Un escritor peruano involucra a Prevost en métodos «casi de espías» junto a los periodistas Salinas y Ugaz

Un escritor peruano involucra a Prevost en métodos «casi de espías» junto a los periodistas Salinas y Ugaz

Santiago Roncagliolo, autor de El pastor y los lobos, relata en una entrevista cómo el entonces obispo de Chiclayo dirigió el trabajo de los periodistas Paola Ugaz y Pedro Salinas sobre el Sodalicio, hizo llegar sus materiales a Roma a través de la nunciatura y gestionó audiencias papales como señal de respaldo.

El escritor peruano Santiago Roncagliolo, premio Alfaguara de novela, ha publicado El pastor y los lobos, una investigación de no ficción sobre la trayectoria de Robert Prevost desde su etapa misionera en el Perú hasta el cónclave. El libro nació como encargo editorial el mismo día de la elección papal, según cuenta el propio autor. Con motivo de su presentación, Roncagliolo concedió una extensa entrevista al canal peruano Qubo, conducida por el periodista Daniel Titinger.

Roncagliolo conoce el caso desde dentro del círculo periodístico. En la entrevista habla de su amistad con Paola Ugaz —«tú mismo siendo muy amigo de Paola Ugaz», le recuerda Titinger— y de su relación con Pedro Salinas, que lo entrevistó en su programa y a quien él entrevistó para el libro: «Era muy raro entrevistar a alguien para un libro y ser entrevistado». Su relato procede, por tanto, de las fuentes directas del caso Sodalicio, en un libro de tono favorable a Prevost.

Lo que ese relato describe es una gestión muy articulada sobre la prensa, la información y la imagen como método «extrajurídico». Llama la atención que la entrevista describe el uso de mecanismos mediáticos poco legalistas y transparentes.

«Se convierte en el editor periodístico de Paola y Pedro»

Roncagliolo sitúa el punto de partida en 2018, tras la crisis de los abusos en Chile:

«Francisco se da cuenta entonces, es el año 2018, que lo de los abusos sexuales se puede llevar a la Iglesia, porque buena parte de su actividad es educativa. Nadie va a poner a sus hijos en un colegio donde los violan, ni seguir la guía moral de una institución que encubre violadores. (…) Y en ese momento, en el país justo al lado de Chile, está explotando el caso Sodalicio. Y entonces este obispo, que es muy cercano al Papa, empieza a presentarse como el encargado para esos temas, para los temas de abusos sexuales».

Sobre el papel concreto de Prevost respecto de los dos periodistas:

«Prevost empieza, se convierte en el editor periodístico de Paola y Pedro. Empieza a decir: necesito esta información, necesito este testimonio, hay que fundamentar esto, necesito una explicación más clara de esto. Y toda esa información empieza a subir al Vaticano».

En el esquema que describe el autor, los testimonios de las víctimas se orientan hacia la investigación periodística y su remisión informativa a Roma, no tanto hacia un expediente canónico riguroso y con garantías procesales.

«Toda esta operación casi de espías»

Sobre el modo en que esa información llegaba al Vaticano, Roncagliolo detalla:

«Incluso escogen los días para enviarlos a través de la nunciatura y se fijan quién está ocupado del correo ese día, porque hay los que sí pueden mandarlo y hay que mejor no. Y toda esta operación casi de espías es la que va alimentando de información al Papa Francisco».

Este método, así descrito, indicaría un sesgo y cierta falta de transparencia y contradicción en la información elevada al Papa.

El autor también recoge el contexto interno que, según él, justificaba esas precauciones: «Hay fuerzas que los defienden en el Vaticano también. Los sodálites tienen socios y amigos en el Vaticano».

Lo que se envía a Roma por esta vía es, en palabras del propio biógrafo, «información», seleccionada y remitida al margen de los cauces ordinarios de la propia nunciatura. Un procedimiento formal habría dejado actas, plazos y responsables identificables; la vía descrita no genera ese rastro.

«Tomarse la foto con el Papa, es decir: el Papa está de nuestro lado»

El tercer elemento del relato es la gestión de audiencias pontificias:

«Gestionan luego que reciba el Papa a Paola Ugaz, lo cual es una señal de protección, ¿no? Tomarse una foto con el Papa es decir: el Papa está de nuestro lado».

Titinger apunta: «O eso creían, ¿no?». Y Roncagliolo responde: «Claro, eso creía Paola, porque después siguieron… todo sigue hasta que acaban cerrándolos».

Según el escritor, el mismo esquema se mantiene en el pontificado:

«Ahora mismo ha recibido hace poco a Gareth Gore, que ha hecho un libro sobre el Opus Dei, y está siguiendo un poco la misma lógica: usar a los periodistas para sustentar sus preocupaciones sobre congregaciones y, si es necesario, tomarse la foto para que vean que los está escuchando. Es sutil, pero muy claro».

En el tratamiento que describe el libro, el respaldo a los denunciantes se expresa en audiencias y fotografías; no se menciona ningún acto de procedimiento —admisión de denuncias, medidas cautelares, resoluciones— que las acompañara.

«¿Qué dijo Prevost? No, no dijo nada»

La entrevista dedica varios pasajes al estilo personal del hoy Papa:

«Como personaje para narrar era una pesadilla. No tiene frases, no tiene escenas, no tiene gestos. Tú le preguntas a las fuentes: ¿y recuerdas qué dijo Prevost en ese momento tan dramático y crucial? No, no dijo nada, creo. Incluso en sus últimas palabras antes del cónclave (…) los cardenales con los que hablo, les pregunto: ¿y qué dijo en ese discurso? No, no me acuerdo. (…) Pero lo que todos dicen es que luego se va y pasan cosas».

Titinger propone en la conversación una imagen: «Como es un caballo de Troya siempre, ¿no? Se entiende al adversario, no lo confronta abiertamente, pero lo desactiva desde adentro siempre. Siempre es callado, por eso es que no fue conocido». Y sobre la percepción de los propios periodistas, Roncagliolo señala: «Hay pasajes en los que Salinas abiertamente está furioso con Prevost porque, claro, parecía no hacer nada y estaba haciendo cosas en la interna».

«Prevost dividió al Opus Dei»

El mismo estilo de gestión aparece, según el libro, en el gobierno interno de la diócesis. Roncagliolo lee en la entrevista un pasaje atribuido a «un colaborador de Prevost en Chiclayo»:

«Prevost dividió al Opus Dei. Ofreció nombramientos importantes a varios de sus jóvenes más prometedores, que de otro modo habrían tenido que esperar décadas. Al ganarse a una parte de ellos anuló su capacidad de actuar en bloque».

Titinger añade: «Y uno de ellos es el actual asistente del Papa, Edgar» —en referencia al P. Edgar Rimaycuna, hoy en el entorno inmediato de León XIV.

El peligro de métodos no garantistas y procesos mediáticos

Lo que el relato de Roncagliolo plantea, en el fondo, es una cuestión de derecho. La Iglesia dispone de un ordenamiento que establece cómo se investiga, se acusa y se resuelve: con contradicción, derecho de defensa, prueba tasada y posibilidad de recurso. El método que el escritor atribuye a Prevost —testimonios hacia la prensa, dossieres selectivos hacia Roma, fotos como resolución— transcurre íntegramente al margen de ese ordenamiento. Es el mismo esquema de la fase romana del caso Sodalicio, instruida por monseñor Jordi Bertomeu: medidas gravísimas sin proceso ordinario, sin sentencia publicada y sin apelación posible. El proceso canónico no es un formalismo: es la única garantía de que la verdad se establezca jurídicamente y no por la fuerza de una campaña. Cuando se prescinde de él, no cae solo el acusado de turno; cae la seguridad jurídica de todos en la Iglesia.

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