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Ya he dejado constancia de la excelente noticia del alta médica del arzobispo de Burgos, Mario Iceta, uno de los mejores prelados españoles en la actualidad.
Ahora quiero hacerme eco de una característica del arzobispo burgalés en su dolencia que aunque naturalmente obligada y evidentemente recomendable, en ocasiones semejantes brillaba por su ausencia. Y es la utilización por el obispo titular de los servicios del obispo emérito en el mejor servicio de la diócesis. Penosos ejemplos, como el caso del obispo de Almería Gómez Cantero y su antecesor o el del arzobispo de Madrid Osoro con quien le precedió, son ilustrativos. Si bien en ambos ejemplos la escasísima relevancia de los segundos y la personalidad más que notable de los antecesores, en el casode Madrid inmensa, hace que pobres hombres crean que el modo de significar su propia irrelevancia sea pretiriendo a quien les precedió. Con lo que lo único que consiguen es poner de relieve su propia irrelevancia.
Con Iceta, de destacada personalidad, no hubo el menor síndrome de complejo de inferioridad y su relación con Fidel Herráez, que le precedió muy dignamente en Burgos constituye acabado ejemplo de como debe ser la relación entre un obispo y su antrcesor.
«Su ausencia de los actos litúrgicos ha sido suplida mayoritariamente por el arzobispo emérito de Burgos, monseñor Fidel Herráez, con quien mantiene una magnífica relación fraternal».
Y eso debería ser ejemplo en las demás diócesis.