Más de seis décadas después de la aprobación de Sacrosanctum Concilium y de la reforma litúrgica que siguió al Concilio Vaticano II, el arzobispo de Catanzaro-Squillace, Claudio Maniago, presidente de la Comisión Episcopal para la Liturgia de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), ha reconocido que «todavía no sabemos celebrar de manera que hagamos emerger el esplendor de la liturgia».
Maniago realizó esta constatación al término de la 76.ª Semana Litúrgica Nacional, celebrada del 24 al 27 de agosto en Catania, Sicilia, bajo el lema «Una Iglesia que genera. Liturgia e iniciación cristiana». El prelado, que preside también el Centro de Acción Litúrgica (CAL), fue el encargado de cerrar cuatro días de trabajos dedicados a examinar la relación entre la liturgia y la transmisión de la fe.
«Todavía no sabemos celebrar»
En su intervención conclusiva, Maniago situó el balance de las jornadas bajo la categoría del «asombro», retomando uno de los conceptos centrales de la carta apostólica Desiderio desideravi de Francisco.
«Creo que la reflexión y también la evaluación de esta semana deben hacerse a la luz de una categoría importante para la liturgia, que es el asombro, que consiste en darse cuenta y tomar conciencia, y así poder, con mayor razón, implicarse y participar», afirmó, según la crónica publicada por la Archidiócesis de Catania.
Fue en su reflexión sobre la manera de celebrar donde Maniago reconoció que sigue existiendo un camino pendiente: «Todavía no sabemos celebrar de manera que hagamos emerger el esplendor de la liturgia».
La afirmación adquiere especial relieve por el cargo que ocupa el prelado y por el contexto en el que fue pronunciada. Maniago no sólo dirige el Centro de Acción Litúrgica, organizador de la Semana Litúrgica Nacional, sino que preside la comisión de la CEI encargada específicamente de esta materia.
Sus palabras llegan más de 60 años después de la promulgación de Sacrosanctum Concilium, aprobada por el Concilio Vaticano II el 4 de diciembre de 1963. La constitución conciliar estableció los principios que posteriormente dieron lugar a la reforma de los libros y de la celebración litúrgica.
León XIV y la formación litúrgica
Precisamente un día antes de la clausura del encuentro de Catania, León XIV había dedicado su audiencia general del 26 de agosto a las motivaciones de la reforma litúrgica promovida por el Vaticano II.
El Papa defendió entonces que la reforma se sitúa «en el surco de la tradición viva de la Iglesia» y recordó que su correcta comprensión permite rechazar los abusos surgidos durante el periodo posconciliar que, advirtió, «por desgracia, a veces todavía hoy se verifican».
León XIV pidió especialmente a obispos y sacerdotes «custodiar y promover» una liturgia que respete las normas y «resplandezca por su noble sencillez».
El Pontífice estuvo también presente, a través de un mensaje, en la Semana Litúrgica Nacional. Según explicó la Archidiócesis de Catania, el saludo y la bendición papal fueron transmitidos a los participantes por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin.
Maniago interpretó ese mensaje como un respaldo al trabajo que se desarrolla en este ámbito. Para el arzobispo, las palabras del Papa fueron un gesto de «aliento y bendición» y, sobre todo, una «confirmación de la importancia del camino que estamos haciendo a nivel de formación litúrgica».
El presidente del CAL señaló que las jornadas habían permitido poner de manifiesto las «dificultades y fatigas» existentes en la pastoral, pero también sus posibilidades y perspectivas. «Aquí nunca se dan soluciones, sino estímulos, indicaciones, caminos sobre los que trabajar en las Iglesias locales», explicó.
Un «repensamiento serio» de la iniciación cristiana
Buena parte de los trabajos estuvo dedicada a la iniciación cristiana y a las dificultades para transmitir la fe en el contexto actual. Maniago descartó que la respuesta pueda limitarse a modificaciones superficiales y reclamó un «repensamiento serio» de la manera en que las comunidades cristianas acompañan a quienes se acercan a la fe.
El arzobispo rechazó expresamente limitarse a un «lifting para arreglar alguna arruga» y defendió una revisión más profunda. En este sentido, planteó que las reflexiones surgidas durante la Semana Litúrgica lleguen también al camino sinodal de las Iglesias en Italia y a los trabajos de la Conferencia Episcopal Italiana.
La cuestión fue abordada asimismo por Giuliano Zanchi, profesor de la Universidad Católica de Milán, encargado de una de las reflexiones conclusivas. El teólogo defendió superar una concepción de la iniciación cristiana estrechamente ligada a la infancia y al modelo escolar.
«Es toda la comunidad la que es iniciática», sostuvo Zanchi, para quien corresponde a la comunidad cristiana hacer posible que quienes lo deseen, «grandes o pequeños», puedan encontrarse con Jesucristo.
Por su parte, el secretario del Centro de Acción Litúrgica, Mauro Dibenedetto, calificó las intervenciones de las jornadas como «intensas y provocadoras» y señaló que el trabajo deberá continuar posteriormente en las diócesis y parroquias.
La próxima Semana Litúrgica será en Albano
La Semana Litúrgica contó también con la participación del secretario general de la CEI, Giuseppe Baturi, y del secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Vittorio Francesco Viola, quien presidió la Eucaristía de la última jornada.
Antes de concluir los trabajos, Maniago pidió a los asistentes que no dejaran perder las reflexiones surgidas durante los cuatro días de encuentro y que las trasladaran a sus respectivas Iglesias locales.
La 77.ª Semana Litúrgica Nacional se celebrará del 23 al 26 de agosto de 2027 en la diócesis de Albano, en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo.