El sacerdote francés Matthieu Raffray, miembro del Instituto del Buen Pastor (IBP), ha lamentado el trato que reciben algunos fieles vinculados a la liturgia tradicional y ha advertido a los obispos contra el riesgo de alejar a una generación de jóvenes que, según constata en su apostolado, se acerca a la Iglesia buscando precisamente «lo sagrado» y una transmisión clara de la doctrina católica.
«No entienden absolutamente por qué quienes la aprecian son tratados como católicos de segunda categoría, como personas poco recomendables apenas toleradas», afirma Raffray en una entrevista concedida a Tribune Chrétienne con motivo del vigésimo aniversario del Instituto del Buen Pastor, que se celebrará el próximo 5 de septiembre en Courtalain, en el departamento francés de Eure y Loir.
Raffray sostiene que buena parte de los jóvenes que descubre hoy la Misa tradicional permanece ajena a las disputas eclesiales de las últimas décadas. «Todos los jóvenes que encuentro, que se vuelven hacia la fe, son indiferentes a estas batallas de retaguardia que no comprenden», explica. Cuando asisten a la liturgia tradicional, añade, «muchos la encuentran muy bella y aman lo sagrado que allí está manifiestamente presente».
Para el sacerdote, esta realidad ayuda a explicar la vitalidad que mantienen las comunidades tradicionales: «Los jóvenes buscan lo sagrado, la ritualidad, aquello que santificó a las generaciones y a los siglos pasados».
De ahí su advertencia a los pastores: «No habría que permitir que algunos obispos, por ideología, se separen de estas almas que tienen sed de Dios y las rechacen por bloqueos incomprensibles».
Confía en la prudencia de León XIV
Raffray se muestra, sin embargo, prudente respecto a la posibilidad de que León XIV modifique próximamente la disciplina establecida durante el pontificado de Francisco para la celebración de la Misa tradicional.
Frente a quienes esperaban una decisión rápida del nuevo Pontífice, considera que estudiar detenidamente la situación puede resultar beneficioso. «Pienso, al contrario, que el tiempo largo es garantía de prudencia. El Papa se toma su tiempo sobre esta cuestión y hace bien, porque el problema es muy complejo», afirma.
Recuerda que las circunstancias no son idénticas para las comunidades tradicionales, los sacerdotes diocesanos, los monasterios y el clero secular, por lo que considera inconveniente intentar resolverlas mediante una disposición precipitada.
Su aspiración, explica, va más allá de una cuestión estrictamente jurídica: «Para mí, la cuestión principal es volver a poner la Tradición —la ritualidad y la sacralidad de sus ritos, su exigencia doctrinal y su sabiduría pastoral— en el centro y al servicio de toda la Iglesia».
Raffray asegura también que algunos obispos franceses han mantenido una actitud favorable hacia estos fieles y que otros han flexibilizado recientemente determinadas restricciones, permitiendo de nuevo, por ejemplo, matrimonios o bautizos según el rito tradicional. «Desgraciadamente, otros están un poco encarnizados y no se comprende muy bien por qué», añade.
Una generación que busca respuestas claras
El sacerdote vincula el interés por la liturgia tradicional con un fenómeno más amplio que observa entre los jóvenes a través de su actividad pastoral y de su presencia en las redes sociales.
A su juicio, existe «un verdadero deseo» de recibir formación y escuchar una presentación de la fe que responda directamente a las preguntas contemporáneas. «Los jóvenes buscan una enseñanza y una afirmación de la fe que no tenga miedo de su propia sombra y que responda con franqueza, sin rodeos, a sus preguntas».
Raffray considera que esta búsqueda puede comenzar por caminos muy diferentes. Algunos jóvenes se acercan a la Iglesia después de una pérdida familiar o una crisis personal; otros lo hacen atraídos inicialmente por «la historia de la Francia cristiana, sus valores y su identidad cristiana».
Ante las críticas que califican a estos últimos de católicos «identitarios», Raffray reconoce que pueden existir excesos que requieran acompañamiento y corrección, pero rechaza descalificar por ello su acercamiento a la fe.
«Todos estos caminos deben ser acogidos y respetados: no hay un camino que valga más que otro para conducir a Cristo», afirma.
El Instituto del Buen Pastor cumple 20 años
Las declaraciones llegan cuando el Instituto del Buen Pastor se dispone a celebrar dos décadas desde su erección canónica en 2006. La comunidad nació con cinco sacerdotes fundadores —Philippe Laguérie, Paul Aulagnier, Guillaume de Tanoüarn, Christophe Héry y Henri Forestier— y con el respaldo de Benedicto XVI.
Raffray resume aquella iniciativa en la posibilidad de ser «tradicional de pleno derecho dentro de la Iglesia», conservando íntegramente el apego a la liturgia y las formas pastorales tradicionales sin que ello pusiera en cuestión la pertenencia a la Iglesia católica.
Dos décadas después, el instituto cuenta, según las cifras aportadas por Raffray, con 65 sacerdotes presentes en doce países. Su seminario Saint-Vincent-de-Paul de Courtalain tiene actualmente 45 seminaristas de diez nacionalidades y espera recibir otros veinte a comienzos de octubre, cinco de ellos franceses.
El vigésimo aniversario se celebrará el sábado 5 de septiembre en Courtalain con una Misa solemne en la iglesia de Saint-Jean-Baptiste, conferencias y actividades familiares. Posteriormente está previsto un Te Deum en Roma al que, según Raffray, asistirán varios cardenales y obispos.
La celebración francesa tendrá lugar tres semanas antes del viaje apostólico de León XIV al país. Raffray ha animado a los jóvenes vinculados a la tradición litúrgica a acudir al encuentro del Pontífice y espera que su visita contribuya a reducir las tensiones existentes.
«Espero también que apoye, aunque sea discretamente, a todos los que aman la liturgia tradicional, para que terminen finalmente en Francia estas divisiones, que demasiado a menudo son sufrimientos inútiles y obstáculos para la misión», concluye.