El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado este jueves 22 de octubre Venite ad me («Venid a mí»), un nuevo documento sobre la transmisión de la fe en el que reconoce la importancia de la liturgia, la belleza del culto y las distintas sensibilidades presentes en la tradición católica. El texto, concebido bajo el pontificado de Francisco, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernánde Saraz y aprobado por León XIV, aborda las dificultades de la Iglesia para transmitir el cristianismo a las nuevas generaciones en medio de las transformaciones culturales contemporáneas.
Bajo el título Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época, el documento dedica varios apartados a la familia, la evangelización, las nuevas tecnologías y la formación cristiana. Entre sus propuestas destaca la necesidad de recuperar la centralidad del anuncio de Jesucristo y reconocer el papel de la liturgia como uno de los principales medios de transmisión de la fe.
El Dicasterio pide mostrar la riqueza de la tradición litúrgica
En el número 94, el documento señala que debe prestarse especial atención a que los fieles de todas las diócesis, incluidos quienes se acercan o regresan a la Iglesia, puedan conocer las distintas sensibilidades litúrgicas presentes en la tradición católica.
«Con el debido respeto a las normas litúrgicas actualmente vigentes, los pastores están llamados a poner de relieve la riqueza del patrimonio litúrgico católico», afirma el texto, que menciona como ejemplo la variedad de estilos musicales que forman parte de esa herencia.
El Dicasterio considera que la celebración litúrgica debe conservar la riqueza simbólica de la Iglesia y, al mismo tiempo, resultar comprensible para los fieles. En este sentido, habla de mantener una tensión entre la fidelidad a la tradición y la comprensión del mensaje celebrado.
La reflexión aparece en un apartado que presenta la liturgia como un elemento esencial para la transmisión de la fe, especialmente en una época marcada por la pérdida de referencias religiosas y el debilitamiento de la práctica cristiana.
La liturgia no puede reducirse a una ceremonia exterior
El documento insiste en que la liturgia no debe entenderse como un simple marco ritual de la vida eclesial, sino como un lugar privilegiado de encuentro con Cristo.
Según el Dicasterio, mediante los gestos, las palabras, los silencios y los símbolos, los fieles participan en el misterio celebrado y reciben una fe que ha sido vivida y transmitida por generaciones anteriores.
El texto recupera el principio tradicional lex orandi, lex credendi, que expresa la relación entre la oración de la Iglesia y su fe, y subraya la importancia de formar a los creyentes para comprender el lenguaje litúrgico.
También cita a san Agustín, quien recordó la profunda impresión que le produjeron los himnos y cánticos de la Iglesia, y al teólogo Romano Guardini, que describió su experiencia ante las celebraciones solemnes en la catedral de Monreale, en Sicilia.
A través de este último testimonio, el documento reconoce que existen distintas formas de participación orante, incluida la contemplación silenciosa de los ritos. Guardini destacaba la capacidad de los fieles para acoger lo sagrado mediante la mirada y la contemplación, incluso durante celebraciones prolongadas.
La transmisión de la fe se ha interrumpido en numerosas familias
Más allá de la cuestión litúrgica, Venite ad me aborda la crisis de transmisión de la fe entre generaciones. El Dicasterio recoge la preocupación expresada por León XIV ante la constatación de que, en algunas regiones del mundo, esta transmisión «se ha interrumpido casi por completo».
El texto recuerda que la familia ha sido históricamente el primer ámbito donde los niños recibían la fe cristiana. La oración doméstica, la participación en la misa dominical, las devociones marianas y las celebraciones religiosas formaban parte de una vida cotidiana que permitía transmitir el cristianismo de padres a hijos.
Sin embargo, reconoce que esta continuidad se ha debilitado en numerosos países, especialmente en Occidente. Por ello, plantea la necesidad de recuperar el primer anuncio del Evangelio, dirigido tanto a quienes nunca han conocido a Cristo como a quienes se han alejado de la Iglesia.
Fernández reconoce que el documento no pretende cerrar el debate
En su introducción, el Dicasterio aclara que Venite ad me tiene el carácter de unas «Consideraciones» y no de una nota doctrinal.
Su finalidad es estimular la reflexión eclesial y el compromiso pastoral, examinando distintas perspectivas sobre la transmisión de la fe sin pretender cerrar una cuestión que, según el propio texto, permanece abierta a nuevos análisis.
El documento reconoce expresamente que estas consideraciones no se caracterizan por la precisión terminológica ni por un tratamiento sistemático como el de otros textos doctrinales del Dicasterio, sino que adoptan un estilo más discursivo.
La elaboración comenzó durante el pontificado de Francisco, quien había solicitado una reflexión sobre esta cuestión. Posteriormente, el trabajo continuó bajo León XIV, con aportaciones de numerosas conferencias episcopales.
El texto fue deliberado por el Dicasterio el 24 de junio de 2026 y aprobado por el Papa el 21 de agosto. Está firmado por el prefecto, cardenal Víctor Manuel Fernández, y por el secretario de la Sección Doctrinal, monseñor Armando Matteo.
La piedad popular, el arte y la belleza como caminos de evangelización
El documento también reivindica el valor de la piedad popular y de las expresiones tradicionales de la fe católica. El Dicasterio recuerda que estas prácticas han permitido conservar y transmitir el cristianismo incluso en contextos culturales adversos.
Junto a ellas, destaca el papel del arte, la belleza, la música sacra y el testimonio personal como medios capaces de acercar a las personas al Evangelio.
La reflexión se extiende a los desafíos de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial. Aunque reconoce las nuevas posibilidades de evangelización que ofrecen estos medios, advierte del riesgo de construir una fe adaptada a las preferencias individuales y desvinculada de la enseñanza de la Iglesia.
Venite ad me concluye con una invitación a recuperar el anuncio de Jesucristo como centro de la vida cristiana, evocando la imagen de la luz del cirio pascual que se transmite de una vela a otra durante la Vigilia Pascual, símbolo de la fe recibida y comunicada de generación en generación.