Después de más de 150 años de presencia ininterrumpida, los franciscanos dejarán el monasterio de Marienthal, histórico santuario mariano situado en Geisenheim, en el estado alemán de Hesse. Los siete religiosos que todavía permanecen en la comunidad rondan los 80 años y su avanzada edad ha hecho imposible mantener la presencia de la Orden, según ha informado la diócesis de Limburgo.
La despedida tendrá lugar este sábado 15 de agosto con una Misa y la participación de un quinteto de trombones. La marcha de los frailes pone fin a una presencia iniciada en 1873 y deja en otras manos la continuidad pastoral de un lugar de peregrinación cuyos orígenes se remontan a la Edad Media.
Siete franciscanos, todos alrededor de los 80 años
La razón del cierre de la comunidad no responde a una reorganización puntual, sino a la edad de sus miembros. Los siete franciscanos que todavía viven en Marienthal tienen alrededor de 80 años, de acuerdo con la información difundida por la diócesis de Limburgo.
Durante más de siglo y medio, una de las principales tareas de los religiosos ha sido atender a los peregrinos que llegan hasta el santuario. Los franciscanos han acompañado grupos de peregrinación, celebrado la Misa y colaborado en la atención pastoral de las parroquias de los alrededores.
La presencia franciscana comenzó en 1873 y desde el primer momento estuvo estrechamente relacionada con la atención de quienes acudían a venerar a la Virgen de Marienthal.
Una devoción mariana que se remonta al siglo XIV
La historia religiosa de Marienthal, sin embargo, es mucho más antigua que la llegada de los franciscanos. El santuario es conocido por una imagen milagrosa de la Virgen venerada desde hace siglos.
Según la tradición, en 1309 un cazador que había perdido la vista rezó ante la imagen de María y posteriormente recuperó la visión. A partir de aquel acontecimiento comenzó a desarrollarse la peregrinación al lugar, al que durante siglos han acudido fieles para pedir la intercesión de la Virgen.
La marcha de los franciscanos supone así el final de una etapa dentro de una historia de peregrinación que supera ampliamente los siete siglos.
El santuario continuará abierto
La salida de la comunidad no supondrá, al menos por el momento, el final de la actividad religiosa de Marienthal. Ante la retirada de los franciscanos se ha constituido una asociación destinada a apoyar la conservación y continuidad del santuario.
Además, dos sacerdotes vicentinos que viven a pocos kilómetros asumirán la atención pastoral a partir del primer domingo de Adviento.
Marienthal afronta así una nueva etapa: continuará recibiendo peregrinos y manteniendo el culto en torno a su histórica devoción mariana, pero lo hará por primera vez en más de 150 años sin la comunidad franciscana que ha custodiado y atendido el santuario desde 1873.