Nuestra Señora de las Nieves: la señal con la que María quiso dejar su huella en el corazón de Roma

Nuestra Señora de las Nieves: la señal con la que María quiso dejar su huella en el corazón de Roma

Cada 5 de agosto la Iglesia celebra la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, el primer gran santuario mariano de Occidente. Su origen está unido a una antigua tradición que ha dado lugar a la advocación de Nuestra Señora de las Nieves y que, desde hace más de dieciséis siglos, recuerda la especial protección de la Virgen sobre la Iglesia de Roma.

Más allá del carácter legendario con el que la tradición ha transmitido algunos detalles, el relato conserva una profunda verdad espiritual: cuando el hombre pone su confianza en Dios, la Providencia encuentra caminos inesperados para realizar sus designios.

La nieve que señaló el lugar elegido por la Virgen

La tradición sitúa el origen de esta advocación durante el pontificado del papa Liberio, en el siglo IV. Un matrimonio romano, conocido por su profunda fe y su generosidad con los pobres, sufría el dolor de no haber tenido hijos. Sin descendencia a quien legar su considerable patrimonio, ambos decidieron poner sus bienes en manos de la Virgen María y le pidieron que les mostrara cómo emplearlos para mayor gloria de Dios.

La respuesta llegó de forma inesperada.

Durante la noche del 4 al 5 de agosto, tanto los esposos como el papa Liberio habrían recibido el mismo aviso: la Virgen deseaba que se le construyera una iglesia en el lugar que Ella misma señalaría.

A la mañana siguiente ocurrió el prodigio que ha dado nombre a esta advocación. En pleno verano romano, el monte Esquilino apareció cubierto de nieve. El Pontífice acudió en solemne procesión junto al matrimonio y señaló el perímetro del futuro templo siguiendo el dibujo que la nieve marcaba sobre el terreno.

Aquella primera iglesia desaparecería con el paso del tiempo. Décadas después, tras el Concilio de Éfeso, el papa Sixto III levantó sobre aquel lugar la actual Basílica de Santa María la Mayor, que desde entonces se ha convertido en uno de los principales centros de peregrinación mariana del mundo.

El primer gran santuario dedicado a la Madre de Dios

La reconstrucción de la basílica no fue un hecho casual. En el año 431, el Concilio de Éfeso proclamó solemnemente a María como Theotokos, Madre de Dios, frente a la herejía nestoriana. Poco después, Sixto III quiso que Roma contara con un templo digno de aquel acontecimiento doctrinal que marcaría para siempre la historia de la Iglesia.

Santa María la Mayor conserva todavía hoy algunos de los mosaicos paleocristianos más antiguos de Occidente y alberga importantes reliquias de la tradición cristiana, entre ellas las veneradas tablas del pesebre de Belén. También descansan en ella los restos de san Jerónimo, traductor de la Sagrada Escritura al latín, y desde 2025 acoge igualmente la sepultura del papa Francisco, que manifestó durante todo su pontificado una profunda devoción a la Virgen venerada en este templo.

La «Salus Populi Romani»

En el interior de la basílica se custodia uno de los iconos marianos más venerados de la cristiandad: la Salus Populi Romani, la Protectora del Pueblo Romano.

Ante esta imagen han rezado generaciones de fieles y prácticamente todos los pontífices de la época moderna. Benedicto XIV acudía cada sábado para cantar las letanías marianas, mientras que san Pablo V quiso ser llevado ante la Virgen pocas horas antes de morir.

La tradición de encomendar a la Madre de Dios los momentos decisivos de la vida de la Iglesia ha permanecido viva hasta nuestros días, convirtiendo este icono en uno de los mayores símbolos de la piedad mariana de Roma.

María, Reina porque fue la primera en servir

Al concluir el Año Mariano de 1954, el papa Pío XII coronó solemnemente la imagen de la Salus Populi Romani y proclamó la fiesta litúrgica de Santa María Reina, que hoy se celebra el 22 de agosto.

No se trataba de conceder a la Virgen una dignidad nueva. Desde los primeros siglos, la Iglesia la había invocado como Reina del Cielo y de la Tierra. La liturgia vino simplemente a expresar de forma solemne una verdad que el pueblo cristiano llevaba siglos confesando.

De Roma a Vitoria: la Virgen Blanca de España

La advocación de Nuestra Señora de las Nieves encontró también una profunda acogida en España. Uno de sus principales centros de devoción es Vitoria-Gasteiz, donde la imagen de la Virgen Blanca, venerada en la iglesia de San Miguel Arcángel, es patrona de la ciudad desde el siglo XX, aunque su culto se remonta varios siglos atrás. Cada 5 de agosto, miles de vitorianos renuevan su devoción a la protectora de la ciudad, en unas fiestas que tienen precisamente su origen en la celebración de Nuestra Señora de las Nieves.

La imagen, tallada en 1854 por Alejandro Valdivieso, recibe el nombre de Virgen Blanca como expresión popular de la antigua advocación de Nuestra Señora de las Nieves. De este modo, la memoria litúrgica de la dedicación de Santa María la Mayor no solo recuerda el nacimiento del principal santuario mariano de Occidente, sino también una devoción que ha arraigado profundamente en la historia religiosa de España y que sigue viva en ciudades como Vitoria, donde la Virgen Blanca continúa siendo el corazón espiritual de sus fiestas patronales.

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