«Misa, confesión y Rosario»: la herencia espiritual del padre Amorth diez años después de su muerte

«Misa, confesión y Rosario»: la herencia espiritual del padre Amorth diez años después de su muerte

Diez años después de la muerte del padre Gabriele Amorth, uno de los exorcistas más conocidos de las últimas décadas, su sobrino Giovanni ha recordado una faceta menos conocida del sacerdote paulino: detrás del hombre que durante años combatió directamente contra la acción del demonio había un sacerdote alegre, profundamente mariano y convencido de que la protección fundamental del cristiano se encontraba en la vida sacramental.

Amorth murió en Roma el 16 de septiembre de 2016, a los 91 años. Con motivo del décimo aniversario, la Sociedad de San Pablo celebró una Misa y un encuentro dedicado a su figura en el santuario de María Reina de los Apóstoles de Roma. En ese contexto, Giovanni Amorth, de 54 años, relató a Famiglia Cristiana sus recuerdos personales y la herencia espiritual recibida de su tío.

«El demonio puede poseer el cuerpo, pero nunca el alma»

Gabriele Amorth fue nombrado exorcista en 1986. Giovanni tenía entonces unos quince años y reconoce que la nueva misión de su tío despertó en él preguntas sobre el demonio, la posesión y la salvación eterna.

Una de ellas era especialmente sencilla y angustiosa: si una persona podía llegar a ser poseída por el demonio, ¿significaba aquello que estaba condenada?

La respuesta de Amorth marcó a su sobrino: «El demonio puede poseer el cuerpo, pero nunca el alma». Una persona afectada por una posesión, le enseñaba, podía permanecer plenamente en gracia de Dios mediante la confesión, la oración, las obras de caridad y los sacramentos. Giovanni asegura que durante los años siguientes acudió muchas veces a su tío para resolver dudas relacionadas con la fe y la acción del mal.

El recuerdo contrasta también con la imagen del exorcista difundida tantas veces por el cine. En familia, Amorth no era un personaje sombrío. Su sobrino lo describe como un hombre «maravilloso, alegre, optimista», aficionado a las bromas y dotado de un carácter especialmente afectuoso.

Cuando hablaban por teléfono, recuerda Giovanni, su tío acostumbraba a animarlo diciéndole que disfrutara de la jornada presente y confiara en que la siguiente sería todavía mejor. Para su familia, su ministerio tampoco era motivo de temor: lo consideraban una misión sacerdotal dirigida a combatir el mal.

Misa, confesión y Rosario

Giovanni convivió especialmente de cerca con su tío entre 2000 y 2004, cuando estudiaba en la Pontificia Universidad Lateranense y se alojaba con frecuencia en la comunidad de la Sociedad de San Pablo. Su habitación estaba frente a la de Amorth: mientras el sacerdote atendía durante el día a quienes acudían a él para los exorcismos, su sobrino asistía a las clases universitarias y ambos se encontraban para comer y cenar.

De esos años conserva sobre todo la enseñanza espiritual del sacerdote. Giovanni resume la herencia de Amorth en dos dimensiones inseparables: sus enseñanzas sobre el ocultismo, el satanismo y la acción del demonio, y su insistencia en los medios ordinarios de la vida cristiana.

Para el conocido exorcista, la respuesta fundamental frente al mal pasaba por permanecer unido a Jesucristo mediante la Santa Misa, la confesión y el Santo Rosario.

Su sobrino recuerda además la intensa devoción mariana de Amorth. El sacerdote rezaba diariamente el Rosario completo —los cuatro grupos de misterios— y había transmitido esa práctica a Giovanni. El propio Amorth lo había consagrado al Corazón Inmaculado de María cuando era niño.

La vida espiritual de Amorth estuvo también estrechamente vinculada a san Pío de Pietrelcina, a quien conoció personalmente y visitó durante 26 años, desde 1942 hasta la muerte del capuchino en 1968. De esa relación nació posteriormente Padre Pío. Breve historia de un santo, obra en la que el exorcista reunió sus recuerdos personales y recorrió la vida de quien definía como su «amadísimo padre espiritual». El libro, publicado en español por Homo Legens, alcanza actualmente su quinta edición.

Diez años después de su muerte, Giovanni asegura que la ausencia de su tío sigue siendo enorme, pero no la vive con tristeza. El recuerdo que conserva del sacerdote no está dominado por los exorcismos que hicieron conocido su nombre en todo el mundo, sino por una convicción que Amorth repitió durante buena parte de su ministerio: frente al mal, la vida sacramental, la oración y la unión con Cristo ocupaban el primer lugar.

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