El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comunicó su decisión en un mensaje publicado en Truth Social: emitir la ejecución para que todos la vieran «podría haber sido un fuerte elemento disuasorio» para que el mundo comprobara «cómo trata Estados Unidos a los terroristas y a la escoria como Hasan». Admite, sin embargo, que «muchas personas muy buenas y bienintencionadas preferirían no verlo morir». «Morirá, según lo previsto, fusilado, pero este acto no se retransmitirá», escribió.
Trump precisó que los familiares directos de las víctimas podrán asistir en persona si lo desean. «¡Merecen presenciar la JUSTICIA!», añadió. En el mismo mensaje cargó contra la administración Obama porque el FBI interceptó antes del ataque comunicaciones entre Hasan y el clérigo radical Anwar al-Awlaki sin considerarlas una amenaza.
La ejecución está prevista para el 3 de diciembre en Fort Hood (Texas), el mismo lugar del crimen. Sería la primera ejecución militar en Estados Unidos desde 1961 y la primera por fusilamiento desde la Segunda Guerra Mundial. Hasan aún podría retrasarla con una petición de habeas corpus ante un tribunal civil.
Una semana de idas y venidas
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, aseguró el 8 de octubre en Real America’s Voice que la ejecución sería pública y que los estadounidenses podrían verla. El Pentágono confirmó después que se emitiría en directo. Al día siguiente, Trump dijo a los periodistas que lo había aprobado «absolutamente», aunque también afirmó que la decisión aún estaba pendiente. El vicepresidente JD Vance, converso al catolicismo, puso en duda que la retransmisión llegara a producirse y advirtió de que él no la vería. Legisladores de ambos partidos criticaron el plan.
Hasan, exmayor y psiquiatra del Ejército, mató a 13 personas e hirió a otras 32 el 5 de noviembre de 2009 en un centro de preparación para el despliegue. Entre los fallecidos había una soldado embarazada. Fue condenado a muerte en 2013 por un tribunal militar, ante el que se defendió a sí mismo y reconoció la autoría del ataque.
La respuesta de la Iglesia
El presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, el arzobispo Paul S. Coakley, expresó su conmoción y dolor ante la decisión del Departamento de Guerra. Recordó que «nuestro Dios es el Dios de la vida» y reiteró la oposición de la Iglesia a la pena capital. El arzobispo castrense, Timothy Broglio, advirtió de que la emisión convertiría la muerte del reo en un espectáculo. Pidió además a los militares católicos designados para el pelotón que solicitaran la exención. Los obispos de Texas también condenaron la ejecución y su retransmisión, y el Papa León XIV se pronunció esos días contra la pena de muerte, aunque sin mencionar el caso.
La enseñanza a la que aluden los obispos se apoya en la revisión del número 2267 del Catecismo aprobada por Francisco en 2018. Esa reforma declara la pena de muerte «inadmisible» porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona. La redacción anterior, de 1997, la admitía solo como último recurso para defender vidas humanas. El alcance de ese cambio y su continuidad con el magisterio precedente siguen siendo objeto de debate entre teólogos.