Artículo de Bernardino Montejano

IGLESIA Y ESCLAVITUD
Hace años, el Instituto de Filosofía Práctica, con motivo de un
par de afirmaciones del entonces rector de la Universidad Católica, el
arzobispo Víctor Manuel Fernández y del director de la revista
Criterio, José María Poirier, publicó la declaración “Acerca de la Esclavitud”, en
defensa de la verdad histórica y del honor de la Iglesia.
El hoy cardenal Fernández, entonces dijo: “La Iglesia hace
algunos siglos aceptaba pacíficamente la esclavitud y cambió de idea
porque hubo una evolución en la doctrina”, mientras el periodista
sostenía que “La Iglesia convivió durante siglos con el escándalo de la
esclavitud”.
Pero hoy sucede algo mucho más penoso: esto es compartido
por el papa León XIV en su primera encíclica, cuando escribe:
no podemos negar ni minimizar la demora con la que la Iglesia y
la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud… Esta es
una herida en la memoria cristiana que no nos es ajena… en
nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón».
Nuestra tradición arranca con san Pablo, quien en su
Epístola alos Gálatas escribe que “en Cristo… ya no hay judío ni griego, ni libre
ni esclavo, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en
Cristo Jesús” (3, 27/28). Pero acerca del tema, el apóstol tiene un texto explícito: la
epístola a su amigo Filemón a quien le dice: “aunque tendría plena
libertad en Cristo, para ordenarte lo que es justo, prefiero apelar a tu
caridad… te suplico por mi hijo a quien entre cadenas engendré, por
Onésimo, que te remito… acógelo como a mí mismo. Si algo te debe,
ponlo en mi cuenta, yo Pablo te lo pagaré”. El apóstol de los gentiles había bautizado en la cárcel
compartida, aunque por diferentes motivos, con Onésimo, esclavo de
Filemón.
San Pablo saca el tema del campo jurídico y lo coloca en la
órbita de la caridad y como señala con agudeza el teólogo
protestante Emil Brunner “la institución de la esclavitud se disuelve
desde dentro hacia afuera… los cristianos tenían algo mucho más
importante que hacer que protestar contra algo que no podían
modificar y que una lucha abierta contra esa injusticia no habría
conseguido suprimirla sino provocado su aumento” La justicia,
Universidad Nacional Autónoma de México, págs. 134/135)
Esta tradición tiene un hito en los tiempos modernos con el
papa León XIII, quien encuadra perfectamente el tema y que, en
1890, publicó la encíclica “Catholicae Ecclesiae”, en la cual escribe:
«La Iglesia Católica, que acoge a todos los hombres con amor
maternal, desde sus orígenes, …no ha tenido más anhelo que la
abolición y eliminación total de la esclavitud, que sometía a tantos
mortales a un cruel yugo. En efecto, fiel guardiana de la doctrina de
su Fundador… la Iglesia asumió la causa olvidada de los esclavos y
fue la inquebrantable garante de la libertad, aunque, según lo exigían
las circunstancias y los tiempos, se comprometió con su propósito de
manera gradual y moderada. Es decir, procedió con prudencia y
discreción, pidiendo constantemente lo que deseaba en nombre de la
religión, la justicia y la humanidad”.
Excelente el texto de León XIII, que explica y avala latrayectoria de la
Iglesia y que es la culminación de otros documentosque condenaron
a la esclavitud: “Creator omnium” de Eugenio IV
(1434)». “Sublimis Deus” de Pablo III (1537). “Commissum nobis” de
Urbano VIII (1639). “In supremo” de Gregorio XVI(1839).
Siglos de documentos pontificios que desmienten “la demora”
en condenar algo abominable y que se enrolan en la tradición paulina.
Existieron intervenciones oportunas, como la de Pío II en 1462
que la califica como un “gran crimen” y de Paulo III quien, en 1537
excomulga a quienes redujesen a los indios a esclavitud.
En 1218, san Pedro Nolasco funda la Orden de la Merced, para
rescatar a quienes eran esclavos o cautivos de los musulmanes,
intercambiando a veces los propios frailes, su propia vida por la de
aquéllos.
Por todo esto, tenemos legítimo orgullo, que de ningún modo es
soberbia, por la actitud de nuestra Iglesia y de su actuación a lo largo
de la historia, como la de un amigo sacerdote, misionero argentino,
que hoy libera esclavos cristianos a través de su compra en la
República Islámica de Pakistán.
Buenos Aires, junio 2 de 2026.
Bernardino Montejano

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