Las declaraciones del arzobispo-abad de Módena-Nonantola y obispo de Carpi, monseñor Erio Castellucci, han abierto una nueva controversia sobre la liturgia y el sacerdocio ministerial. En una entrevista concedida a Notizie Carpi, el prelado planteó la posibilidad de una «copresidencia» de la Eucaristía entre un sacerdote y una mujer, una fórmula desconocida tanto para la tradición litúrgica de la Iglesia como para el derecho canónico y el Magisterio.
«Mientras las mujeres no puedan acceder al ministerio ordenado, y por tanto tampoco al diaconado, se podría imaginar una presidencia compartida de la Eucaristía: una mujer presidiría la liturgia de la Palabra y un sacerdote presidiría la liturgia eucarística. Sería una profecía de la copresidencia», afirmó Castellucci.
La propuesta introduce un concepto inexistente en la doctrina litúrgica católica. La Iglesia nunca ha contemplado una «copresidencia» de la misa ni entiende la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística como dos celebraciones autónomas susceptibles de ser presididas por personas distintas. La Eucaristía constituye un único acto de culto cuyo presidente es el sacerdote o el obispo, que actúa in persona Christi.
Una propuesta ajena a la disciplina de la Iglesia
Aunque los fieles laicos —hombres y mujeres— pueden ejercer diversos ministerios durante la celebración, como proclamar las lecturas (excepto el Evangelio), dirigir el canto o desempeñar otros servicios litúrgicos instituidos, la presidencia de la misa pertenece exclusivamente al ministro ordenado.
Por ello, la terminología empleada por Castellucci va más allá de una simple ampliación de la participación de los laicos. Al hablar de «copresidencia», introduce una categoría que no existe en los libros litúrgicos ni en el Código de Derecho Canónico y que afecta directamente a la comprensión católica del sacerdocio ministerial y de la propia naturaleza de la Eucaristía.
Un debate ya resuelto por el Magisterio
Las declaraciones del arzobispo se producen mientras algunos sectores eclesiales continúan reclamando una ampliación del papel sacramental de la mujer en la Iglesia. Sin embargo, el Magisterio ha fijado límites precisos sobre esta cuestión.
En la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis, san Juan Pablo II declaró que «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres». Asimismo, las distintas comisiones creadas durante los últimos pontificados para estudiar el eventual diaconado femenino no han desembocado en modificación alguna de la disciplina eclesiástica.
En este contexto, la propuesta de una «copresidencia» de la misa suscita interrogantes doctrinales que van más allá de una mera iniciativa pastoral, al afectar a elementos esenciales de la celebración eucarística definidos por la tradición constante de la Iglesia.
A la espera de una aclaración
Hasta el momento, ni el Dicasterio para la Doctrina de la Fe ni el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se han pronunciado sobre las declaraciones de Castellucci.
Mientras tanto, la iniciativa del arzobispo italiano vuelve a poner de manifiesto las tensiones existentes entre determinadas propuestas pastorales impulsadas en algunos ámbitos eclesiales y la doctrina litúrgica y sacramental mantenida de forma constante por la Iglesia. Queda por ver si la Santa Sede considera oportuno aclarar públicamente una propuesta que, por su formulación, carece de precedentes en la tradición litúrgica católica.