Los benedictinos tradicionales de Le Barroux devuelven la vida a la abadía milenaria de Bellefontaine

Los benedictinos tradicionales de Le Barroux devuelven la vida a la abadía milenaria de Bellefontaine

Doce monjes de Sainte-Madeleine du Barroux se instalan oficialmente este sábado en el monasterio angevino que los trapenses abandonaron en noviembre, asegurando la continuidad de casi mil años de vida monástica.

Este sábado 11 de julio, la abadía de Notre-Dame de Bellefontaine, en la región francesa de las Mauges (Anjou), recibe oficialmente a una nueva comunidad monástica: doce monjes procedentes de la abadía de Sainte-Madeleine du Barroux, uno de los monasterios benedictinos más pujantes de Francia y referencia de la liturgia tradicional.

La llegada de los monjes de Le Barroux pone fin a meses de incertidumbre sobre el futuro del monasterio. El 13 de noviembre de 2025, los últimos trapenses abandonaron Bellefontaine, cerrando más de dos siglos de presencia ininterrumpida. El progresivo envejecimiento de la comunidad hizo inviable su continuidad, y su marcha fue vivida con enorme emoción en toda la comarca, donde muchos temían que el vacío tardara años en llenarse.

Casi mil años de oración

La instalación de los benedictinos es mucho más que la simple sustitución de una comunidad por otra: supone el regreso de los hijos de San Benito a un monasterio cuyos orígenes se remontan a comienzos del siglo XII. Ya hacia el año 1010 vivían ermitaños en este valle de las Mauges, y en la Edad Media Bellefontaine llegó a ser una abadía de notable importancia. En 1305, Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, conoció allí su elección al pontificado —con el nombre de Clemente V— y regaló al monasterio una imagen de la Virgen que todavía hoy se conserva en la iglesia abacial.

A lo largo de los siglos se sucedieron en el lugar diversas familias monásticas —benedictinos, cistercienses, fulienses y finalmente trapenses—, pero siempre bajo una misma tradición espiritual: la Regla de San Benito. Tras las destrucciones de la Revolución francesa, la vida monástica renació en 1816 gracias al padre Urbain Guillet, que estableció allí una comunidad trapense. Durante el siglo XIX, esa comunidad conoció un crecimiento notable, fundó varios monasterios —entre ellos uno en Estados Unidos ya en 1880— e hizo de Bellefontaine un lugar de retiro espiritual querido por generaciones de fieles.

«Seguir las señales del cielo»

La comunidad llamada ahora a recoger el testigo es la de la abadía de Sainte-Madeleine du Barroux, fundada en 1978 por Dom Gérard Calvet y que cuenta hoy con unos sesenta y cinco monjes, una vitalidad poco común en el panorama monástico francés que le ha permitido enviar a doce religiosos a Anjou para establecer esta nueva fundación.

Para Dom Louis-Marie, abad de Le Barroux, la decisión es ante todo fruto de un discernimiento espiritual: «Desde el principio se ha tratado de seguir las señales del cielo y las señales del Señor», confía. Y recuerda la continuidad entre ambas comunidades: «Los trapenses son benedictinos. Nosotros también somos benedictinos».

Fieles a la liturgia tradicional celebrada según los libros litúrgicos de 1962, los monjes de Le Barroux subrayan no obstante que su vocación es ante todo la oración: «Somos hombres de oración, y ese es nuestro oficio principal. No somos guerreros, no somos políticos, no somos influencers. Vivimos en clausura, con la irradiación natural de una abadía que reza», explica Dom Louis-Marie.

Un signo de esperanza para el monacato francés

El alcance de esta instalación desborda las fronteras de Anjou. Más de tres siglos después de la marcha de los benedictinos en 1642, y dos siglos después de la llegada de los trapenses, la tradición benedictina recupera su lugar en este valle donde la oración monástica se eleva al cielo desde hace casi un milenio.

En un momento en que tantas comunidades religiosas luchan por asegurar su continuidad, Bellefontaine ofrece un signo de esperanza para el monacato francés: allí donde la liturgia tradicional y la fidelidad a la Regla florecen, las vocaciones acompañan.

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