
Al cardenal nos hemos referido recientemente y ahora la toca el turno al simple clérigo que nunca fue santo de mi devoción y atribúyase al dicho el sentido de la conocida frase castellana pues jamás advertí en él el más mínmo atisbo de santidad. Ahora Blázquez y Argüello salen a respaldarle de algún modo. Blázquez generalmente de buena doctrina y más discutible criterio y Argüello con criterio también mejorable.
Si los tribunales nos libraran del cardenal y del presbítero, por impresentables y delincuentes, gran servicio habrían hecho a la Iglesia.
Pues a esperar lo que resulte de los procesos.