El obispo auxiliar de Ratisbona, Josef Graf, se ha mostrado dispuesto a admitir la ordenación sacerdotal de hombres casados de probada virtud —los llamados viri probati—, aunque al mismo tiempo ha reconocido que modificar la disciplina del celibato no solucionaría la crisis de vocaciones, cuya verdadera raíz identifica con «la pérdida de la fe».
«Personalmente, creo que la Iglesia podría permitirse los viri probati», afirmó Graf en una entrevista con el periódico de la diócesis italiana de Bolzano-Bressanone.
El celibato no sería para Graf un requisito indispensable
Graf, de 69 años y auxiliar de Ratisbona desde 2015, reconoció expresamente el valor del celibato sacerdotal, al que calificó como una tradición importante y un carisma que ayuda al sacerdote en el ejercicio de su ministerio.
Sin embargo, sostuvo que no lo considera una conditio sine qua non para recibir la ordenación sacerdotal.
Su propuesta supondría mantener el celibato como disciplina general del sacerdocio latino, pero admitir excepciones para determinados candidatos casados.
La Iglesia latina ha conservado durante siglos el celibato como disciplina ordinaria para quienes reciben el presbiterado, aunque existen sacerdotes católicos casados en las Iglesias orientales y excepciones concretas para ministros procedentes de otras confesiones cristianas.
Admite que los viri probati no resolverían la crisis
El prelado, que durante unos 26 años fue director espiritual del seminario de Ratisbona, reconoce que el problema es mucho más profundo que la disciplina del celibato.
Graf mencionó la secularización, el clima contrario a la Iglesia existente en determinados sectores de Alemania y las consecuencias de los escándalos de abusos. Pero terminó identificando una causa fundamental: el retroceso de la fe.
Para ilustrarlo recurrió precisamente a las comunidades protestantes alemanas. En ellas no existe la obligación del celibato y las mujeres pueden acceder al ministerio pastoral y, pese a ello, continúan sufriendo falta de personal y una pérdida sostenida de fieles.
«Se ve que la raíz de los problemas está en otro lugar. Es la pérdida de la fe», reconoció Graf.
De este modo, el propio auxiliar de Ratisbona descarta que la apertura que propone pueda resolver el problema que habitualmente se invoca para justificarla.
No a la ordenación sacerdotal de mujeres
Graf sí cerró la puerta a otra de las principales reivindicaciones del sector reformista de la Iglesia alemana: el sacerdocio femenino.
El auxiliar aseguró que no considera posible ordenar sacerdotes a mujeres y señaló que no se trata solamente de una cuestión de tradición, sino que existen «razones teológicas de mucho peso» contra esa posibilidad.
Para Graf, la recuperación de las vocaciones pasa finalmente por algo anterior a cualquier reforma estructural: que el futuro sacerdote esté verdaderamente «arraigado en Dios» y pueda transmitir de manera creíble la fe.