La CEE clausura su Escuela de Verano con un ministro de Sánchez como última voz sobre la democracia

La CEE clausura su Escuela de Verano con un ministro de Sánchez como última voz sobre la democracia
Foto: CEE

Durante tres días, la Conferencia Episcopal Española reunió en Madrid a obispos, filósofos, juristas, diplomáticos, profesores universitarios y responsables políticos para reflexionar sobre la crisis de las democracias occidentales, el deterioro antropológico de la sociedad y la aportación de la Doctrina Social de la Iglesia al bien común. El programa abordó cuestiones como la pérdida de fundamentos morales, el relativismo, la polarización, la justicia social, el papel del multilateralismo o los desafíos del mundo digital.

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Sin embargo, la imagen con la que concluyó la Escuela de Verano organizada por la Conferencia Episcopal Española, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Fundación Pablo VI fue la de José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Pedro Sánchez, pronunciando el discurso de clausura desde el mismo atril en el que, minutos antes, se habían escuchado severas críticas al rumbo cultural y antropológico de Occidente.

No fue una presencia improvisada ni fruto del protocolo institucional. Antes de cederle la palabra, el secretario general de la Conferencia Episcopal, Mons. Francisco César García Magán, quiso agradecer expresamente la disponibilidad del ministro para participar en la clausura. Reveló incluso que, tras un encuentro personal mantenido con Albares en su casa, este aceptó la invitación «desde el momento uno» y que tanto él como su equipo habían hecho «filigranas» para poder asistir al acto.

García Magán interpretó esa presencia como «un aprecio» hacia la iniciativa de la Conferencia Episcopal y llegó a emplazar públicamente al ministro a participar también en la edición del próximo año, adelantándose incluso —bromeó— al propio presidente de la CEE y a la Comisión Ejecutiva para renovar la invitación

En cualquier encuentro académico o institucional, la clausura representa el broche final y el mensaje con el que se quiere despedir a los participantes. En este caso, la última palabra sobre democracia, dignidad humana y orden internacional no la tuvo un obispo ni uno de los especialistas que durante tres días habían analizado la crisis de la civilización occidental, sino un ministro del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Albares presentó la política del Gobierno como un proyecto de inspiración humanista

Lejos de limitarse a unas palabras institucionales, José Manuel Albares utilizó la clausura para reivindicar las líneas maestras de la política exterior del Ejecutivo.

El ministro presentó la acción internacional del Gobierno como un proyecto asentado en la democracia, los derechos humanos y el humanismo. «Esos son también los valores que guían la política exterior humanista de España», afirmó durante su intervención.

Para reforzar ese planteamiento recurrió en varias ocasiones al magisterio de León XIV. Aseguró compartir con el Pontífice la idea de que la tecnología debe estar «al servicio de las personas y del bien común» y afirmó coincidir también con su defensa de una democracia que favorezca la participación efectiva de los ciudadanos en la búsqueda del bien común.

De este modo, el ministro vinculó el discurso internacional del Gobierno con algunos de los principios expresados recientemente por el Papa, precisamente en un foro convocado para reflexionar sobre la crisis antropológica y moral de las democracias occidentales.

Foto: CEE

Naciones Unidas, política exterior feminista y agenda internacional

La segunda parte de su intervención estuvo dedicada a defender el papel internacional del Ejecutivo.

Albares reivindicó a Naciones Unidas como el eje del orden internacional y afirmó que España es «uno de los principales defensores del multilateralismo», situando a la ONU «en el centro» de su política exterior. Incluso sostuvo que España y la Santa Sede comparten «la defensa de los valores y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas».

Como ejemplo de esa estrategia destacó la reciente Conferencia Internacional sobre Política Exterior Feminista, organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores «para seguir avanzando en la defensa de los derechos de las mujeres y las niñas en todo el mundo». Añadió que España ha incrementado su financiación a los programas de Naciones Unidas, ha reforzado su respaldo a los mecanismos internacionales de justicia y aspira a convertirse en «un refugio para el multilateralismo».

El ministro defendió asimismo la política migratoria del Gobierno como una actuación basada «en la responsabilidad, pero también en la humanidad y en el respeto de los derechos fundamentales», al tiempo que insistió en la necesidad de combatir la desinformación y regular el espacio digital para proteger la democracia.

Mucho más que un gesto protocolario

La Escuela de Verano que llevaba por título El colapso de la democracia. La oportunidad para una geopolítica al servicio del ser humano, durante tres días trancurrió entre reflexiones sobre la necesidad de recuperar una concepción auténtica de la persona, fortalecer la sociedad civil, reconstruir la cultura democrática y afrontar el invierno demográfico que atraviesa Europa.

Finalmente, el cierre quedó reservado a un representante de un Gobierno que ha impulsado algunas de las políticas más criticadas por la propia Iglesia en materias como el aborto, la legislación sobre identidad de género o la transformación antropológica promovida desde distintos organismos internacionales.

Las clausuras nunca son un simple trámite organizativo. Constituyen una decisión institucional y proyectan un mensaje.

En esta ocasión, el último discurso de unas jornadas dedicadas a reflexionar sobre la crisis moral de las democracias occidentales no correspondió a la Doctrina Social de la Iglesia, sino a un ministro que defendió desde una tribuna organizada por la Conferencia Episcopal el humanismo del Gobierno, el liderazgo de Naciones Unidas, la política exterior feminista y la acción internacional del Ejecutivo, presentando esos planteamientos como convergentes con el magisterio de León XIV.

Esa fotografía difícilmente puede interpretarse como un detalle menor. Resume, una vez más, la disposición de una parte de la jerarquía española a ofrecer reconocimiento institucional a un Gobierno al que continúa brindando espacios de legitimación pública incluso en aquellos foros concebidos para reflexionar sobre la crisis cultural y moral de nuestro tiempo.

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