La imagen de la Virgen elegida para el Drappellone del Palio de la Asunción de Siena ha provocado una controversia por sus rasgos andróginos y su alejamiento de la iconografía mariana tradicional. El propio cardenal Augusto Paolo Lojudice, arzobispo de Siena, ha reconocido que la representación «no refleja ni los cánones de la tradición cultural ni los de la devoción», mientras que la archidiócesis ha pedido que en el futuro exista un diálogo previo sobre una obra que, aunque no sea objeto de culto, considera «ciertamente más sagrada que profana».
La obra corresponde a la artista rumana Teodora Axente y será entregada a la contrada vencedora del Palio dedicado a la Virgen de la Asunción, cuya carrera ha tenido que ser aplazada durante dos días por las condiciones meteorológicas. La Nuova Bussola Quotidiana ha recogido la polémica suscitada por el rostro de María y las distintas reacciones eclesiales ante una representación que la propia artista define como su visión personal de la Virgen.
Una Virgen alejada de la iconografía tradicional
El Ayuntamiento de Siena encargó a Axente la realización del Drappellone para el Palio de agosto, una pieza de seda conocida popularmente como cencio que constituye el premio de la contrada vencedora. El Palio de agosto está dedicado tradicionalmente a la Virgen de la Asunción y forma parte de una celebración en la que la dimensión civil y popular mantiene una estrecha relación histórica con la devoción religiosa.
La obra presenta en su parte superior una figura de María con el rostro serio, cabello corto y facciones que han provocado un debate sobre su carácter andrógino. En la zona inferior aparecen referencias a Siena y a sus contradas, mientras que el conjunto recuerda también el quinto centenario de la batalla de Camollia, en la que las fuerzas sienesas derrotaron en 1526 a sus adversarios florentinos y pontificios.
El Ayuntamiento había presentado a Axente al anunciar el encargo como una artista cuya obra está inspirada por su familia, su fe religiosa y su conocimiento de la historia del arte. Nacida en Sibiu, Rumanía, en 1984, su pintura combina referencias tradicionales con elementos surrealistas y concede especial importancia a la transformación de la figura humana.
La propia artista ha explicado el sentido personal de su representación: «Esta es la Virgen con la que sueño, es mi visión de la Virgen».
La cuestión planteada por la obra, sin embargo, no se limita al gusto artístico. El Drappellone del Palio de agosto debe representar a la Virgen de la Asunción y se integra en ceremonias religiosas de una tradición que el propio Ayuntamiento describe como una combinación de manifestaciones populares, celebraciones y devoción mariana.
El cardenal Lojudice: «No refleja los cánones de la tradición»
El cardenal Augusto Paolo Lojudice se pronunció sobre la controversia en una entrevista con La Nazione. Aunque descartó entrar en una discusión definitiva sobre el posible carácter andrógino de la figura, sí reconoció abiertamente su distancia respecto de la tradición mariana.
«Es una Virgen que no refleja ni los cánones de la tradición cultural ni de la devoción, de la expresión de las Madonnas como estamos acostumbrados y como sería justo expresar», afirmó el arzobispo.
Lojudice añadió que personalmente percibe una Virgen «muy sombría», aunque admitió que otras personas pueden realizar una interpretación diferente de la obra.
El cardenal no atribuyó a Axente una intención provocadora, pero sí planteó la necesidad de revisar el procedimiento seguido para estos encargos. A su juicio, sería conveniente que la Iglesia pudiera intervenir durante la fase de preparación de la obra y no únicamente cuando esta ya se encuentra terminada.
«No se puede estar cada vez con los dedos cruzados, diciendo: “Veamos qué sale”», afirmó.
La cuestión tiene una consecuencia práctica para la archidiócesis, puesto que el Drappellone participa posteriormente en ceremonias religiosas y tradicionalmente recibe una bendición antes de la carrera.
La archidiócesis admite que «los resultados no han respondido» a las expectativas
La Archidiócesis de Siena-Colle di Val d’Elsa-Montalcino también difundió una nota firmada por el sacerdote Enrico Grassini en la que adopta una posición prudente sobre la intención de la artista, pero reconoce el problema suscitado por el resultado.
Grassini recordó la formación cultural de Axente, marcada desde su infancia por las iglesias ortodoxas de Rumanía y por la tradición de los iconos bizantinos, además de su conocimiento del patrimonio artístico de Siena. Por ello, considera que el lenguaje de la provocación resulta ajeno a la intención de la obra.
Eso no impide, sin embargo, admitir que «las premisas estaban ahí, pero quizá los resultados no han respondido a las expectativas».
La nota plantea además una cuestión esencial sobre la naturaleza del Drappellone. «No es una imagen sagrada ante la cual rezar, sino que es él mismo una oración dirigida a la Virgen», explica Grassini. Por ese motivo, aunque la pieza no constituya en sí misma un objeto de culto, posee un carácter «ciertamente más sagrado que profano».
La archidiócesis considera que estas particularidades deberían explicarse al artista antes de que conciba la obra, evitando que el problema se plantee únicamente cuando el resultado final ya ha sido presentado públicamente.
Una bendición sin asperjar directamente el «Drappellone»
La controversia llegó también a la tradicional ceremonia religiosa previa al Palio. En vísperas de la solemnidad de la Asunción, el Cortejo de los Cirios y los Censos llevó el Drappellone hasta la catedral de Siena.
Lojudice había anticipado que no veía razones para negarse a bendecir una asamblea por el hecho de que la polémica obra estuviera presente. Finalmente optó por esa fórmula.
Durante su intervención no entró directamente en la controversia. Señalando la imagen de la Madonna del Voto situada en la catedral, recordó a los presentes que «es ella y sigue siendo ella la única imagen importante a la que dirigirnos y hacia la que dirigir nuestra devoción».
A continuación impartió la bendición a los presentes sin desplazarse hasta el Drappellone ni asperjar directamente la pieza, a diferencia de lo sucedido en otras ediciones.
No sería la primera controversia de este tipo en Siena. En 2018, el entonces arzobispo Antonio Buoncristiani decidió no bendecir directamente otro discutido Drappellone, realizado por el artista belga Charles Szymkowicz.
«La iconografía cristiana no nace de un capricho creativo»
La discusión ha llegado también al terreno de la teología del arte sacro. El sacerdote Paolo Morocutti ha señalado en declaraciones recogidas por la agencia SIR que debe distinguirse entre el juicio puramente estético, necesariamente subjetivo, y la adecuación de una representación a la iconografía cristiana.
Para Morocutti existe «un segundo plano de juicio que no es opinable»: el correspondiente a «la iconografía cristiana codificada, que no nace de un capricho creativo, sino de siglos de reflexión teológica, litúrgica y conciliar».
El sacerdote considera que las tradiciones cristianas de Oriente y Occidente han desarrollado históricamente características reconocibles en la representación de la Madre de Dios. En el rostro pintado por Axente echa en falta precisamente «esa específica feminidad que la ortodoxia iconográfica cristiana» ha atribuido tradicionalmente a la Virgen.
El debate plantea así una cuestión que va más allá de determinar si la obra resulta estéticamente atractiva. El Ayuntamiento puede encomendar el Drappellone a artistas contemporáneos —Axente fue seleccionada por la Junta municipal en enero—, pero la pieza no es una obra completamente desvinculada de su finalidad: se realiza para un Palio dedicado a la Asunción y debe contener una representación de la Virgen.
La propia historia reciente del Palio muestra que la utilización de lenguajes contemporáneos no exige necesariamente prescindir de una representación reconociblemente mariana. En las descripciones oficiales de los Drappelloni de años anteriores, la Virgen aparece expresamente como centro de la composición y vinculada a la iconografía de la Asunción.
La polémica de este año deja, por tanto, una cuestión pendiente para futuras ediciones: hasta dónde llega la libertad interpretativa del artista cuando la obra encargada no solo participa de una fiesta popular, sino que debe representar a la Madre de Dios dentro de una tradición religiosa secular.