La denuncia de un sacristán de Madrid: una luz adherida a la custodia como Hostia para que «quedara más artística»

La denuncia de un sacristán de Madrid: una luz adherida a la custodia como Hostia para que «quedara más artística»

Un sacristán de Madrid ha denunciado públicamente que, durante la Adoración Eucarística, se habría colocado una pequeña lámpara detrás de la Hostia consagrada y fijado el conjunto con cinta adhesiva para producir un efecto visual «más artístico» e incluso llegado a reemplazar completamentela Sagrada Forma por un foco redondo dentro de la misma custodia, sin exponer realmente al Señor en el momento de la Adoración. En un vídeo difundido en redes sociales por Betania TV, el trabajador de la iglesia muestra el dispositivo y sostiene que la práctica no constituye únicamente una innovación litúrgica impropia, sino una posible profanación de la Eucaristía.

Según su testimonio, el sacerdote responsable le habría pedido que pegara la luz directamente al viril —la pieza circular que sostiene la Sagrada Forma dentro de la custodia— porque colocarla en el exterior del cristal no producía el efecto estético deseado.

«Como si el Señor necesitara una luz para resplandecer»

El sacristán relata que encontró la custodia guardada junto con el mecanismo utilizado para iluminar la Hostia. Mientras muestra la pequeña lámpara, critica que la Eucaristía sea tratada como un elemento escenográfico.

«Queda más artístico, parece que el Señor está resplandeciendo. Como si el Señor necesitara luz para resplandecer», afirma en la grabación.

De acuerdo con su versión, en ocasiones anteriores la luz había sido adherida por fuera de la custodia, sin entrar en contacto con el viril. Sin embargo, asegura que esta vez se le habría solicitado colocarla en el interior porque de otro modo «no queda artístico».

El denunciante insiste en que la Sagrada Forma utilizada estaba consagrada y se encontraba expuesta en el lugar de la celebración. También menciona otra ocasión en la que, presuntamente, se habría utilizado una bandera como parte de la ambientación de una oración eucarística.

La Eucaristía convertida en escenografía

La cuestión no es si una luz produce un efecto visual más o menos atractivo. El problema es la mentalidad que convierte el altar, la custodia y la propia Eucaristía en materiales disponibles para la creatividad del celebrante.

La liturgia no es una representación teatral ni una instalación artística. Tampoco pertenece al sacerdote, al equipo de pastoral o a quien organiza el acto. La Iglesia recibe y custodia una forma de culto cuyo centro es Cristo, no la necesidad de sorprender a los asistentes con efectos visuales, músicas ambientales o recursos escenográficos.

Incluso en el supuesto de que la cinta adhesiva no tocara directamente la Hostia, fijar una lámpara al viril para realzar artificialmente su apariencia revela una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado. La custodia no es un soporte para experimentos y la Sagrada Forma no puede quedar subordinada a una composición estética.

Más grave sería todavía que el adhesivo o cualquier objeto extraño hubiese entrado en contacto directo con una Hostia consagrada. En tal caso, ya no se trataría de una simple extravagancia ceremonial, sino de una actuación objetivamente incompatible con el cuidado y la reverencia que exige el Santísimo Sacramento.

«No uséis a Cristo»

«Ya basta de usar la Eucaristía como propaganda. Al que estáis usando es a Cristo», declaró el sacristán.

Y añade, dirigiéndose directamente a los sacerdotes: «No uséis a Cristo. Adoradle, glorificadle, pero no lo uséis para vuestro propósito ni para sentimentalidades. Cristo es más grande que todo eso».

Su protesta señala un problema que va mucho más allá de esta celebración concreta. Durante años, bajo el argumento de hacer la liturgia más «cercana», «creativa» o «atractiva», se han introducido elementos ajenos al culto que terminan desplazando la atención desde el misterio celebrado hacia la originalidad de quienes lo organizan.

Cuando la preocupación principal consiste en que la Eucaristía «quede artística», algo esencial ya se ha perdido. La belleza litúrgica no nace de adherir luces a una custodia, proyectar imágenes o transformar el presbiterio en un escenario. Nace de celebrar con fe, obediencia y reverencia aquello que la Iglesia ha recibido.

La Eucaristía no necesita artificios para mostrar la presencia de Cristo. Mucho menos necesita ser manipulada para adaptarse a la sensibilidad estética de un celebrante. Allí donde la adoración es sustituida por la escenografía, la liturgia deja de conducir hacia Dios y comienza a girar en torno a quienes pretenden reinventarla.

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