Aveline explica el auge de los bautismos de adultos: «Nosotros preparamos la puerta; ellos entraron por la ventana»

Aveline explica el auge de los bautismos de adultos: «Nosotros preparamos la puerta; ellos entraron por la ventana»

Mientras Francia continúa siendo uno de los países más secularizados de Europa, la Iglesia asiste desde hace varios años a un fenómeno tan inesperado como esperanzador: el crecimiento constante de los adultos que solicitan recibir el Bautismo. El presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, el cardenal Jean-Marc Aveline, ha ofrecido ahora algunas claves para comprender este despertar de la fe en una entrevista concedida al diario italiano Avvenire, en la que invita a la Iglesia a mirar este fenómeno con humildad y sin caer en la autocomplacencia.

Las cifras muestran una tendencia sostenida. Si hace tres años fueron unos 15.000 los adultos que iniciaron el catecumenado, al año siguiente ascendieron a 17.000 y en 2025 alcanzaron los 21.000. Las previsiones para 2026 apuntan a un nuevo crecimiento, lo que lleva al arzobispo de Marsella a afirmar que «no se trata de un fuego de paja».

«Nosotros preparamos la puerta; ellos entraron por la ventana»

Lejos de presentar estos datos como el resultado de una estrategia pastoral especialmente eficaz, Aveline considera que constituyen una llamada de atención para la propia Iglesia.

«Existe la tentación de sentirse orgullosos de estas cifras, incluso comparándonos entre diócesis para ver quién tiene más o menos catecúmenos. Es algo humano», reconoce. Sin embargo, añade que el mejor remedio contra esa tentación consiste en aceptar que «nosotros hemos preparado el camino hasta la puerta; ellos han entrado por la ventana».

Con esta imagen, el cardenal quiere expresar que muchos de los nuevos catecúmenos no han recorrido los itinerarios tradicionales de evangelización, sino que han llegado a la fe por caminos inesperados que la Iglesia debe escuchar y comprender.

Las heridas de la vida suelen ser el comienzo

Según Aveline, quienes hoy llaman a las puertas de la Iglesia presentan algunos rasgos comunes. El primero suele ser una experiencia dolorosa que cambia el rumbo de su vida.

«Un duelo, una enfermedad, un drama familiar o una decepción personal» despiertan preguntas que hasta entonces permanecían dormidas y abren la búsqueda de un sentido más profundo de la existencia.

A ello se une con frecuencia el encuentro con jóvenes creyentes que viven su fe con naturalidad. «Se trata de una presencia muy discreta», explica el cardenal, pero capaz de suscitar conversaciones y acompañamientos que recuerdan, en sus palabras, «los Hechos de los Apóstoles y los comienzos de la Iglesia».

El ejemplo de los musulmanes también interpela

Uno de los aspectos más llamativos de la entrevista es la referencia al papel que desempeñan algunos amigos musulmanes en el itinerario de ciertos catecúmenos.

Aveline explica que muchos jóvenes descubren la seriedad con la que sus compañeros viven la oración o el Ramadán y comienzan entonces a preguntarse qué significa realmente ser cristianos.

«No sabiendo cómo responder, buscan en Internet las cuestiones más elementales», afirma. Esa búsqueda acaba conduciendo a algunos hasta una parroquia o una comunidad cristiana, donde inician su preparación para recibir el Bautismo.

Una iglesia abierta y un silencio que habla

El presidente del episcopado francés relata también el testimonio de una persona que, durante años, pasaba diariamente frente a una iglesia camino del trabajo. Un día decidió entrar.

«En aquel silencio encontró la paz que buscaba», recuerda el cardenal. A partir de entonces comenzó a detenerse cada jornada, conoció a la comunidad parroquial y terminó iniciando su camino hacia la fe.

Para Aveline, estos testimonios muestran que la evangelización sigue produciéndose muchas veces a través de encuentros sencillos y de experiencias personales que ningún plan pastoral puede prever completamente.

«La misión de la Iglesia es cooperar con el Espíritu Santo»

El cardenal concluye que este fenómeno constituye una llamada a la humildad para toda la Iglesia. «No olvidemos nunca que la misión de la Iglesia es cooperar con el Espíritu Santo, que siempre nos sorprende precisamente cuando hacemos todos nuestros programas», afirma.

Para el cardenal, este fenómeno constituye también una llamada a reforzar la vida de las comunidades cristianas y la formación en la fe, de modo que el entusiasmo inicial de quienes descubren a Cristo pueda traducirse en un compromiso duradero. «Hay que crear vínculos fuertes entre la fe y la vida», concluye, convencido de que solo así podrán consolidarse las numerosas conversiones que la Iglesia francesa contempla hoy con esperanza.

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