Los obispos alemanes difunden la tesis de que Cristo bebía y perdía el control

Los obispos alemanes difunden la tesis de que Cristo bebía y perdía el control

La Iglesia católica en Alemania sostiene, con dinero del impuesto eclesiástico, una agencia de noticias, un portal oficial y una emisora arzobispal. Entre el 2 y el 3 de septiembre las tres han difundido, sin una palabra de reserva teológica, la tesis de que Jesucristo tenía inclinación al alcohol, un trastorno de los impulsos y la costumbre de confundir enfermedades psíquicas con demonios. Ninguna de las tres ha considerado necesario recordar a sus lectores qué enseña sobre Cristo la Iglesia que les paga el sueldo.

El texto lo publicó katholisch.de el 2 de septiembre a las 14:45 bajo el titular «Expertos: muchas figuras bíblicas muestran anomalías psíquicas» y el subtítulo, con interrogante, «¿Jesús con tendencia al alcohol y trastorno de los impulsos?». El portal se presenta como la web de la Iglesia católica en Alemania, lo edita una sociedad cuyo accionista es la Asociación de Diócesis Alemanas y lista a la Conferencia Episcopal como socio. La pieza resume una entrevista en Christ & Welt, suplemento religioso del semanario Die Zeit, con el matrimonio Paganini: Simone, catedrático de Teología Bíblica en la RWTH de Aquisgrán, y Claudia, filósofa, psicoterapeuta y profesora de Ética de los Medios en la Hochschule für Philosophie de Múnich. Promocionan un libro, Zwischen Wahn und Weisheit («Entre delirio y sabiduría»), aparecido el 29 de abril en Gütersloher Verlagshaus, editorial protestante del grupo Penguin Random House.

El método consiste en aplicar diagnósticos psiquiátricos a personajes bíblicos. Moisés padece depresión porque tras vencer a Egipto no consigue alegrarse. Job presenta un trastorno obsesivo-compulsivo porque ofrece sacrificios preventivos por sus hijos. Y Jesús, según reproduce katholisch.de en estilo indirecto, «es descrito en la Biblia con una inclinación al alcohol», mientras que «su reacción ante los comerciantes de ganado en el Templo permite inferir un trastorno de los impulsos». Simone Paganini lo explica así: «Jesús es el que dice: si alguien te golpea, pon también la otra mejilla. Y luego entra en el Templo, se disgusta con los comerciantes de ganado, y paf, se desata». En la versión que Domradio, la emisora del Arzobispado de Colonia, publicó hoy a partir del teletipo de KNA, la cita continúa: «Empieza a golpear a la gente, a echar a los animales y a volcar mesas». Domradio añade, sin comentario, que los propios autores bíblicos describen a Dios «a menudo como imprevisible, narcisista y con falta de control de impulsos». Los siete demonios expulsados de María Magdalena eran, «probablemente», enfermedades psíquicas.

Ninguna de estas afirmaciones resiste la lectura del texto que dice interpretar. Que Jesús tuviera inclinación al alcohol no lo dice la Biblia: lo dicen sus adversarios. Lucas 7,34 recoge el reproche de los fariseos, «comilón y bebedor», como acusación que el propio evangelista presenta como calumnia, en paralelo a la que hacían a Juan Bautista de tener un demonio. Convertir el insulto de los acusadores en descripción bíblica del acusado es un error de método que un estudiante de primer curso de exégesis no cometería. Que Jesús «golpeara a la gente» en el Templo no aparece en ninguno de los cuatro relatos: Juan 2,15 dice que hizo un látigo de cuerdas, expulsó a las ovejas y los bueyes, desparramó las monedas y volcó las mesas; los discípulos recuerdan el salmo, «el celo de tu casa me devora». El episodio es, en los cuatro evangelistas, un acto deliberado con significado profético, no un arrebato.

La doctrina católica sobre este punto no admite ambigüedad. Cristo, dice la Carta a los Hebreos, fue probado en todo como nosotros, «excepto en el pecado». El Concilio de Constantinopla III definió que su voluntad humana estaba perfectamente sometida a la divina. Santo Tomás enseña que Cristo asumió los defectos comunes de la naturaleza humana, el hambre, la fatiga, la muerte, pero no los que nacen de culpa personal ni los incompatibles con la plenitud de gracia y ciencia; sus pasiones eran, en el vocabulario de la escuela, propasiones plenamente ordenadas por la razón. Un trastorno de los impulsos es, por definición, una pasión que escapa al control racional. Atribuírselo a Cristo no es una lectura audaz: es la negación de lo que la Iglesia define sobre la humanidad del Verbo encarnado. Ni katholisch.de ni Domradio dedican una línea a recordarlo.

Los Paganini se cubren con el argumento antiestigma: la Biblia, dicen, no estigmatiza a los enfermos psíquicos y muchos de ellos son «portadores de esperanza» en la historia de la salvación. Es una tesis defendible sobre Saúl, Elías o Jeremías. Aplicada a Cristo, funciona al revés: no dignifica al enfermo, rebaja al Redentor a la condición de paciente. Y el matiz que los propios autores introducen, «no encontramos informes de anamnesis en la Biblia», no impide que el portal episcopal coloque el diagnóstico de Jesús en el titular.

Lo relevante no es que dos profesores publiquen un libro de divulgación con tesis temerarias en una editorial luterana. Lo relevante es el circuito. La entrevista aparece en un semanario laico. La recoge KNA, agencia propiedad de las diócesis alemanas. La publica katholisch.de, portal oficial financiado por las diócesis con la Conferencia Episcopal como socio. La retransmite Domradio, emisora del arzobispado más rico del país. En cada estación había un redactor católico, pagado por la Iglesia, con capacidad de añadir una frase, una sola, del tipo «la doctrina católica sostiene que Cristo estuvo libre de todo desorden». Ninguno lo hizo. Veinticuatro horas después, ningún obispo alemán ha pedido una rectificación ni ha dicho una palabra.

Este es el mismo aparato mediático que durante años ha exigido a Roma la revisión del magisterio sobre la moral sexual, la ordenación de mujeres y la estructura sinodal de la Iglesia, y que ha presentado esas exigencias como fruto de una teología alemana especialmente rigurosa. La misma estructura, con el mismo dinero y los mismos redactores, distribuye hoy sin filtro que Jesús bebía, que perdía el control y que Dios es un narcisista. No hace falta atribuir intención a nadie. Basta constatar la consecuencia funcional: en la Iglesia alemana, el único contenido que no pasa ningún control editorial es la cristología.

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