Giovanni Maria Vian, director de L’Osservatore Romano entre 2007 y 2018, ha defendido abiertamente la inocencia del cardenal Angelo Becciu y ha realizado un duro balance del gobierno de Francisco, cuyo resultado resume con una palabra: «desgobierno». Frente a su valoración crítica del pontificado de Jorge Mario Bergoglio, el historiador y filólogo italiano sostiene que León XIV está gobernando «con calma, pero con decisión» y que ha comenzado a recuperar la confianza en las instituciones permanentes de la Santa Sede.
Vian ha realizado estas declaraciones en una extensa entrevista concedida a Stefano Lorenzetto y publicada este 8 de septiembre por Il Nord Est. En ella aborda su etapa de once años al frente del periódico vaticano, su destitución en 2018, el caso Becciu y los pontificados de Benedicto XVI, Francisco y León XIV.
«No, seguramente inocente»
Preguntado directamente por Lorenzetto si considera culpable al cardenal Becciu, Vian responde: «No, seguramente inocente».
El exdirector de L’Osservatore Romano califica la destitución del purpurado de «verdadero calvario» y sostiene que constituye «un enigma en el que se mezclan aspectos de carácter y celos».
Vian recuerda además que, según le habría contado el propio Becciu, Francisco le dijo después de retirarle sus prerrogativas cardinalicias: «Hay alguien que te quiere mal».
Para Vian, sin embargo, las rivalidades personales no explicarían por sí solas lo ocurrido. El historiador relaciona el caso con el modo de gobernar de Francisco y con su voluntad de reducir el peso de la Secretaría de Estado.
«En este asunto también entra en juego una peculiaridad de Bergoglio: querer demostrar que él no miraba a nadie a la cara. Añádase la voluntad de minimizar la Secretaría de Estado. No es ningún misterio que detestaba la Curia. El caso Becciu sirvió para ese propósito», afirma Vian.
Se trata de la interpretación del antiguo director del periódico vaticano sobre el origen y las consecuencias del caso, no de una conclusión judicial.
Becciu fue condenado en primera instancia en diciembre de 2023 a cinco años y seis meses de prisión por delitos financieros. El cardenal recurrió la sentencia y el procedimiento continúa abierto.
El pasado marzo, la Corte de Apelación vaticana declaró la «nulidad relativa» de la primera instancia por deficiencias procesales y ordenó renovar el debate, además de exigir a la acusación la entrega íntegra de determinada documentación de la investigación. La decisión no equivale, por tanto, a una absolución de Becciu.
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Vian considera que el procedimiento constituye «un entramado complicado y muy criticado desde el punto de vista jurídico» y cita las objeciones planteadas por el cardenal Julián Herranz, jurista y expresidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, en su libro Due papi.
Sobre cómo puede terminar el caso, Vian apunta precisamente a los problemas formales del procedimiento y recuerda una enseñanza de su maestro, el filólogo Manlio Simonetti: «La única manera de hacer saltar un concurso es el vicio de forma».
Francisco: «El resultado, el desgobierno»
La entrevista contiene también una valoración especialmente crítica del pontificado de Francisco.
Vian lo define como un pontificado «con luces y sombras», pero establece una diferencia entre sus primeros años y su última etapa.
«Claro hasta 2018. Después Bergoglio se encerró, por así decirlo, en sí mismo. Tras la muerte de Ratzinger empezó a perder el rumbo», sostiene.
Para el historiador, la presencia de Benedicto XVI habría ejercido durante años una influencia indirecta sobre Francisco. Según su interpretación, Bergoglio «se contenía» porque «reconocía la grandeza del Papa alemán y le tenía devoción», aunque Vian añade: «Creo que no soportaba la comparación».
El problema principal, según el antiguo director de L’Osservatore Romano, estuvo en el gobierno.
«Le habría bastado con gobernar, pero no lo hizo, como tampoco los dos predecesores no italianos después de 1978. No confiaba en nadie. Se apoyaba en colaboradores extravagantes, por decirlo así. Los utilizaba y los apartaba. Resultado: el desgobierno», afirma.
Es, nuevamente, la valoración personal de Vian sobre el funcionamiento de la Santa Sede durante el pontificado anterior.
Santa Marta y el fin de los «filtros institucionales»
Vian vincula esa forma de gobierno con la decisión de Francisco de vivir en la Casa Santa Marta en lugar de instalarse en el Palacio Apostólico.
Para el antiguo director, la cuestión no fue meramente residencial.
«La residencia del Papa en Santa Marta significó la desaparición de los filtros institucionales, probados durante siglos en el Palacio Apostólico», sostiene.
Vian recuerda una frase que, según explica, circulaba entonces entre quienes seguían de cerca la vida vaticana: «Quiso cerrar la corte y no se dio cuenta de que había abierto un patio».
Según la interpretación de Vian, la desaparición de esos filtros favoreció un gobierno más personal y debilitó el papel de las estructuras institucionales de la Curia.
El historiador sitúa en este contexto la figura de Francesca Immacolata Chaouqui, protagonista del caso Vatileaks 2 y posteriormente una de las acusadoras de Becciu. Vian relata que llegó a reunirse con ella en L’Osservatore Romano por petición de «una persona influyente», cuando Chaouqui aseguraba que Francisco estaba en peligro.
«Le respondí: mire, en mi opinión, el Papa no está en absoluto en peligro y, en cualquier caso, sabe defenderse perfectamente solo», recuerda.
Vian considera su nombramiento en la COSEA —la comisión creada para estudiar la organización económico-administrativa de la Santa Sede— como «uno de los aspectos poco claros del gobierno bergogliano».
«Me despidieron en pocos minutos»
La entrevista aborda también la salida de Vian de L’Osservatore Romano en diciembre de 2018, después de once años al frente de la cabecera.
Según relata, Paolo Ruffini, entonces recién llegado al Dicasterio para la Comunicación, acudió una tarde al periódico. Vian pensó que iban a hablar sobre el relanzamiento de L’Osservatore Romano y, de hecho, comenzaron hablando de ello.
«Pero al final soltó: “Había venido aquí para decirte que mañana será nombrado un nuevo director”», recuerda.
Vian asegura que tuvo que preguntar él mismo quién ocuparía su puesto. Su sucesor fue Andrea Monda.
El historiador sostiene que todavía desconoce por qué Francisco decidió sustituirlo. Según cuenta, dos semanas después mantuvo una conversación telefónica de una hora con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin.
«Yo no sabía nada», asegura Vian que le dijo Parolin.
Según su relato, Becciu, que había sido sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, le dijo lo mismo. «Creí a ambos», afirma.
Preguntado por los motivos que pudo tener Francisco para destituirlo, Vian responde: «Lo ignoro».
Recuerda, no obstante, que el propio Bergoglio había dicho anteriormente de él al periodista y escritor argentino Jorge Milia: «Es trabajador, tiene un buen español y no molesta». Vian concluye que alguien debió convencer al Papa de que el relevo era necesario.
«Como Aldo Moro prisionero de las Brigadas Rojas»
Vian recurre también a una comparación provocadora al recordar determinadas normas editoriales que encontró durante su etapa en el diario vaticano.
El historiador explica que estaba obligado a escribir siempre la palabra «Papa» con mayúscula por indicación del entonces secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone.
«Era como Aldo Moro prisionero de las Brigadas Rojas, si parva licet. Pero solo por el léxico», afirma irónicamente.
La comparación, por tanto, se refiere específicamente a esa «prisión» lingüística y no constituye una descripción general de su situación durante los once años al frente de L’Osservatore Romano.
«Los Papas pasan, pero la Curia permanece»
Vian contrapone su crítica a Francisco con una valoración muy favorable de los primeros meses del pontificado de León XIV.
Según el historiador, Prevost ha marcado desde el principio una diferencia sustancial respecto a su predecesor en su relación con la Curia.
«En el Vaticano nunca ocurrirá que se desautorice a un pontífice difunto. León XIV, en clara contracorriente respecto a su predecesor, ha dejado claro desde el principio que “los Papas pasan, pero la Curia permanece”, devolviéndole así la confianza», afirma.
Vian relaciona esta orientación con el nombramiento de Paolo Rudelli como sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, a quien define como «un diplomático de primer nivel, sólido y prudente».
Para el exdirector del periódico vaticano, León XIV estaría recuperando de este modo el papel institucional de la Curia como estructura permanente al servicio del gobierno universal de la Iglesia.
«Ha encontrado un campo minado y lo está desminando»
Preguntado directamente si tiene mucha confianza en León XIV, Vian responde afirmativamente.
«Es el primer Papa no italiano que gobierna. Y lo hace muy bien, con calma, pero con decisión. Ha encontrado un campo minado y lo está desminando con la cautela necesaria», sostiene.
La afirmación parte de la valoración de Vian de que, desde 1978, los pontífices no italianos que precedieron a Prevost no habrían ejercido suficientemente la función de gobierno. Se trata, por tanto, de su juicio personal sobre los últimos pontificados.
En el caso de León XIV, Vian interpreta sus primeras decisiones como una recuperación del equilibrio entre la autoridad personal del Pontífice y las instituciones de la Santa Sede.
«Las puertas del infierno no prevalecerán»
Pese a la dureza de sus críticas y a una destitución cuyos motivos asegura seguir desconociendo, Vian termina la entrevista reafirmando su confianza en la Iglesia.
Al recordar que en su primer editorial como director de L’Osservatore Romano había escrito que «el mal no tendrá la última palabra», Lorenzetto le pregunta si sigue convencido de ello.
«Sí, de lo contrario no habría aceptado dirigir un periódico que lleva en su cabecera el lema Non praevalebunt. Las puertas del infierno no prevalecerán. Nos lo prometió Jesús», responde.