La negación por parte de la Oficina de Prensa del Vaticano de la absolución del padre Rupnik, acusado de abusar sexualmente de al menos veinte monjas, plantea nuevos interrogantes. Nadie duda de que el padre Rupnik, exjesuita, cuenta con un sistema de protección que puede que esté manipulando un juicio, del que no se sabe nada. Un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede negó categóricamente la noticia publicada por el blog MessainLatino.it de que el padre Marko Rupnik había sido absuelto en el juicio penal que se celebra en el Vaticano, pero tuvo al menos el mérito de arrojar algo de luz sobre un proceso que, a estas alturas, huele a farsa.
Un caso que nunca ha dejado de levantar sospechas
El famoso sacerdote, expulsado de la Compañía de Jesús en 2023, está acusado de abusos sexuales, espirituales y psicológicos contra al menos veinte religiosas durante las décadas de 1980 y 1990. Estas acusaciones fueron consideradas creíbles por el entonces obispo auxiliar de Roma, Daniele Libanori, también jesuita, quien inició una investigación sobre las denuncias contra Rupnik. La Congregación para la Doctrina de la Fe archivó el caso en octubre de 2022 por haber prescrito el delito. Posteriormente, se supo que en 2020 la misma Congregación había excomulgado al padre Rupnik por absolver a un cómplice en confesión, excomunión que el papa Francisco revocó de forma inmediata.
En octubre de 2023, el propio papa Francisco se vio obligado, a raíz de los testimonios de las víctimas y bajo la presión de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, presidida por el cardenal Sean Patrick O’Malley, a levantar la prescripción y pedir al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ya en manos del «fidelísimo» cardenal Víctor Manuel Fernández, que organizara el juicio.
Tres años de retrasos y opacidad
Han transcurrido casi tres años y lo único que hemos visto hasta ahora es la continuación de un sistema de protección y encubrimiento del padre Rupnik al más alto nivel, una situación que era casi un hecho durante el pontificado del papa Francisco, pero que ahora empaña cada vez más el de León XIV.
La Oficina de Prensa del Vaticano ofrece una versión oficial según la cual «los informes sobre cualquier deliberación de los jueces tras el caso del padre Marko Ivan Rupnik carecen por completo de fundamento: la evaluación del caso aún está en curso y el tribunal está examinando la documentación procedente de las diócesis implicadas, de los jesuitas, de las partes interesadas y de la prensa». Esta explicación plantea nuevas preguntas y da la impresión de prolongar las tácticas dilatorias vistas hasta ahora, con la esperanza de que, con el paso del tiempo, la atención disminuya y el padre Rupnik salga ileso.
Promesas incumplidas y un juicio que no llega
Tras la reapertura del caso Rupnik en octubre de 2023, en marzo de 2024 el secretario de la sección disciplinaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el arzobispo John Joseph Kennedy, declaró que la investigación era «delicada», pero se encontraba en una «etapa bastante avanzada». Un año después, en marzo de 2025, una fuente vaticana afirmó que Rupnik sería juzgado por los delitos de «abuso espiritual» y «falso misticismo», y que se esperaba un veredicto «en un futuro no muy lejano».
En enero de 2025, el cardenal Fernández había restado importancia a la gravedad del escándalo Rupnik al declarar, respecto a la larga investigación, que existen «muchos otros casos, algunos quizás más graves pero menos conocidos». Sin concretar a qué casos se refería, añadió que «el dicasterio ha concluido la fase de recopilación de información, que se llevó a cabo en diversos lugares, y ha realizado un análisis inicial. Ya estamos trabajando para establecer un tribunal independiente que procederá a la fase final del proceso penal».
En julio de 2025, Fernández anunció finalmente que los cinco jueces del caso Rupnik habían sido seleccionados, aunque su nombramiento oficial aún se demoraría hasta octubre de 2025. Se desconocen los nombres de esos jueces y los criterios seguidos para su designación, lo que demuestra una opacidad y una falta de transparencia que contradicen, una vez más, las reiteradas declaraciones sobre la seriedad con la que la Iglesia dice afrontar la lucha contra los abusos.
León XIV hereda un caso sin resolver
El pasado 4 de noviembre, el papa León XIV, respondiendo a una pregunta sobre el caso Rupnik, pidió paciencia porque «los procesos judiciales llevan tiempo. Sé que es muy difícil pedir paciencia a las víctimas, pero la Iglesia debe respetar los derechos de todas las personas».
No sabemos si repetiría hoy las mismas palabras, casi nueve meses después. Dados los acontecimientos, todo apunta a que el sistema de encubrimiento y favoritismos que involucra a varios prelados continúa vigente. La declaración de la Oficina de Prensa del Vaticano suena a burla, y el absoluto secretismo —incluidos los nombres de los jueces— bajo el que, según se informa, se está desarrollando este juicio no hace sino alimentar las sospechas.
Quizá la noticia de la absolución no sea cierta, pero, teniendo en cuenta cómo han ido las cosas hasta ahora, no sorprendería que el caso terminara de ese modo.