Un pequeño santuario dedicado a la Virgen del Rosario y a Fray Leopoldo, situado en las inmediaciones del Tiro Pichón, en Ceuta, ha sido destrozado en lo que presenta todos los rasgos de un ataque contra un lugar de devoción católica.
Una vecina denunció a El Pueblo de Ceuta el estado en el que encontró el enclave, frecuentado durante años por fieles que dejaban allí imágenes, estampas y otros objetos religiosos. «Se me cortó el cuerpo al comprobar que habían destrozado este pequeño lugar de culto», relató.
No se conoce la identidad de los autores, pero se trata de una zona donde se han asentado masivamente grandes grupos de inmigrantes procedentes de la apertura deliberada de fronteras el pasado mes de julio. El ataque se produce en una Ceuta desbordada tras la entrada masiva de miles de personas desde Marruecos, con asentamientos en calles, playas y montes, problemas de seguridad y una creciente degradación de distintos espacios públicos.
La propia denunciante alertó también de la acumulación de basura y residuos en el entorno y reclamó más vigilancia y limpieza.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una crisis que no es únicamente humanitaria. Ceuta afronta también problemas de convivencia, seguridad y control del territorio, mientras buena parte del discurso institucional y eclesial continúa centrado casi exclusivamente en una «acogida» sin límites que roza el absurdo.
La respuesta de la Iglesia española resulta especialmente confusa cuando reconoce que Ceuta está «desbordada», pero apenas entra en cuestiones como los límites de la acogida, el derecho de los Estados a controlar sus fronteras o la protección de las comunidades receptoras. La doctrina católica obliga a respetar la dignidad del inmigrante, pero no exige ignorar los efectos de una inmigración masiva y descontrolada.
En ese contexto, la destrucción de un lugar dedicado a la Virgen no debería reducirse a un simple acto de vandalismo. Cuando el objetivo es un espacio de oración y sus símbolos religiosos, el componente de odio a la fe no puede descartarse como irrelevante.