San Joaquín y Santa Ana: la Iglesia celebra a los abuelos de Jesús y la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

San Joaquín y Santa Ana: la Iglesia celebra a los abuelos de Jesús y la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores

La Iglesia celebra este 26 de julio la memoria litúrgica de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana. La festividad coincide, además, con la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, instituida por el papa Francisco y celebrada este año bajo el pontificado de León XIV.

Con motivo de esta jornada, el Papa difundió el pasado mes de junio un mensaje centrado en el lema «Yo no te olvidaré» (Is 49,15), en el que invita a redescubrir el lugar de las personas mayores en la vida de la Iglesia, anima a visitar a los abuelos y a quienes viven en soledad, y agradece el testimonio y la oración de tantos ancianos que sostienen diariamente a la comunidad cristiana.

Los padres de la Virgen María

Los Evangelios no ofrecen información sobre los padres de María. La tradición que los identifica como Joaquín y Ana procede principalmente de antiguos escritos apócrifos, especialmente el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del pseudo-Mateo, que inspiraron posteriormente la devoción popular y la iconografía cristiana.

Según esa tradición, Joaquín y Ana vivían en Jerusalén y permanecieron largos años sin poder tener hijos. En la mentalidad judía de la época, la esterilidad era considerada una señal de ausencia de la bendición divina, circunstancia que les ocasionó sufrimiento y humillaciones.

Tras un tiempo de intensa oración y penitencia, un ángel anunció por separado a ambos que serían padres. De ese anuncio nació María, a quien, según la tradición, presentaron en el Templo cuando cumplió tres años para consagrarla a Dios.

Una devoción con siglos de historia

El culto a san Joaquín y santa Ana surgió primero en las Iglesias orientales y posteriormente se extendió a Occidente.

En 1481, el papa Sixto IV incorporó la fiesta de santa Ana al Breviario Romano y fijó su celebración el 26 de julio. Poco más de un siglo después, Gregorio XIII extendió su memoria litúrgica a toda la Iglesia latina. La celebración de san Joaquín fue introducida posteriormente y experimentó diversos cambios de fecha hasta que, con la reforma litúrgica de 1969, ambos esposos quedaron unidos en una única memoria litúrgica el 26 de julio.

«Yo no te olvidaré»

En su mensaje para la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, León XIV tomó como hilo conductor las palabras del profeta Isaías: «Yo no te olvidaré», recordando que el amor de Dios alcanza a cada persona y constituye una respuesta frente a la soledad y al olvido que experimentan muchos ancianos.

El Pontífice advirtió que, con frecuencia, las personas mayores corren el riesgo de quedar relegadas al anonimato, especialmente cuando viven solas o permanecen hospitalizadas, donde su identidad puede verse reducida «al número de su cama o a su patología».

Por ello, afirmó que esta jornada quiere recordar que la Iglesia está llamada a ser «madre de todos» y que en cualquier etapa de la vida cada persona sigue siendo hijo o hija de Dios.

Una invitación a visitar a los mayores

León XIV dirigió una llamada especial a los jóvenes para recuperar la costumbre de visitar a los abuelos, a los mayores de la propia familia y también a quienes no reciben visitas.

El Papa les pidió llevarles «la cercanía y el afecto» de la Iglesia para que el lema de la jornada se traduzca en encuentros concretos. En este contexto recordó una reflexión de su encíclica Magnifica humanitas, donde señala que, aunque las tecnologías multiplican las conexiones, «el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad».

La ancianidad como tiempo de fe y esperanza

El mensaje también presenta la vejez como un tiempo privilegiado para profundizar en la relación con Dios. León XIV recuerda que nunca es tarde para iniciar o retomar una vida espiritual y anima a vivir la propia fragilidad como una oportunidad para abrirse a los demás y confiar más plenamente en el Señor.

Finalmente, el Papa agradece a los mayores el apoyo constante que ofrecen a la Iglesia mediante su oración, especialmente a través del rezo del santo rosario, y les exhorta a unirse a su petición por la paz en un mundo marcado por la guerra y la violencia social, confiando en que Dios «nunca se olvida de nosotros».

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