El cardenal Antonio María Rouco Varela considera que el Valle de los Caídos no necesita una nueva «resignificación», ya que su sentido actual es el de una basílica donde «se reza por todos» los caídos de la Guerra Civil. En la segunda parte de una entrevista concedida a El Debate, el arzobispo emérito de Madrid sostiene que el monumento ha sido vivido durante décadas como «un lugar de reconciliación» y vincula el debate sobre su futuro a las leyes de memoria histórica y memoria democrática.
A pocas semanas de cumplir 90 años, el purpurado también respalda las recientes palabras del presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, sobre la necesidad de anunciar la verdad aunque resulte incómoda, y expresa su confianza en que León XIV abordará la cuestión de los estatutos del Opus Dei con un estilo de gobierno marcado por la comprensión y el respeto al derecho de la Iglesia.
«El Valle de los Caídos lo hemos vivido siempre como un lugar de reconciliación»
Preguntado por el futuro del Valle de los Caídos, el arzobispo emérito de Madrid afirma que las leyes de memoria histórica y memoria democrática plantean serias dificultades porque, a su juicio, reabren una división que la sociedad española había logrado superar durante la Transición.
El antiguo arzobispo de Madrid recuerda que la reconciliación fue uno de los pilares del proceso político iniciado tras la muerte de Francisco Franco y señala que, ya antes de esa etapa, en su experiencia como seminarista, profesor y sacerdote, no percibía una división cotidiana entre españoles de uno u otro bando.
«Lo que no se puede es volver otra vez a una memoria colectiva nacional partida. Eso no es responsable. Cada uno tiene su memoria», afirma.
Desde esa perspectiva, mons. Rouco sostiene que el Valle de los Caídos ya ha adquirido desde hace años un significado distinto al del momento de su construcción.
«El Valle de los Caídos lo hemos vivido siempre como un lugar de reconciliación donde se reza por todos los que murieron en la guerra. Ya está desligado de los elementos concretos de los años en que fue construido».
Por ello, el purpurado rechaza la idea de una nueva «resignificación» del conjunto monumental.
«¿Hay que resignificar el Valle de los Caídos? Es una basílica donde se reza. Ya está. Pero claro, es una consecuencia de la Ley de Memoria Histórica y Memoria Democrática».
«Hay que decir la verdad, aunque cueste»
Durante la entrevista concedida a El Debate, el cardenal también se refiere a la polémica suscitada por las declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, quien citó a san Agustín al afirmar que «cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones».
El prelado gallego recuerda haber escuchado esa misma idea en una intervención del entonces cardenal Joseph Ratzinger durante un acto celebrado en la catedral de Espira, en Alemania, y defiende que forma parte de la misión de los obispos anunciar la verdad incluso cuando ello provoque incomprensión o críticas.
«En el ejercicio del Magisterio de la Palabra por parte del obispo y de la Conferencia Episcopal de obispos, hay que decir la verdad, y hay que proclamarla. Puede costar algo, te puede costar… Siempre ha costado».
El expresidente de la Conferencia Episcopal Española añade que el anuncio del Evangelio siempre ha encontrado oposición y recuerda que, aunque hoy no implique el martirio de sangre, sigue suponiendo afrontar comentarios ofensivos o respuestas agresivas.
Confianza en León XIV respecto al Opus Dei
Preguntado también por la revisión de los estatutos del Opus Dei, el cardenal gallego reconoce no disponer de información sobre el estado concreto de los trabajos en el Vaticano, pero manifiesta su confianza en la forma de proceder de León XIV.
A juicio de mons. Rouco, el Papa pone el acento en la comprensión, la caridad y el acompañamiento pastoral, por lo que cree que resolverá esta cuestión evitando heridas innecesarias.
«Yo creo que el Santo Padre va a actuar sin herir. No hay necesidad de herir».
El arzobispo emérito concluye subrayando que la sinodalidad no puede interpretarse de un modo que desdibuje «los elementos constitucionales por derecho divino de la Iglesia» y recuerda que el ejercicio de la autoridad eclesiástica debe desarrollarse siempre conforme al derecho canónico y al derecho divino.