El Papa León XIV ha pedido a los jóvenes de África Occidental que no cedan ante la desesperanza ni desperdicien su juventud en «placeres ficticios y superficialidad», y les ha advertido de que el consumo permanente de contenidos a través de los teléfonos móviles puede terminar dejando «la mente cansada y el corazón vacío».
El Pontífice ha dirigido este martes 8 de septiembre un videomensaje a los participantes en la primera Jornada de la Juventud de África Occidental, que se celebra del 7 al 12 de septiembre en Accra, Ghana. Ante las guerras, conflictos, inseguridad e incertidumbre que afectan a distintos países de la región, León XIV ha asegurado a los jóvenes que no constituyen una «juventud sacrificada» y los ha llamado a convertirse en «constructores de puentes entre pueblos, culturas y religiones».
A continuación, reproducimos íntegramente el videomensaje de León XIV:
Queridos jóvenes, ¡la paz esté con vosotros!
Me alegra unirme a vosotros en esta gozosa ocasión de la primera Jornada de la Juventud de África Occidental. Me congratulo por esta hermosa iniciativa de las Conferencias Episcopales de vuestros países, que han situado a los jóvenes en el centro de sus prioridades pastorales. Estoy convencido de que estos momentos intensos vividos juntos os ayudarán a crecer en la fe y a enriqueceros cada vez más profundamente con valores como el encuentro y la apertura hacia los demás.
En un tiempo en el que tantas crisis parecen oscurecer vuestro horizonte, deseo animaros a seguir adelante sin perder la esperanza. Sé cuánto pueden pesar sobre vuestros hombros la duda, la incertidumbre y, a veces, la inseguridad, y cuánto pueden trastornar vuestros planes para el futuro.
Sin embargo, no sois una juventud sacrificada, como muchos pueden pensar. En la Iglesia-Familia de Dios, ¡vosotros sois el hoy de Dios, el hoy de la Iglesia! Como decía el Papa Benedicto XVI, «sois ricos en cualidades, energías, sueños, esperanzas: ¡recursos que poseéis en abundancia! Vuestra misma edad constituye una gran riqueza no sólo para vosotros, sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo» (Mensaje para la XXV Jornada Mundial de la Juventud, 22 de febrero de 2010).
Uno de los desafíos que afrontáis es caminar juntos para contribuir a realizar un cambio positivo en vuestras sociedades. Caminar juntos significa procurar que nadie sea marginado, aislado, excluido o rechazado. Sed constructores de puentes entre pueblos, culturas y religiones. Debemos comprometernos a vivir como vivió Jesús, nuestro Maestro y Señor, que no excluyó a nadie de su camino. Él reconoció la presencia de Dios en quienes vivían en los márgenes de la sociedad, incluso en aquellos que no pertenecían a su pueblo.
Queridos jóvenes, cuento con vosotros y confío en vosotros; la Iglesia confía en vosotros. Con vuestras palabras y vuestras acciones, dad un mensaje fuerte a nuestro mundo atravesado por guerras y conflictos de toda clase. Sed testigos del amor, de la justicia y de la paz. No sacrifiquéis vuestra juventud, tan preciosa, en el altar de los placeres ficticios y de la superficialidad.
En efecto, «nuestras preguntas más profundas no encuentran escucha ni respuesta en el desplazamiento infinito por nuestros teléfonos móviles, que captura nuestra atención dejando nuestra mente cansada y nuestro corazón vacío. No nos llevarán lejos si las mantenemos encerradas dentro de nosotros o en círculos demasiado estrechos. La realización de nuestros deseos auténticos exige siempre ir más allá de nosotros mismos» (Mensaje para la XL Jornada Mundial de la Juventud, 7 de octubre de 2025).
Os encomiendo a la Virgen María, Reina de la Paz, pensando de manera particular en aquellos de vuestros países que, en ocasiones, afrontan crisis complejas. Que ella interceda ante su Hijo, Jesucristo, por el desarrollo humano integral de vuestras queridas naciones. Sobre vosotros, sobre el clero y sobre todos aquellos que trabajan con los jóvenes, invoco abundantes gracias divinas.
Y ahora os imparto de todo corazón la Bendición:
Que el Señor os conserve siempre en su amor.
El Señor esté con vosotros. Os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.