Los sinodalitas hispanos siguen la estela de Alemania: proponen que los laicos indiquen al sacerdote qué debe predicar

Los sinodalitas hispanos siguen la estela de Alemania: proponen que los laicos indiquen al sacerdote qué debe predicar

Dos meses después de que el Dicasterio para el Culto Divino cerrara la puerta a la predicación de laicos en la Misa solicitada por los obispos alemanes, la revista Vida Nueva —editada por PPC y con amplia implantación en la estructura oficial de la Iglesia en España— publica una tribuna que propone trasladar la elaboración de la homilía a un «Consejo Litúrgico Parroquial» coordinado por laicos. La autora reconoce de entrada que deja «de lado» los argumentos de Roma.

La tribuna, titulada «Homilías sinodales» y publicada el pasado 19 de agosto, lleva la firma de la teóloga argentina Carolina Bacher Martínez y ha sido además difundida en redes sociales por Rafael Luciani, teólogo venezolano, perito de la Secretaría General del Sínodo y asesor del CELAM y de la CLAR.

El «no» de Roma que la tribuna decide esquivar

El contexto es conocido. El pasado 30 de marzo, la Conferencia Episcopal Alemana —haciendo suya una resolución del Camino Sinodal— solicitó a Roma un indulto para que laicos con formación teológica pudieran predicar en la Eucaristía en «circunstancias excepcionales». La respuesta del Dicasterio para el Culto Divino, firmada por el cardenal Arthur Roche y dirigida a Mons. Heiner Wilmer el 17 de junio, fue inequívoca: la reserva de la homilía al sacerdote o al diácono (can. 767 § 1) «no es una norma meramente disciplinar, sino que deriva de la propia naturaleza de la liturgia», y por tanto no admite dispensa alguna. La homilía, recordaba Roma, es ejercicio del munus docendi confiado a los ministros ordenados por el sacramento del Orden, y ni una mejor preparación teológica ni mayores dotes comunicativas de los laicos justifican delegársela. El Dicasterio rechazó incluso el subterfugio terminológico propuesto por los alemanes —distinguir entre «homilía» y una «predicación» laical situada tras el Evangelio— por coincidir sustancialmente con la homilía misma.

Pese a la contundencia de la negativa, en Alemania la cuestión no se dio por zanjada: diversas declsraciones recientes de obispos germanos apuntan a una actitud de insumisión explícita respecto a este mandato de Roma.

La propuesta: el sacerdote pronuncia, la comunidad elabora

Es en este escenario donde aparece la tribuna de Vida Nueva. Su autora declara expresamente que la reflexión «dejará de lado dicho intercambio y los fundamentos que lo sustentan». Es decir: no discute los argumentos de Roma, simplemente los aparta para «imaginar qué pasos son posibles de dar» en aplicación del Documento Final del Sínodo sobre la sinodalidad.

La propuesta concreta consiste en reconfigurar el habitual grupo de liturgia parroquial como «Consejo Litúrgico Parroquial» que, «presidido por presbítero o diácono», asuma como tarea central «el discernimiento comunitario orante de los textos bíblicos» de cara a la homilía, ya sea diaria, dominical o de fiestas señaladas. El texto habla de «homilías en corresponsabilidad diferenciada», pide priorizar la presencia de mujeres y jóvenes en estos consejos, y sugiere encomendar la «coordinación del espacio» a «teólogas o teólogos laicos, religiosas o religiosos, o ministros laicos», articulando «el rol de presidencia con el de coordinación». Todo ello trufado de citas del Documento Final (DF 67, 103, 106, 142 y 144).

La fórmula intenta esquivar la letra del canon 767: sería el ministro ordenado quien pronunciase la homilía. Pero su elaboración —el discernimiento, el contenido, la orientación— pasaría a un órgano comunitario coordinado por laicos. Justo lo que la carta del cardenal Roche excluía cuando recordaba que, para el sacerdote, «la preparación y la proclamación de la homilía constituyen una parte integrante de su ministerio sacerdotal y de su espiritualidad, y no pueden separarse de los mismos». Lo que Roma negó por la puerta a Berlín se propone ahora hacer entrar por la ventana de la «sinodalidad», con el sacerdote reducido, en la práctica, a portavoz de lo discernido por un consejo.

Quién es Vida Nueva

Vida Nueva no es un medio marginal ni ajeno a las estructuras eclesiales. Fundada en 1958, la revista es editada por PPC, la editorial religiosa del Grupo SM —obra vinculada a los religiosos marianistas—, y goza de amplia implantación en el circuito eclesial español: se distribuye en diócesis, parroquias y comunidades religiosas, sus premios y eventos cuentan habitualmente con la participación de obispos y cardenales, y sus páginas acogen con regularidad firmas del episcopado y de la curia. Es, en suma, un medio que vive dentro del perímetro de la Iglesia oficial en España, aunque con una línea editorial claramente identificada con el ala progresista y con el máximo entusiasmo hacia el proceso sinodal. Que sea precisamente esta cabecera, y no un boletín contestatario, la que publique una propuesta que sortea una negativa expresa y reciente de la Santa Sede, da relevancia al gesto y sitúa al sinodalismo hispano tras alemania en la carrera por desmantelar el sacerdocio y la Misa.

Quién es la autora

Carolina Bacher Martínez es laica, doctora en Teología Pastoral por la Universidad Católica Argentina, donde ejerce como profesora asociada en el ciclo de posgrado. Su tesis doctoral fue dirigida por el sacerdote Carlos María Galli, uno de los teólogos argentinos más próximos al pontificado de Francisco y al cardenál Fernández. Es integrante del Equipo de Reflexión Teológico-Pastoral del CELAM para el período 2024-2028, miembro de Teologanda —asociación de teólogas de perfil feminista—, ha sido vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Teología y participó en la redacción del informe argentino para el Sínodo sobre la sinodalidad. Su producción académica gira en torno a la «teología pastoral en clave sinodal» y los organismos de participación eclesial: la tribuna de Vida Nueva es, de hecho, la traducción divulgativa de su programa de investigación.

Su perfil, unido a la difusión que le ha dado Luciani, sitúa la propuesta en el corazón del entramado teológico CELAM-Sínodo. Tras el portazo de Roma a Berlín, el debate sobre el papel de los laicos en la predicación no se ha cerrado: desde el ámbito hispano se ensaya ahora una vía indirecta que, de forma sunrepticia, vacía de contenido lo que la Santa Sede acaba de reafirmar como inseparable del ministerio ordenado y busca colectivizar una tarea instrínsecamente sacerdotal.

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