Comunión recíproca en una boda de influencers: un abuso expresamente prohibido por la Iglesia

Comunión recíproca en una boda de influencers: un abuso expresamente prohibido por la Iglesia

La boda de los creadores de contenido Carlos Durán y Zoe Roberta, celebrada el pasado 10 de octubre en la iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, tuvo como celebrante al sacerdote Frankely Rodríguez, según recoge la prensa dominicana. Una ceremonia con proyección en las redes sociales en la que aparece un gesto que merece atención por su significado litúrgico: los esposos dándose mutuamente la comunión ante el celebrante.

La fotografía del momento muestra a ambos acercándose recíprocamente la hostia a la boca, con el sacerdote situado entre ellos.

Una prohibición que menciona precisamente las bodas

La instrucción Redemptionis Sacramentum, publicada en 2004 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, aborda exactamente este supuesto. Su número 94 establece que:

«Debe suprimirse el abuso de que los esposos, en la Misa nupcial, se administren de modo recíproco la sagrada Comunión».

La disposición identifica la práctica como un abuso y ordena eliminarla. Al celebrante le corresponde cuidar que la distribución de la comunión respete esa norma. Precisamente en una boda, donde muchos asistentes pueden tener una relación ocasional con la práctica religiosa, la claridad de los signos adquiere especial importancia.

Una pedagogía que desenfoca la presencia de Cristo

El problema tiene una dimensión catequética evidente. Darse mutuamente la comunión puede presentar la Eucaristía como una prolongación del intercambio de anillos o como otro gesto de afecto entre los recién casados. La atención se desplaza hacia la pareja y el sacramento queda expuesto a ser interpretado como un recurso expresivo de su historia sentimental.

La fe católica confiesa que en la Eucaristía está presente Cristo entero, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad. El Catecismo, en el número 1374, enseña que esa presencia es verdadera, real y sustancial. Esa realidad exige que los gestos de la celebración ayuden a reconocer a quién se recibe.

Desde esa perspectiva, la comunión recíproca constituye una pedagogía desastrosa: introduce una confusión precisamente en el momento que debería expresar con mayor claridad la fe eucarística.

El amor de los esposos encuentra en la Eucaristía alimento para su vida matrimonial. Celebrar esa relación exige mantener el centro de la liturgia en Cristo y enseñar, también con los gestos, la reverencia debida a su presencia.

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