El arzobispo de San Francisco, monseñor Salvatore Cordileone, ha advertido contra los intentos de modificar el Evangelio recibido y transmitido por la Iglesia desde los Apóstoles. Durante su sermón del XI Domingo después de Pentecostés, el prelado recordó que la fe católica no es una construcción que cada generación pueda adaptar a su voluntad, sino un depósito recibido que debe ser acogido y transmitido fielmente.
Cordileone desarrolló esta reflexión durante la Misa celebrada en la parroquia de Santa Mónica, partiendo de las lecturas de la liturgia tradicional para abordar tres aspectos relacionados entre sí: la universalidad de la Iglesia, su patrimonio litúrgico común y la fidelidad al Evangelio como respuesta a la confusión de nuestro tiempo.
Una Iglesia universal, no una organización internacional
A partir del relato de la curación del sordomudo, Cordileone destacó que Cristo se adentró en territorio pagano y llevó su misericordia más allá de los límites del pueblo elegido. Para el arzobispo, san Marcos presenta así a Cristo como modelo de una Iglesia llamada a llevar el Evangelio más allá de cualquier frontera cultural.
Esta universalidad, explicó, no significa que la Iglesia sea simplemente «una organización internacional». Aunque reúne a fieles procedentes de todas las naciones, culturas y lenguas, posee una herencia común que permite a sus miembros vivir conforme a una misma fe.
Cordileone puso como ejemplo su propia archidiócesis, San Francisco, históricamente marcada por la llegada de inmigrantes procedentes de numerosos países. La Iglesia respeta esas culturas particulares, señaló, pero al mismo tiempo proporciona a todos sus hijos una cultura católica compartida.
Cordileone reivindica el latín como «herencia católica común»
Dentro de esa cultura compartida, el arzobispo destacó especialmente la lengua litúrgica de la Iglesia.
«Como todas las culturas, la Iglesia habla una lengua común. Esta lengua, por supuesto, es el latín», afirmó.
Cordileone recordó que el Concilio Vaticano II pidió conservar el latín en la liturgia y señaló también el lugar propio del canto gregoriano y de la polifonía dentro del patrimonio católico.
«El latín es nuestra herencia católica común: nos une a través de razas y lenguas diferentes», sostuvo.
El arzobispo amplió esta idea más allá del idioma. La Iglesia, explicó, posee también un lenguaje sacramental mediante el cual la realidad visible conduce hacia una realidad espiritual. Lo mismo sucede con las obras de caridad, que no consisten únicamente en prestar una ayuda material, sino en hacer presente el amor de Cristo a quien sufre.
«El Evangelio no es uno que nosotros inventamos»
Cordileone centró después su reflexión en la Primera Carta de san Pablo a los Corintios, donde el Apóstol recuerda a los cristianos que les transmitió aquello que él mismo había recibido.
«Ese Evangelio que ponemos en práctica no es uno que nosotros inventamos, ni que nosotros componemos; más bien, se recibe», afirmó el arzobispo.
Desde esta premisa lanzó una advertencia sobre los intentos de alterar la enseñanza recibida:
«Hay quienes quisieran cambiar el Evangelio que hemos recibido, el Evangelio que la Iglesia ha transmitido en cada generación desde la época de los Apóstoles hasta hoy. Pero eso no nos lleva a la vida del cielo».
Para Cordileone, san Pablo ofrece precisamente el ejemplo contrario. Tras haber perseguido a los cristianos, su encuentro con la verdad del Evangelio lo condujo al arrepentimiento y después a una vida marcada por la fidelidad, incluso frente a la persecución y el martirio.
Una advertencia ante «tiempos de gran confusión»
El arzobispo trasladó finalmente esta enseñanza a la situación actual. «Vivimos en tiempos de incertidumbre, de gran confusión», afirmó, señalando que muchas personas afrontan el futuro con temor.
Ante esta situación, Cordileone advirtió que la respuesta no puede consistir en acomodar las exigencias cristianas a los propios deseos.
«Lo peor que podríamos hacer en una situación así sería volverle la espalda al Señor, fingir como si el Señor estuviera contento con nosotros cuando vivimos como queramos sin tomar en cuenta lo que Él nos enseña», señaló.
Frente a esa tentación, el arzobispo invitó a recibir íntegramente el Evangelio transmitido por la Iglesia y a reconocer el patrimonio que lo acompaña a través de los siglos: su enseñanza, su culto, su arte y el servicio a los necesitados.
La fidelidad a ese Evangelio, concluyó Cordileone, no conduce al miedo, sino a «la paz, la esperanza y la confianza» que el cristiano necesita precisamente en tiempos de incertidumbre.