La historia detrás de la Plegaria Eucarística II: fue terminada con prisas en un café de Roma

La historia detrás de la Plegaria Eucarística II: fue terminada con prisas en un café de Roma

La Plegaria Eucarística II, una de las fórmulas más utilizadas actualmente en la celebración de la Misa, no fue una traducción de la antigua oración atribuida a Hipólito de Roma, sino una nueva composición elaborada durante la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II. Así lo muestran los testimonios de Annibale Bugnini y Louis Bouyer, protagonistas directos de aquella reforma, recuperados ahora en un estudio sobre los orígenes históricos de esta plegaria.

El trabajo, firmado por Ignacio Gallardo Tampe y publicado por New Liturgical Movement, compara el texto de la Plegaria Eucarística II con la anáfora contenida en la llamada Tradición Apostólica. La investigación recuerda además que la identificación de esta última con Hipólito de Roma y con la liturgia romana del siglo III, ampliamente aceptada durante buena parte del siglo XX, ha sido cuestionada posteriormente por numerosos especialistas.

Bugnini reconoció que no era una nueva edición de Hipólito

Annibale Bugnini, secretario del Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia y una de las principales figuras de la reforma litúrgica, explicó expresamente que la nueva plegaria solo tomó la anáfora atribuida a Hipólito como modelo.

«El objetivo era producir una anáfora breve y muy sencilla en sus ideas», escribió Bugnini al explicar su elaboración.

El propio responsable de la reforma precisó que la Plegaria Eucarística II «no es, por así decirlo, una nueva edición» de aquella antigua oración.

La estructura original no podía conservarse íntegramente porque carecía de elementos que el Consilium consideraba necesarios en una plegaria eucarística romana, entre ellos el Sanctus, una epíclesis consecratoria antes del relato de la institución, las intercesiones y la conmemoración de los santos.

También fueron eliminadas o reformuladas algunas expresiones del texto antiguo que Bugnini consideraba «arcaicas o difíciles de comprender».

Bouyer: terminada en una terraza del Trastevere

El testimonio más llamativo procede de Louis Bouyer, teólogo francés que participó directamente en la redacción de la Plegaria Eucarística II junto a Dom Bernard Botte.

En sus memorias, Bouyer describió las condiciones de trabajo con términos especialmente críticos y habló de las «deplorables condiciones» en las que se desarrolló aquella fase de la reforma.

Según su propio relato, él y Botte tuvieron que preparar con gran rapidez una nueva plegaria que incorporase determinados elementos de la antigua anáfora y, al mismo tiempo, añadiese otros que no estaban presentes en ella.

Bouyer recordó que ambos terminaron de ajustar el texto en la terraza de un café del Trastevere, en Roma, para poder presentarlo dentro del plazo fijado.

Posteriormente calificó el resultado como una «composición improbable» y sostuvo que algunas de sus «increíbles debilidades» podían suscitar «ridículo o indignación». Al mismo tiempo, reconocía que la plegaria contenía también elementos valiosos que, a su juicio, debían conservarse en una eventual revisión futura.

El valor de este testimonio reside en que no procede de un crítico externo de la reforma, sino de uno de los hombres encargados personalmente de redactar el texto.

Dos textos con diferencias sustanciales

La comparación realizada por Gallardo muestra que existen coincidencias entre ambas plegarias, pero también modificaciones importantes.

La denominada anáfora de Hipólito contiene el diálogo inicial, una acción de gracias centrada en Cristo, el relato de la institución, la memoria de su muerte y Resurrección, una invocación al Espíritu Santo y una breve doxología.

La Plegaria Eucarística II conserva parte de este esquema y algunas expresiones, pero incorpora otros elementos de nueva redacción.

Entre ellos aparecen el Sanctus, la epíclesis sobre los dones antes de la consagración, las intercesiones por la Iglesia, el Papa, el obispo, el clero y los difuntos, así como la conmemoración de la Virgen, los Apóstoles y los santos.

El texto atribuido a Hipólito contiene también expresiones cristológicas que no pasaron a la plegaria moderna, como la referencia a Cristo que vence la muerte, rompe las ataduras del pecado, destruye el poder del infierno y conduce a los justos hacia la luz.

Por tanto, la denominación frecuente de la Plegaria Eucarística II como «anáfora de Hipólito» resulta históricamente imprecisa. La fuente antigua sirvió de inspiración, pero el texto finalmente promulgado fue una composición nueva.

También está cuestionada la atribución a Hipólito

El estudio añade un segundo problema histórico.

La llamada Tradición Apostólica fue considerada durante décadas una obra de Hipólito de Roma, fechada aproximadamente a comienzos del siglo III. Sobre esa interpretación se asentó en parte su interés para los responsables de la reforma litúrgica.

Sin embargo, la investigación especializada posterior ha cuestionado esas premisas.

El original griego no se conserva y el texto actual ha tenido que reconstruirse a partir de distintas versiones posteriores, entre ellas traducciones latinas, coptas, etíopes y árabes.

El jesuita John F. Baldovin ha señalado que el documento no puede atribuirse con certeza a Hipólito ni utilizarse sin reservas como testimonio de la práctica litúrgica romana del siglo III.

Michael Uwe Lang ha señalado igualmente que, debido a las incertidumbres sobre su fecha y procedencia, la Tradición Apostólica difícilmente puede ser considerada una fuente segura de la antigua liturgia romana.

Algunos investigadores han propuesto para el documento un origen oriental, mientras otros lo consideran una compilación formada a partir de materiales procedentes de diferentes lugares y épocas.

Una fuente de escasa influencia en la liturgia romana

Esta discusión adquiere especial importancia porque la Tradición Apostólica tuvo, según Lang, una influencia muy limitada en el desarrollo histórico de la liturgia occidental antes del siglo XX.

Su recepción fue mucho mayor en determinadas tradiciones orientales.

El dato introduce una cuestión relevante sobre la forma en que se presentó la incorporación de aquella anáfora durante la reforma litúrgica: más que recuperar un formulario perteneciente a la tradición viva del rito romano, los redactores recurrieron a un texto antiguo cuya procedencia, autoría y uso concreto resultan hoy inciertos.

El debate se relaciona con el principio establecido por Sacrosanctum Concilium de que las nuevas formas litúrgicas debían crecer «orgánicamente» a partir de las ya existentes.

Lea también: León XIV sobre Sacrosanctum Concilium: «La reforma de los ritos» no era el único objetivo del Vaticano II

Una plegaria concebida expresamente para ser breve

Las fuentes citadas permiten además conocer uno de los criterios que presidieron la elaboración del texto.

Bugnini reconoció que se buscaba expresamente una plegaria «breve y muy sencilla».

La característica ayuda a explicar su amplia difusión posterior. La Plegaria Eucarística II, debido a su menor extensión, se ha convertido en numerosos lugares en la opción utilizada con mayor frecuencia frente a otras plegarias eucarísticas del Misal, incluido el Canon Romano.

Gallardo considera que este predominio supone un empobrecimiento de la práctica litúrgica, una valoración que desarrollará en la continuación de su estudio.

El dato histórico, sin embargo, permanece al margen de esa valoración: la oración actualmente conocida como Plegaria Eucarística II fue concebida durante la reforma posterior al Vaticano II como una fórmula breve, inspirada parcialmente en un texto antiguo, pero sometida a una importante reelaboración.

La investigación permite así precisar una explicación repetida durante décadas. La Plegaria Eucarística II no es la antigua «anáfora de Hipólito» trasladada al Misal de Pablo VI, sino una composición del siglo XX inspirada en una fuente cuya atribución a Hipólito y a la antigua liturgia romana es hoy objeto de serias reservas académicas.

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