El Arzobispado de Pamplona publica el miércoles una nota sobre don Javier Aizpún, párroco de Huarte y canónigo de la catedral, que en plena crisis de Ceuta (49.000 entradas y 88 muertos según Seguridad Nacional, el Ejército desplegado en la frontera) había pedido en X bombardear Rabat «si es necesario». Hasta aquí los hechos.
Sigue contando la propia nota: el arzobispo, Florencio Roselló, llama al cura; el cura borra la cuenta, le pide perdón personalmente y le ruega que haga extensivo ese perdón a la Iglesia y a la sociedad entera. Asunto liquidado en el despacho, pensará el lector. Pues no: con el perdón ya en la mano, el Arzobispado decide además publicar.
Y qué publica: que aquello era opinión «estrictamente personal» que «en ningún caso representa ni es compartida por esta Iglesia diocesana»; que el arzobispo piensa como León XIV y como Francisco (por si en algún despacho romano quedaba la duda); que las palabras del cura fueron «muy poco acertadas»; y, de propina, que la Diócesis «se disculpa por la confusión y el malestar».
Fíjense en la maniobra, que tiene su relojería. Si la opinión era estrictamente personal, la penitencia del interesado bastaba: nadie se disculpa por lo que no es suyo. Si la Diócesis se disculpa, es que algo suyo había, y entonces se cae lo de «personal». La nota quiere las dos cosas a la vez: lavarse las manos y entregar la cabeza. Pilatos, al menos, no redactó comunicado.
¿Y a quién se entrega la cabeza? Al pleno de Huarte, donde Geroa Bai y el PSN exigen la sustitución del párroco (los nombramientos parroquiales aún no los hace la corporación municipal, pero todo se andará); a la Cadena SER, que airea las capturas; a Religión Digital, que titula «párroco odiador» y celebra la rectificación como «fulminante». En ese ambientazo sale la nota. Ni una línea sobre la campaña, ni media palabra de amparo: el pastor ve venir a los lobos y les abre la cancela, no se vayan a arañar con la valla.
Corregir a un cura es oficio de obispo, y Roselló ya lo había hecho: en privado y con éxito instantáneo. Lo del miércoles no corrige, añade: el escarnio del corregido y el certificado de pureza del corrector. La nota recuerda a Aizpún que el párroco está llamado a ser «instrumento de comunión, diálogo y reconciliación»… y las tres virtudes se practican en el acto: comunión con la SER, diálogo con Geroa Bai, reconciliación con cuantos pedían un castigo. Con todos menos con el cura. Un prodigio de solicitud paternal.
Conviene ahora mirar el calendario. Omella cumplió ochenta años el 21 de abril y la sede de Barcelona está en pleno mercado de fichajes: Religión Confidencial situó en octubre a Roselló como candidato principal, apadrinado por Omella y por el cardenal Cobo; en febrero lo recibió León XIV en audiencia privada; después él se autodescartó en público, que en el escalafón viene a ser la manera más ortodoxa de seguir en carrera. Un futbolista en año de traspaso no entra fuerte: se dosifica, evita la tarjeta, sonríe al palco y guarda el tobillo para la firma. Un arzobispo en año de traspaso, se conoce que tampoco. La nota del miércoles no desentona una coma con los vientos dominantes: ésa es su función, no su descuido.
Roselló es mercedario. La Merced la fundó San Pedro Nolasco en Barcelona (patrona de la ciudad, por cierto: todo queda en casa) para redimir cautivos, y sus frailes hacían un cuarto voto: quedarse ellos de rehenes con tal de liberar al preso. Ocho siglos después, un hijo de Nolasco entrega al preso para liberarse él.
Se ha debido creer que por ser mercedario le toca dejar a sus curas a merced del enemigo. El cuarto voto, actualizado. Y Barcelona bien vale una notita de prensa.
Comunicado íntegro de la Diócesis de Pamplona y Tudela:
Ante las manifestaciones realizadas por el párroco de Huarte, Javier Aizpún Bobadilla, a través de sus redes sociales, la Diócesis de Pamplona y Tudela desea manifestar:
- Que se trata de una opinión estrictamente personal, que en ningún caso representa ni es compartida por esta Iglesia diocesana.
- Que la posición de la Diócesis es plenamente coherente con el mensaje evangélico del papa León XIV, quien durante su visita al puerto de Arguineguín recordó que «la dignidad humana no tiene pasaporte» y afirmó que «no se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios», invitando a afrontar los desafíos migratorios desde la justicia, la paz y el respeto a toda persona.
- Que el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, monseñor Florencio Roselló Avellanas, en numerosas ocasiones se ha manifestado públicamente en este tema en la misma línea tanto del papa Francisco como de León XIV.
- Que ha mantenido un diálogo con el párroco para pedirle las oportunas explicaciones sobre unas manifestaciones que considera muy poco acertadas, especialmente por tratarse de un sacerdote, párroco además, llamado a ser instrumento de comunión, diálogo y reconciliación.
- Que el sacerdote ha procedido a eliminar su cuenta en la red social X, desde la que fueron difundidas dichas manifestaciones. Además, ha pedido perdón personalmente al arzobispo y, a través de él, quiere hacer extensiva esta petición de perdón a la iglesia y a la sociedad.
- La Diócesis de Pamplona y Tudela se disculpa por la confusión y el malestar que estas declaraciones hayan podido generar y reitera su compromiso con la cultura del encuentro, el respeto a la dignidad de toda persona y la búsqueda de soluciones inspiradas en la paz, la justicia y el diálogo.