Cobo exige autorización del arzobispo y dos años de prueba a las nuevas realidades eclesiales de Madrid

La carta pastoral «Somos vidas en camino» advierte contra el «emotivismo» en el primer anuncio y contra el uso de las parroquias «para dominarlas»

Cobo exige autorización del arzobispo y dos años de prueba a las nuevas realidades eclesiales de Madrid
Foto: Archidiócesis de Madrid

El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha publicado la carta pastoral Somos vidas en camino, dedicada a los movimientos, comunidades, métodos y nuevas realidades eclesiales presentes en la archidiócesis. El texto, difundido este 4 de noviembre por Archimadrid, plantea que «se trata de caminar al lado» de estas realidades y fija un procedimiento para que las nuevas iniciativas, métodos de evangelización y eventos puedan desarrollarse en Madrid.

Solicitud al arzobispo y al menos dos años «ad experimentum»

La parte más concreta de la carta figura en su anexo. Según el documento, la solicitud de cualquier nueva realidad se presentará «a la atención del arzobispo», tras lo cual el vicario territorial iniciará un discernimiento eclesial con una comisión ad hoc. Si la valoración es positiva, la iniciativa se desarrollará «ad experimentum», con acompañamiento diocesano, «durante al menos dos años», antes de una eventual aprobación definitiva.

La carta añade que antes de cualquier acción en la archidiócesis debe contarse con «el beneplácito de su arzobispo», exigencia que alcanza también a las iniciativas de origen extradiocesano. El texto apela además a reforzar la coordinación con los arciprestazgos, las vicarías y las delegaciones diocesanas para avanzar hacia una pastoral de conjunto.

Contra el emotivismo y el uso de la parroquia «para dominarla»

Sobre el primer anuncio, Cobo se apoya en la nota doctrinal Cor ad cor loquitur, que subraya que en él «tienen un peso importante las emociones y los sentimientos», y recoge su advertencia frente a un reduccionismo emotivista: «Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien». La carta pide, en este sentido, evitar que la experiencia religiosa se convierta en una sucesión de impactos emocionales sin continuidad en la formación cristiana.

En cuanto a la parroquia, el arzobispo la describe como «comunidad de comunidades» y «familia de familias», y como lugar ordinario de la iniciación cristiana. Pide que las nuevas realidades se inserten en ella, pero «no para rentabilizarla unilateralmente o para dominarla». La participación en el Consejo Pastoral Parroquial y el discernimiento a escala de arciprestazgo son las vías que señala para esa integración.

Formación en la fe «en su integridad»

El documento reclama que «cada realidad carismática» sea un lugar de formación en la fe «en su integridad» y establece que los itinerarios de los movimientos «no pueden ser una alternativa a la catequesis». El texto no cita movimientos concretos y se refiere en términos generales a «movimientos y asociaciones». Tampoco aborda de forma específica la celebración de la misa, aunque define la parroquia como «comunidad eucarística».

Archimadrid acompañó la difusión de la carta con una frase del propio cardenal: «Se trata de caminar al lado de los movimientos, comunidades, métodos y nuevas realidades eclesiales». La carta reconoce que algunas de estas realidades convocan a fieles de distintos puntos de la archidiócesis, lo que plantea dificultades de articulación con las estructuras territoriales, y propone superar el planteamiento excluyente en favor de una unidad que no sea uniformidad.

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