El patriarca maronita Elías Pedro Hoyek (1843-1931), una de las figuras más relevantes de la historia contemporánea del Líbano y de la Iglesia maronita, fue proclamado beato el pasado 25 de julio durante una celebración presidida por el cardenal Bechara Boutros Rai en Dimane, residencia estival del Patriarcado Maronita, al norte del país. El cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, participó en nombre del papa León XIV.
Según informó ACI MENA, la beatificación quedó formalizada con la lectura de la carta apostólica de León XIV, mediante la cual el Pontífice inscribió oficialmente a Hoyek en el catálogo de los beatos y fijó el 5 de junio como fecha de su memoria litúrgica anual. A la celebración asistieron también numerosos patriarcas y obispos orientales, además de las principales autoridades del país, entre ellas el presidente del Líbano, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam.
¿Quién fue el beato Elías Pedro Hoyek?
Elías Pedro Hoyek nació el 4 de diciembre de 1843 en Helta, al norte del actual Líbano. Ordenado sacerdote en 1870, fue consagrado obispo en 1889 y, diez años más tarde, elegido patriarca de Antioquía de los maronitas, ministerio que desempeñó hasta su fallecimiento, el 24 de diciembre de 1931.

Durante sus 32 años al frente de la Iglesia maronita impulsó la creación de escuelas, promovió numerosas obras de caridad y prestó especial atención a la formación del clero y a la asistencia de los más necesitados. Su patriarcado coincidió con algunos de los momentos más difíciles de la historia del país, especialmente durante la Primera Guerra Mundial, cuando organizó iniciativas para socorrer a la población afectada por la hambruna.
Además de su labor pastoral, desempeñó un papel destacado en el reconocimiento internacional del Gran Líbano tras la caída del Imperio otomano. En la Conferencia de Paz de París de 1919 defendió la creación de un Estado libanés con fronteras propias, motivo por el que es considerado uno de los principales artífices del nacimiento del Líbano moderno.
La Iglesia reconoce en él el testimonio de un pastor entregado a Dios y a su pueblo, cuya vida estuvo marcada por una profunda confianza en la Providencia, resumida en el lema que lo acompañó durante toda su vida: «Dios mío, hágase tu voluntad».
León XIV fija su memoria litúrgica el 5 de junio
La celebración comenzó con la petición formal de beatificación presentada por el obispo maronita de Batroun, Mons. Mounir Khairallah, encargado de promover la causa. A continuación, el vicario general patriarcal y postulador ante la Santa Sede, Mons. Hanna Alwan, presentó una síntesis de la vida del nuevo beato.
Tras la lectura del decreto pontificio, el cardenal Semeraro entregó a la Iglesia maronita cinco ejemplares originales del documento de beatificación. Posteriormente fue presentado el icono oficial del nuevo beato y sus reliquias fueron llevadas en procesión entre los fieles, acompañadas por treinta y dos cirios encendidos en recuerdo de los 32 años que Hoyek permaneció al frente del Patriarcado Maronita.
«La santidad no es un honor concedido por la tierra»
En su homilía, el cardenal Bechara Boutros Rai afirmó que el nuevo beato «se confió por completo a la divina providencia hasta convertirse en un signo luminoso en la historia de la Iglesia y del Líbano».
El patriarca maronita añadió que «la Iglesia no eleva hoy a un hombre a la gloria terrena, sino que da testimonio de la gloria que Dios realizó en él», y recordó que «la santidad no es un honor concedido por la tierra, sino un don divino otorgado a quienes viven fielmente el Evangelio hasta el final».
Dirigiéndose al cardenal Semeraro, Rai subrayó que su presencia expresaba «la profundidad de la comunión entre la Iglesia maronita y la Iglesia de Roma» y transmitía la cercanía del papa León XIV a una comunidad cristiana que «ha permanecido fiel a la fe y a su testimonio de Cristo en Oriente Medio».
El patriarca recordó también el lema del nuevo beato, «Dios mío, hágase tu voluntad», y aseguró que Hoyek «nunca buscó la gloria personal, sino la gloria de Dios y el bien de la persona humana», convencido de que «el Líbano es un mensaje y la persona humana es su mayor tesoro».
Al término de la celebración, el presidente libanés recibió una escultura de un cedro tallada en piedra del país con la imagen del nuevo beato y una de sus reliquias. Tras la bendición final, las reliquias de Elías Pedro Hoyek fueron llevadas en procesión entre los fieles.