La UME saca de San Juan de la Peña los restos de los primeros reyes de Aragón ante el avance del fuego

La UME saca de San Juan de la Peña los restos de los primeros reyes de Aragón ante el avance del fuego

Un rescate «in extremis» en el monasterio del Santo Grial: efectivos de la UME y técnicos de Patrimonio extrajeron ayer del Monasterio Viejo las urnas del Panteón Real —con los restos de Ramiro I, Sancho Ramírez, Pedro I y de cuatro reyes de Pamplona—, la réplica del santo cáliz y otros bienes, ante la amenaza del incendio de Las Peñas de Riglos, que ya supera las 8.000 hectáreas.

El monasterio de San Juan de la Peña, cuna espiritual del Reino de Aragón, vivió este jueves sus horas más angustiosas desde el incendio que lo devastó en 1675. Las llamas entraron en el espacio natural protegido y llegaron a las inmediaciones de los dos cenobios, el Viejo y el Nuevo, sin alcanzarlos por el momento. El momento crítico se vivió entre la una y las cinco de la tarde, cuando el frente se dirigió directamente hacia el conjunto monástico.

Ante el riesgo de que el fuego invadiera el Monasterio Viejo, la UME, la Guardia Civil y un equipo de restauradores y técnicos de la Dirección General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón —en coordinación con el Hermano Mayor de la Hermandad de San Juan de la Peña, Félix Longás— entraron en el cenobio. Una primera intervención tuvo que interrumpirse por la proximidad de las llamas; en el segundo acceso lograron extraer los restos óseos del Panteón Real, la casaca mortuoria del X Conde de Aranda, pinturas murales traspasadas a soporte, capiteles, tallas y la réplica del Santo Grial. Todo reposa ya, con cadena de custodia y condiciones de conservación garantizadas, en el Museo de Huesca, «a la espera de que puedan regresar cuando vuelva la normalidad».

En el Panteón Real descansan los primeros reyes de Aragón —Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I— y también cuatro reyes de Pamplona, entre ellos Sancho Garcés II Abarca y García Sánchez II el Temblón. Que haya habido que sacar de su sepultura milenaria los huesos de los fundadores del reino da la medida de la gravedad de lo ocurrido. La vicepresidenta aragonesa, Mar Vaquero, habló de «muchísima angustia» y agradeció la «valentía heroica» de los efectivos.

El monasterio del Grial y de la primera Misa romana de España

Excavado bajo la gran peña del monte Pano sobre la cueva del eremita Juan de Atarés, el Monasterio Viejo (siglos X-XII) es uno de los lugares fundacionales de la cristiandad hispánica. Según una tradición venerable, allí se custodió durante siglos el Santo Grial, el cáliz de la Última Cena que hoy se venera en la catedral de Valencia, llevado a la peña para salvarlo de la invasión musulmana.

Y allí, el 22 de marzo de 1071, se celebró la primera Misa en rito romano de España: el monasterio, impulsado por el rey Sancho Ramírez en comunión con la Sede de Pedro y vinculado a la reforma cluniacense, abrió el paso del antiguo rito hispano-mozárabe al rito romano en los reinos peninsulares. Su claustro románico, cobijado bajo la visera de la roca, es una de las cumbres de la escultura medieval europea, y el cenobio guarda la memoria de San Indalecio, varón apostólico cuyas reliquias llegaron allí en el siglo XI.

La historia amenaza con repetirse: en 1675 un incendio destruyó gran parte del Monasterio Viejo y obligó a los benedictinos a levantar el Monasterio Nuevo, hoy también bajo la amenaza directa del frente; en 1994 el fuego ya asedió el conjunto. Unos 500 efectivos y una treintena de medios aéreos trabajan con la defensa de ambos cenobios —Monumento Nacional desde 1889— como prioridad absoluta, mientras cerca de 900 personas de doce pueblos, entre ellos Botaya y Santa Cruz de la Serós, permanecen evacuadas.

Mientras tanto, los restos de los reyes que hicieron Aragón esperan en Huesca a que el fuego se retire de la peña que durante mil años ha guardado su sueño. Que San Juan Bautista, titular del cenobio, y la Virgen en la víspera de su Asunción protejan lo que las llamas de 1675 no pudieron destruir.

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