El cardenal Gerhard Ludwig Müller ha advertido de que la expansión del islam en Europa coincide con una profunda crisis de identidad de un Occidente que está abandonando sus raíces cristianas. «Los musulmanes no respetan un cristianismo débil que se avergüenza de la Cruz y se reduce a una organización caritativa o a un organismo de vigilancia medioambiental», ha afirmado el prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Müller realizó estas consideraciones en una intervención preparada para las Tavole di Assisi 2026, encuentro celebrado los días 5 y 6 de septiembre en Asís, Italia, y organizado por un comité presidido por el exsenador italiano Simone Pillon. Según el texto de la conferencia, al que ha tenido acceso The Catholic Herald, el cardenal abordó conjuntamente la secularización occidental, la expansión del islam y la necesidad de recuperar el carácter misionero del cristianismo.
Una «apostasía interna» en Occidente
El purpurado alemán sostiene que Occidente atraviesa «una crisis de identidad sin precedentes» que no puede explicarse únicamente por amenazas procedentes del exterior.
«El Occidente cristiano ya no está simplemente amenazado por fuerzas externas, sino que está siendo erosionado por una apostasía interna», afirmó.
Müller vincula este proceso con lo que denomina el «triunfo del posthumanismo», una concepción que describe como «una ideología nihilista» que, al pretender emancipar al hombre de Dios, termina destruyendo la propia concepción del ser humano.
A su juicio, esa visión reduce a la persona «a materia manipulable, a un algoritmo entre algoritmos» y termina privándola de su dignidad como criatura hecha «a imagen y semejanza del Creador».
El cardenal considera que a este debilitamiento interno se suma la «vigorosa expansión del islam», precisamente mientras las sociedades occidentales renuncian progresivamente a las convicciones religiosas que históricamente las habían configurado.
«Los musulmanes no respetan un cristianismo débil»
Müller establece una diferencia entre el islam y el Occidente secularizado. El primero, sostiene, «no se avergüenza de Dios, no se avergüenza de la trascendencia», aunque propone «una antropología y una revelación radicalmente diferentes de las del cristianismo».
En ese contexto situó una de las principales advertencias de su intervención:
«Los musulmanes no respetan un cristianismo débil que se avergüenza de la Cruz y se reduce a una organización caritativa o a un organismo de vigilancia medioambiental. Respetan a quienes creen».
Para Müller, el vacío espiritual dejado por la secularización permite que el islam pueda presentarse ante algunos europeos como «una roca sólida», especialmente frente a los intentos contemporáneos de «redefinir la naturaleza humana, el matrimonio, la vida y la muerte».
Sin embargo, rechaza que el islam pueda constituir una respuesta a esa crisis. «La respuesta al nihilismo no es el fundamentalismo, sino Cristo, el Logos encarnado», sostuvo en su intervención.
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San Francisco ante el sultán
Una parte central de la conferencia estuvo dedicada al encuentro de san Francisco de Asís con el sultán al-Malik al-Kamil durante la Quinta Cruzada.
Müller cuestionó las interpretaciones contemporáneas que presentan aquel episodio principalmente como un precedente del diálogo interreligioso o del pacifismo, dejando en segundo plano la intención evangelizadora del santo.
«Una cierta corriente sentimental y relativista ha presentado a san Francisco como un precursor del sincretismo moderno, un profeta del diálogo pacifista como fin en sí mismo, donde todas las religiones son equivalentes y ninguna posee la verdad», afirmó.
El cardenal calificó esa representación como «una falsificación histórica y teológica».
Francisco, sostuvo, no acudió ante el sultán «para inaugurar un salón diplomático ni para confirmarlo en su fe», sino movido por «el amor a las almas y por la certeza inquebrantable de que Jesucristo es el único Salvador de la humanidad».
Las propias Tavole di Assisi habían situado esta interpretación de san Francisco entre los asuntos centrales de su edición de este año, reivindicando el carácter misionero de su encuentro con el gobernante musulmán.
Müller reclama un diálogo que no oculte la identidad cristiana
El prefecto emérito de Doctrina de la Fe sostiene que el diálogo interreligioso no exige al cristiano silenciar aquello que considera verdadero.
«El diálogo interreligioso, si quiere ser auténtico y respetuoso con la dignidad humana, no puede basarse en ocultar la propia identidad», señaló.
Müller vuelve entonces al ejemplo de san Francisco: a su juicio, el santo mostró respeto hacia el sultán precisamente porque le habló abiertamente desde su propia fe y estuvo dispuesto a arriesgar su vida por aquello que anunciaba.
De ahí que considere «crucial» recuperar actualmente aquella disposición misionera. «No solo es válida, sino urgente e indispensable», afirmó.
Para el cardenal, la caridad cristiana hacia quien profesa otra religión no puede separarse del anuncio de aquello que la Iglesia considera verdadero. Por ello, frente a una concepción del diálogo reducida a la convivencia o al entendimiento mutuo, reivindica nuevamente la evangelización y la conversión como elementos propios de la misión de la Iglesia.
«Occidente ha perdido la fe porque ha perdido la razón»
Müller vinculó la secularización con una crisis más amplia de la concepción occidental del hombre.
«Occidente ha perdido su fe porque ha perdido su razón», afirmó.
Según el cardenal, el abandono de la fe cristiana ha ido acompañado por planteamientos que cuestionan categorías fundamentales acerca de la naturaleza humana. Ante ese «vacío espiritual», sostiene, una religión que conserva convicciones firmes puede resultar atractiva para quienes buscan certezas.
Pero Müller descarta que la alternativa se encuentre en «un credo que separa la fe de la razón o que concibe la omnipotencia divina como pura arbitrariedad».
Su propuesta pasa por que Europa vuelva a encontrar «el valor de la misión» y recupere la centralidad de Cristo.
«Occidente se salvará del posthumanismo y no será asimilado por otras religiones si recupera el valor de la misión», sostuvo.
«Fuera de Jesucristo no hay salvación»
El cardenal concluyó reclamando que los cristianos vuelvan a proclamar abiertamente la realeza social de Cristo y la singularidad de la salvación cristiana.
Para Müller, la respuesta tanto al nihilismo occidental como al crecimiento de otras religiones no consiste en reducir las exigencias de la fe, sino en recuperar el anuncio misionero.
En ese contexto reivindicó la afirmación de que «fuera de Jesucristo no hay salvación» y dirigió su llamada no solamente a los musulmanes, sino en primer lugar a los propios cristianos y a una Europa que, según sus palabras, ha renegado de sus raíces.
«Solo si Occidente vuelve a colocar a Dios en el centro, el hombre volverá a ser verdaderamente humano», concluyó.