20 de septiembre de 1870: el día en que Pío IX perdió Roma y comenzó la «Cuestión Romana»

20 de septiembre de 1870: el día en que Pío IX perdió Roma y comenzó la «Cuestión Romana»

El 20 de septiembre de 1870, hace 156 años, las tropas del Reino de Italia abrieron una brecha en la muralla de Roma junto a Porta Pia y entraron en la ciudad. La caída de Roma puso fin al poder temporal que los Papas habían ejercido durante siglos sobre los Estados Pontificios y abrió un conflicto entre la Santa Sede y el nuevo Estado italiano que no quedaría definitivamente resuelto hasta los Pactos de Letrán de 1929.

Aquel episodio, conocido como la toma de Roma o la brecha de Porta Pia, convirtió a Pío IX en el último Papa soberano de los antiguos Estados Pontificios. Para el Pontífice, la anexión no constituía una simple reorganización territorial: consideraba que la independencia temporal de la Santa Sede era una garantía necesaria para ejercer libremente su misión espiritual.

Una resistencia destinada a dejar constancia de la violencia

La unificación italiana había reducido progresivamente los territorios pontificios hasta dejar al Papa prácticamente limitado a Roma y sus alrededores.

La situación cambió definitivamente en 1870. La guerra franco-prusiana obligó a Francia a retirar las tropas que protegían Roma y el Reino de Italia encontró abierta la oportunidad para completar la unificación de la península.

Las tropas italianas llegaron ante Roma en septiembre. Pío IX rechazó entregar voluntariamente la ciudad, pero tampoco quiso que su defensa provocara un derramamiento de sangre prolongado.

El 19 de septiembre escribió al general Hermann Kanzler, comandante de las fuerzas pontificias, ordenándole que la resistencia sirviera únicamente para demostrar que la ocupación se producía por la fuerza y que se negociara la rendición después de los primeros disparos de artillería.

«No se diga jamás que el Vicario de Jesucristo, aunque injustamente atacado, haya consentido en derramamiento alguno de sangre», escribió el Pontífice, según recoge una reconstrucción histórica conservada por L’Osservatore Romano.

La brecha de Porta Pia

En la mañana del 20 de septiembre comenzó el bombardeo de las murallas. La artillería italiana consiguió abrir una brecha cerca de Porta Pia y las tropas entraron en Roma.

La resistencia pontificia cesó poco después, conforme a las instrucciones de Pío IX.

Roma fue incorporada al Reino de Italia y al año siguiente se convirtió formalmente en su capital. Con ello desaparecieron los Estados Pontificios, pero no quedó resuelta la cuestión de la independencia de la Santa Sede.

Pío IX rechazó reconocer la legitimidad de la anexión. En la encíclica Respicientes ea, publicada el 1 de noviembre de aquel año, describió la entrada de las tropas italianas como una ocupación realizada «con la violencia y con las armas» y denunció la pérdida de los territorios que permanecían bajo su autoridad.

La «Cuestión Romana»

Comenzó entonces la denominada Cuestión Romana: el enfrentamiento sobre la posición jurídica y política del Papa dentro del nuevo Estado italiano.

Pío IX y sus sucesores se consideraron privados de la independencia territorial necesaria para ejercer plenamente su soberanía. Durante décadas los Papas permanecieron dentro del Vaticano y rechazaron reconocer la situación creada en 1870, dando origen a la conocida expresión del Pontífice como «prisionero en el Vaticano».

El problema sobrevivió a Pío IX, León XIII, san Pío X y Benedicto XV y llegó hasta el pontificado de Pío XI.

Solo el 11 de febrero de 1929, casi seis décadas después de Porta Pia, la Santa Sede y el Reino de Italia firmaron los Pactos de Letrán. Italia reconoció entonces la soberanía de la Santa Sede sobre el nuevo Estado de la Ciudad del Vaticano.

La pérdida de los extensos Estados Pontificios desembocó así, 59 años después, en una solución territorial muy distinta: un pequeño Estado destinado a garantizar jurídicamente la independencia del Papa respecto de cualquier poder civil.

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