Primera Lectura
Hebreos 5, 7-9
Hermanos: Durante su vida mortal, Cristo ofreció oraciones súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Evangelio
Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: «»Mujer, ahí está tu hijo»». Luego dijo al discípulo: «»Ahí está tu madre»». Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.