Identidad cristiana «líquida» y «mezcla tóxica»: las tesis del arzobispo de Paderborn sobre la Iglesia

Identidad cristiana «líquida» y «mezcla tóxica»: las tesis del arzobispo de Paderborn sobre la Iglesia

La identidad cristiana «no es rígida ni está claramente delimitada», sino que puede considerarse «en cierto modo líquida». Así lo afirmó este domingo el arzobispo de Paderborn, Udo Markus Bentz, durante su intervención en las Semanas Universitarias de Salzburgo, donde también advirtió sobre una proximidad que, según sostiene, existe entre determinados sectores de la Iglesia católica y corrientes políticas que calificó de «identitarias y autoritarias».

Las declaraciones, recogidas por KNA, se produjeron durante el acto académico que clausuró el encuentro celebrado del 3 al 9 de agosto en la ciudad austríaca. La edición de este año estuvo dedicada precisamente al concepto de identidad bajo el lema «Quiénes somos y quiénes queremos ser. Identidad: superpoder y zona problemática».

Una identidad cristiana «líquida»

Bentz desarrolló su intervención a partir de lo que denominó una identidad «relacional». «Mi identidad como cristiano no es rígida ni está claramente delimitada, sino que es en cierto modo líquida, con un núcleo interior esperemos que firme», sostuvo.

Para el arzobispo, esa identidad se configura mediante distintos elementos que interactúan entre sí. Entre ellos situó a Cristo, la Iglesia y su Tradición, pero también las circunstancias biográficas y culturales de cada persona y la manera en que los demás la reconocen como cristiana.

Desde esa perspectiva, Bentz vinculó su planteamiento con la sinodalidad. A su juicio, la vida sinodal no debe limitarse a discutir determinados contenidos, sino que alcanza también la forma en que se construyen las relaciones dentro de la Iglesia.

El prelado recurrió a la Escritura para explicar esta concepción. Presentó a Israel como un pueblo peregrino que vive sostenido por la fidelidad de Dios y señaló que, en el Nuevo Testamento, Cristo pasa a ser el punto de referencia fundamental de quienes lo siguen. La identidad cristiana debería entenderse, según resumió, como una «relación con Cristo recibida, narrada y vivida».

Bentz cuestiona una identidad católica basada en la delimitación

Ante la secularización, Bentz criticó la búsqueda de una identidad basada en la «delimitación», el «aislamiento de lo supuestamente propio» y una mentalidad centrada en preservar posiciones adquiridas.

Para el arzobispo, este modo de concebir la identidad eclesial encuentra «resonancia e inspiración» en determinados movimientos políticos identitarios.

Su advertencia se dirigió después hacia el interior de la Iglesia. Bentz dijo estar preocupado porque la «afinidad» entre esas corrientes políticas «identitarias y autoritarias» y «ciertos grupos y dinámicas en la Iglesia católica» habría dejado de constituir un fenómeno marginal.

A su juicio, esa proximidad «forma una mezcla tóxica».

Contra una identidad cristiana «congelada»

El arzobispo cuestionó igualmente una concepción de la identidad eclesial que relativice la evolución histórica o pretenda «congelarla» en un determinado momento. Según sostuvo, ese planteamiento no se corresponde con la orientación asumida por la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II y durante las décadas posteriores.

Su propuesta pasa por una presencia cristiana que pueda afirmar sus convicciones dentro de una sociedad plural sin imponerse sobre quienes no las comparten.

Bentz resumió esa actitud mediante una sucesión de contrastes: «Estar presentes sin apropiarnos. Dar testimonio sin obligar. Confesar nuestra esperanza sin amenazar la libertad de los demás. Hablar sin silenciar a otros. Contradecir sin destruir. Invitar sin apropiarnos».

El arzobispo de Paderborn no identificó, según la información difundida sobre su intervención, qué grupos o dinámicas concretas dentro de la Iglesia católica considera vinculados a las corrientes «identitarias y autoritarias» cuya proximidad calificó de «mezcla tóxica».

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