertido y pervertidor». Una realidad aterradora, misteriosa y espantosa. Y añadió que quien se niegue a reconocer su existencia, o lo convierta en un principio en sí mismo, o lo explique como una pseudorrealidad conceptual de nuestras desgracias, se encuentra fuera del marco de la enseñanza bíblica y eclesiástica.
Fue una respuesta directa al clima teológico de la época. En 1969, el exegeta Herbert Haag había publicado Abschied vom Teufel («Adiós al diablo»), argumentando que Satanás era un simple símbolo del pecado. La respuesta del Magisterio también se produjo por medios doctrinales: en 1975, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el estudio « Fe cristiana y demonología », que reafirmaba la existencia personal del diablo como un hecho constante de la conciencia eclesial, arraigado en las Escrituras —desde las tentaciones de Jesús en el desierto hasta los exorcismos evangélicos— y en la práctica litúrgica, comenzando con las renuncias bautismales. Un documento técnico, rara vez citado, pero que sigue siendo el punto de referencia doctrinal en la materia.
San Juan Pablo II retomó el tema en su catequesis sobre los ángeles en agosto de 1986, dedicando dos audiencias a la caída de los ángeles rebeldes: el pecado de Satanás consiste en el rechazo de la verdad sobre Dios, condensada en el «non serviam». Y en mayo de 1987, en una peregrinación al santuario de San Michele en el Gargano, recordó que la lucha contra el diablo sigue siendo tan relevante hoy como lo fue al principio, porque el diablo aún vive y actúa en el mundo. Fue durante su pontificado, en 1999, cuando se promulgó el nuevo rito de exorcismos, De exorcismis et supplicationibus quibusdam . Este actualizó el Ritual Romano de 1614, reforzando los criterios para discernir entre fenómenos demoníacos y trastornos mentales.
Ya en la década de 1970, siendo profesor, Ratzinger intervino en el debate iniciado por Haag con pasajes mordaces, posteriormente incluidos en Dogma y Predicación : descartar al diablo significa descartar una parte del Evangelio, porque la figura del tentador no es una escoria cultural semítica de la que la fe pueda liberarse sin perderse a sí misma. Para Ratzinger, el diablo no es una «persona» en el sentido pleno de la palabra para hombre, sino más bien la desintegración, la disolución del ser humano, pero un poder real, no un símbolo.
Como Papa, retomó el tema en el primer volumen de Jesús de Nazaret (2007), tanto en el capítulo sobre las tentaciones en el desierto como en el comentario al Padrenuestro. Benedicto XVI señala que la expresión «líbranos del mal» en la petición final puede interpretarse en forma neutra o masculina —mal o Maligno— y que la tradición ha interpretado correctamente esta expresión como una referencia personal: las tentaciones de Jesús revelan a un adversario que no propone el mal de forma burda, sino disfrazado de bien, incluso utilizando argumentos aparentemente bíblicos. Esta es la interpretación de Ratzinger sobre el tema: el diablo como una mentira inteligente, no como folclore.
La última catequesis «ordinaria» de su pontificado —la audiencia general del 13 de febrero de 2013, Miércoles de Ceniza, dos días después del anuncio de su renuncia— está dedicada precisamente a las tentaciones de Jesús en el desierto: la esencia de toda tentación, explicó, es apartar a Dios, explotarlo para beneficio propio, darle al ego el lugar que le corresponde. Benedicto XVI se despidió de los fieles hablando del tentador.
En el poco tiempo de pontificado de León XIV, en septiembre de 2025, dirigiéndose a los exorcistas reunidos en Sacrofano definió el ministerio del exorcista como delicado pero sumamente necesario, que debe vivirse «como un ministerio de liberación y consuelo», acompañando con la oración a los fieles verdaderamente poseídos por el Maligno, para que, mediante el sacramento del exorcismo, el Señor les conceda la victoria sobre Satanás. El Ángelus del primer domingo de Cuaresma, 22 de febrero de 2026, comentó el Evangelio de Jesús tentado por el demonio en el desierto: Cristo, al resistir al demonio, muestra cómo vencer sus engaños y trampas.
El diablo existe, es una criatura espiritual caída por libre albedrío, su poder es real pero limitado, y su derrota quedó sellada en la Pascua de Cristo. La Iglesia nunca ha centrado su predicación en el diablo —el centro es Cristo, «que apareció para destruir las obras del diablo» (1 Juan 3:8)—, pero tampoco ha aceptado la idea de eliminarlo del depósito de la fe para complacer el espíritu de la época. Esta es la tentación de algunos «teólogos». La vida cristiana es una batalla, pero una batalla ya ganada. En tan erróneo predicar un diablo omnipotente como declararlo muerto.
«Bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen».
Buena lectura.