La crisis de la Iglesia en Alemania vuelve a quedar reflejada en sus cifras. Apenas 1,3 millones de los aproximadamente 19,2 millones de católicos del país acudieron regularmente a Misa durante 2025, lo que sitúa la práctica dominical en el 6,8%. Once años antes, en 2014, todavía alcanzaba el 10,9%.
El descenso de la asistencia a Misa no aparece aislado. Durante el último año, más de 307.000 personas abandonaron formalmente la Iglesia, los funerales fueron casi el doble que los bautismos y continúa la escasez de vocaciones sacerdotales. Frente a este escenario, la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) sostiene que la situación no puede interpretarse únicamente en términos de decadencia y mantiene la sinodalidad como una de sus principales apuestas para el futuro.
Más funerales que bautismos
Los datos demográficos muestran una Iglesia que pierde fieles tanto por las salidas formales como por la ausencia de relevo generacional. En 2025 se registraron algo más de 109.000 bautismos, mientras que los funerales superaron los 203.000.
La diferencia se viene repitiendo durante los últimos años. En 2023 hubo 131.245 bautismos frente a 226.179 funerales y, un año después, las cifras fueron de 116.274 y 213.046, respectivamente.
A ello se suma el fenómeno de las apostasías administrativas. Las aproximadamente 307.000 salidas de 2025 suponen una mejora respecto a ejercicios anteriores, pero continúan representando una pérdida considerable. En 2024 abandonaron la Iglesia más de 320.000 personas; en 2023 fueron más de 400.000 y en 2022 la cifra rondó el medio millón.
La situación alcanza también al clero. Alemania dispone de cerca de 9.000 parroquias y 11.083 sacerdotes en activo, de los cuales aproximadamente 2.300 proceden de otros países.
Wilmer rechaza hablar únicamente de «declive»
El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Heiner Wilmer, reconoce que disminuyen los fieles, la asistencia, el personal pastoral y los recursos económicos. Sin embargo, rechaza que estas cifras puedan reducirse a «una mera historia de declive».
Para Wilmer, las estadísticas muestran también «dedicación, fiabilidad y gran responsabilidad», y la presencia de la Iglesia no debe medirse exclusivamente por el número de personas que participan en la liturgia dominical.
«La Iglesia no solo está presente donde se celebra la Misa», sostiene el presidente de la DBK, que señala también el acompañamiento personal, el consuelo, la responsabilidad social y el diálogo como ámbitos de presencia eclesial.
La respuesta de los obispos sigue pasando por la sinodalidad
En medio de este deterioro de los principales indicadores de práctica religiosa y pertenencia eclesial, la jerarquía alemana continúa defendiendo la sinodalidad como parte fundamental de su respuesta pastoral.
Wilmer la define no tanto como un procedimiento cuanto como «un modo de vida espiritual», basado en la escucha y en compartir responsabilidades dentro de la Iglesia.
Esta apuesta se desarrolla después de años de Camino Sinodal, un proceso que ha promovido propuestas sobre moral sexual, gobierno eclesial, bendiciones de parejas homosexuales y ministerio femenino, y que ha provocado repetidas tensiones con Roma.
Las discrepancias permanecen abiertas. El nuncio apostólico en Alemania, monseñor Georg Gänswein, advertía recientemente de que los debates del Camino Sinodal continúan siendo «un lastre» y consumen energías en discusiones estructurales mientras permanecen pendientes proyectos que, según señaló, «se apartan de la fe católica».
También dentro del propio catolicismo alemán han surgido iniciativas contrarias a esta orientación. El pasado julio se constituyó Pro Fide Ecclesiae, un movimiento de laicos que denuncia que los católicos fieles al magisterio no se sienten representados por el rumbo del Camino Sinodal.
Los datos de 2025 vuelven así a situar ante los obispos alemanes una cuestión que las reformas estructurales no han logrado resolver hasta ahora: cada vez menos católicos participan regularmente en la Misa y la Iglesia continúa perdiendo cientos de miles de miembros cada año.