El Papa a las Hermanas de la Caridad: «Tener las raíces en Cristo significa ponerlo solo a Él en el centro de la propia existencia»

El Papa a las Hermanas de la Caridad: «Tener las raíces en Cristo significa ponerlo solo a Él en el centro de la propia existencia»

El papa León XIV recibió este lunes 26 de octubre, en el Palacio Apostólico del Vaticano, a las delegadas del Capítulo General electivo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret. Durante el encuentro, el Pontífice destacó la importancia de mantener a Cristo en el centro de la vida consagrada y de atender tanto las necesidades espirituales como materiales de las personas, especialmente de los más pobres.

El Santo Padre felicitó a la nueva superiora general de la congregación y recordó que el Capítulo General constituye «un contexto privilegiado de acción del Espíritu Santo para el bien del Pueblo de Dios». Asimismo, valoró el discernimiento comunitario realizado por las religiosas durante sus jornadas de trabajo.

«En Cristo las raíces, en el mundo la misión»

León XIV se detuvo especialmente en el lema elegido para el Capítulo General, «En Cristo las raíces, en el mundo la misión», que, según explicó, expresa la esencia de la consagración religiosa y del apostolado de las Hermanas de la Caridad.

Siguiendo el ejemplo de santa Juana Antida Thouret, el Papa señaló que arraigarse en Cristo exige ponerlo en el centro de la existencia y reconocer su presencia en cada momento de la vida. También recordó que la unión con el Señor fortalece la comunión entre las religiosas y su capacidad para servir a los demás.

El Pontífice insistió, además, en la necesidad de atender el bien integral de las personas, tanto espiritual como temporal. Advirtió que la sociedad contemporánea tiende a fragmentar al ser humano, separando a las personas entre sí y provocando divisiones en su propia vida interior.

En este contexto, subrayó que la caridad resulta fundamental para recuperar, promover y respetar auténticamente la dignidad humana, especialmente la de los más necesitados.

Una congregación presente en 32 países

La audiencia tuvo lugar durante el año del bicentenario de la muerte de santa Juana Antida Thouret, fundadora de la congregación. León XIV recordó la fidelidad de la santa al Sucesor de Pedro, incluso cuando esa fidelidad le supuso incomprensiones y renuncias.

El Papa destacó también la expansión de las Hermanas de la Caridad, actualmente presentes en 32 países, donde desarrollan su misión con la colaboración de religiosas, laicos, jóvenes y voluntarios.

Al concluir, animó a las hermanas a continuar generosamente su labor y las encomendó a la intercesión de la Virgen María y de su fundadora.

A continuación, ofrecemos el texto íntegro del saludo del papa León XIV:

 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotras.

Queridas hermanas, ¡bienvenidas!

Os recibo con gran alegría en este momento importante para vuestra Congregación. Saludo a la superiora general elegida, la felicito y la encomiendo al Señor, junto con las hermanas encargadas de aconsejarla y ayudarla en su servicio.

El Capítulo General de una familia religiosa es siempre un contexto privilegiado de acción del Espíritu Santo para el bien del Pueblo de Dios. En los días de gracia que habéis vivido, con una actitud de docilidad a sus inspiraciones, habéis ejercido el discernimiento comunitario, que ya es en sí mismo una experiencia edificante. Los frutos de vuestra escucha —de Dios y entre vosotras— son el don más hermoso que hoy me traéis: como una cesta de primicias que juntas queremos ofrecer al Señor.

Santa Juana Antida Thouret había comprendido muy bien la importancia de este «ofrecer juntas» en la Iglesia, manifestando a lo largo de toda su vida un gran amor y respeto por el Sucesor de Pedro, incluso a costa de afrontar dolorosas incomprensiones y renuncias por el bien y la unidad de las personas que le habían sido confiadas.

Queridas hermanas, es muy hermoso el tema que habéis elegido para vuestros trabajos: «En Cristo las raíces, en el mundo la misión». Describe adecuadamente la esencia de vuestra consagración y de vuestro apostolado. Tener las raíces en Cristo significa, en efecto, siguiendo el ejemplo de santa Juana Antida, ponerlo solo a Él en el centro de la propia existencia y de los propios pensamientos, acostumbrándose a sentir y celebrar su presencia en cada instante, confiando en que, unidos estrechamente a Él, estaremos cada vez más cerca también unos de otros y seremos más capaces de ayudar a los demás según sus designios.

A este respecto, quisiera subrayar otro aspecto importante de la herencia carismática que vuestra santa fundadora os ha dejado: prestar atención al bien integral, espiritual y temporal, del prójimo. Lo recuerdo porque, en una sociedad como la nuestra, que tiende a fragmentar al hombre, dividiendo a las personas no solo entre sí, sino también, y de manera más grave, en su propio interior, esta dimensión de la caridad es fundamental para recuperar, promover y respetar auténticamente la dignidad de cada uno, especialmente de los más pobres y necesitados (cf. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium, 186). Atesoradla, cultivadla y difundidla.

Queridísimas hermanas, en este año del bicentenario del nacimiento al Cielo de la santa Madre Thouret, es consolador constatar cuánto ha bendecido y acompañado el Señor vuestro camino a lo largo del tiempo. Así lo testimonian la riqueza y la variedad de vuestra expansión apostólica, hoy presente en treinta y dos países, en los que mantenéis vivo el «carisma de la Caridad» gracias a la labor de religiosas, laicos, jóvenes, voluntarios y colaboradores de todas las edades y procedencias.

Continuad con generosidad vuestro trabajo: es precioso a los ojos de Dios y de la Iglesia. ¡Gracias por lo que hacéis! Encomendándoos a la intercesión de la Virgen María y de santa Juana Antida, os bendigo de corazón. Gracias.

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