El obispo Marc Aillet advierte a los diputados católicos franceses: «Si votan a favor de la eutanasia, no podrán comulgar»

El obispo Marc Aillet advierte a los diputados católicos franceses: «Si votan a favor de la eutanasia, no podrán comulgar»

Ante la próxima votación del proyecto de ley sobre la eutanasia en la Asamblea Nacional francesa, prevista para este 15 de julio, el obispo de Bayona, Lescar y Oloron, monseñor Marc Aillet, ha lanzado una seria advertencia a los parlamentarios católicos que apoyen la iniciativa. En una entrevista concedida a France Catholique, el prelado sostiene que un voto favorable a una ley que autorice provocar deliberadamente la muerte constituye una grave contradicción con la fe católica y tiene consecuencias espirituales.

«Los parlamentarios católicos que hayan votado este proyecto de ley deben sopesar sus consecuencias. Si son conscientes de esta incoherencia, ya no podrán comulgar», afirma el obispo, quien invita a los diputados a realizar «un examen de conciencia sincero» antes de emitir su voto.

«Una profunda contradicción con la fe»

Monseñor Aillet subraya que el rechazo de la eutanasia no responde únicamente a una convicción religiosa, sino también a la ley natural, fundamento del respeto a toda vida humana. Por ello, considera que un diputado que se declara católico y al mismo tiempo apoya una legislación que permite dar muerte a un paciente «se sitúa objetivamente en oposición con una enseñanza constante de la Iglesia».

El obispo recuerda además que la instrucción Samaritanus Bonus, publicada por la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe, reafirma que la eutanasia constituye «un acto intrínsecamente malo, cualquiera que sea la circunstancia».

La verdadera compasión pasa por cuidar, no por eliminar

Frente a quienes presentan la eutanasia como un gesto de humanidad, Aillet distingue entre la auténtica compasión y lo que san Juan Pablo II denominó una «falsa misericordia».

A su juicio, una sociedad verdaderamente fraterna responde al sufrimiento desarrollando los cuidados paliativos, el acompañamiento psicológico, familiar y espiritual, en lugar de ofrecer la muerte como solución. También denuncia que el debate público se encuentra condicionado por «un intenso bombardeo mediático influido por poderosos lobbies», lo que, en su opinión, contribuye a oscurecer las conciencias.

El acompañamiento espiritual y las exequias cristianas

Preguntado por las personas que solicitan la eutanasia, el obispo recuerda que el suicidio sigue siendo objetivamente contrario a la voluntad de Dios, aunque insiste en que cada situación requiere un discernimiento pastoral concreto.

El sacerdote, explica, debe ayudar a la persona a recuperar la esperanza, reconciliarse con Dios y renunciar a su propósito de poner fin a su vida. Respecto a la celebración de funerales cristianos, señala que cada caso debe estudiarse con prudencia, teniendo en cuenta, entre otros aspectos, la posible existencia de signos de arrepentimiento antes de la muerte, evitando siempre transmitir la impresión de que la Iglesia aprueba la eutanasia.

Defensa de la objeción de conciencia

El prelado manifiesta también su preocupación por la situación de los profesionales sanitarios, que podrían verse obligados a participar en procedimientos eutanásicos pese a haber elegido su profesión para «curar, aliviar y acompañar».

Por ello reclama que la cláusula de conciencia quede plenamente garantizada y defiende igualmente el derecho de los hospitales y centros sanitarios católicos a negarse a aplicar la futura ley. «Una sociedad verdaderamente democrática no puede exigir a instituciones fundadas sobre el respeto incondicional a la vida que actúen contra sus convicciones más fundamentales», sostiene.

Esperanza ante la visita de León XIV

En la parte final de la entrevista, Aillet se refiere a la próxima visita de León XIV a Francia, cuyo lema será «Para que el mundo tenga vida». Aunque reconoce que la ley podría aprobarse antes de la llegada del Pontífice, afirma que ello no elimina el deber de los cristianos de seguir dando testimonio.

El obispo espera que el Papa recuerde «con fuerza la dignidad inalienable de toda vida humana», anime a las familias, sanitarios y voluntarios que acompañan a los enfermos y ancianos y, sobre todo, renueve la esperanza de los fieles. «Una sociedad se debilita cuando presenta la muerte como una solución. Cristo vino para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia», concluye.

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