El obispo de Alcalá de Henares, Antonio Prieto Lucena, ha dedicado su carta pastoral para el curso 2026-2027 a una revisión de la iniciación cristiana ante el avance de la secularización y el debilitamiento de la transmisión de la fe. El prelado advierte de la existencia de numerosos católicos con una identidad cristiana «débil y vulnerable» y plantea una renovación de la catequesis para que la recepción de los sacramentos no termine convirtiéndose en el punto final de la vida eclesial de niños y adolescentes.
La carta, titulada «Si conocieras el don de Dios». Una reflexión sobre la pastoral de la iniciación cristiana, parte del impulso misionero dejado por León XIV durante su visita a España del pasado mes de junio y dedica buena parte de sus páginas a diagnosticar las dificultades que encuentra actualmente la transmisión de la fe.

Católicos con una identidad «débil y vulnerable»
Prieto Lucena sitúa el problema en un contexto europeo marcado por la secularización y la indiferencia religiosa. Aunque reconoce que en los últimos tiempos se habla de cierto «giro católico» y aumenta el número de adultos que solicitan el bautismo, considera que sigue predominando un «enfriamiento religioso» que afecta al conjunto de la vida cristiana.
«Tenemos un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser la sal de la tierra, con una identidad cristiana débil y vulnerable», escribe el obispo, que relaciona esta situación con el hecho de que cada vez más padres no soliciten el bautismo para sus hijos.
El prelado se detiene especialmente en la manera en que algunas familias afrontan la Primera Comunión y otros sacramentos. A su juicio, en numerosas ocasiones «no se viven como verdaderos encuentros con Cristo, sino como meros actos familiares y sociales», en los que la atención de los niños queda desplazada hacia los vestidos, los regalos y la celebración posterior.
Prieto señala incluso que existen familias que se endeudan para organizar fiestas por encima de sus posibilidades y advierte de una mentalidad en la que se busca recibir el sacramento «con la menor inversión de tiempo posible y con el mínimo compromiso». Tras la celebración, añade, «todo se acaba, como una etapa de la vida que ya se ha cubierto en espera de la siguiente».
Recogiendo una expresión utilizada por Francisco para referirse a la falta de perseverancia después de la Confirmación, la carta recuerda la imagen del «sacramento del adiós». También cita la «operación rescate» de la Primera Comunión propuesta por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, para devolver a esta celebración su dimensión propiamente cristiana frente al predominio de sus aspectos externos.
«La discusión gira en torno a la definición de hombre»
La carta amplía el diagnóstico más allá de la secularización. Prieto Lucena aborda lo que denomina «la disolución de lo humano» y señala entre los desafíos contemporáneos el cientificismo, el posthumanismo, el transhumanismo, el metaverso, la inteligencia artificial y la cultura de la cancelación.
El obispo sostiene que actualmente se ponen en cuestión realidades antropológicas que durante siglos habían sido consideradas constantes, entre ellas «la forma corporal recibida, marcada por la diferencia hombre-mujer». A ello suma una cultura que, según escribe, pretende borrar «incluso la memoria más honda grabada en nuestra carne, que es la diferencia sexual».
Prieto recoge en este punto una comparación de las grandes crisis doctrinales del cristianismo: el arrianismo habría puesto en discusión la divinidad de Cristo; la Reforma protestante, la Iglesia; mientras que «en nuestros días, la discusión gira en torno a la definición de hombre».
Ante este escenario, considera que la catequesis debe mostrar cómo «el misterio de Cristo sigue iluminando el misterio del hombre, impidiendo su disolución».
Crítica al inmanentismo y a la «ritualización» de los sacramentos
Prieto Lucena dedica además un apartado a algunas derivas de la catequesis surgidas en el periodo posterior al Concilio Vaticano II. En concreto, sostiene que las llamadas «Catequesis de la experiencia», pese a partir de la intención de relacionar el mensaje cristiano con la experiencia humana, «acabaron derivando hacia un inmanentismo» que terminó por difuminar «el fundamento mismo de la catequesis, que es el don gratuito de Dios».
El obispo advierte de que una excesiva concentración en la experiencia subjetiva puede conducir también a infravalorar la liturgia y los sacramentos, desplazando el acento desde la acción de Dios hacia la experiencia de la comunidad y haciendo que los sacramentos pierdan su «carácter de misterio».
Pero alerta igualmente del error contrario: la «ritualización de los sacramentos», que consiste en insistir en su eficacia objetiva hasta descuidar las disposiciones de quien los recibe, especialmente la fe y la conversión. «Los sacramentos no son meros ritos, ni meros actos sacerdotales», recuerda.
Los Grupos Frassati, una propuesta desde la poscomunión hasta la mayoría de edad
Frente a este diagnóstico, Prieto Lucena presenta como una de las principales propuestas pastorales del nuevo curso los Grupos parroquiales Frassati, creados en la diócesis para ofrecer un itinerario unitario de formación desde la poscomunión hasta la mayoría de edad.
La iniciativa toma su nombre de san Pier Giorgio Frassati y utiliza la imagen de la ascensión a la montaña como hilo conductor de la formación espiritual. El itinerario se divide en cinco etapas —Moriah, Horeb, Sión, Tabor y Gólgota— correspondientes a diferentes edades, desde 4.º de Primaria hasta 2.º de Bachillerato. La formación aborda progresivamente la amistad con Cristo, la conciencia moral, la santidad, la vocación, las relaciones afectivas, la sexualidad y las decisiones propias de la entrada en la vida adulta.
El objetivo es que el joven no termine el proceso simplemente habiendo recibido una formación doctrinal, sino arraigado «en la Palabra de Dios, alimentado por los sacramentos y sostenido por la comunidad eclesial», capaz de discernir su vocación y asumir conscientemente su lugar en la Iglesia.
La propuesta se completa con una llamada a reconstruir la alianza entre familia, escuela católica, parroquia y movimientos eclesiales. Prieto recuerda especialmente la responsabilidad de los padres en la transmisión de la fe y sostiene que, sin su participación, las demás formas de catequesis difícilmente pueden producir los frutos esperados.
Al concluir la carta, el obispo complutense explica que el propósito de este nuevo impulso es precisamente conseguir que la Primera Comunión y la Confirmación no terminen siendo «los sacramentos del adiós», sino etapas dentro de una vida cristiana que continúe hasta la edad adulta.