La arquidiócesis de Chicago, presidida por el cardenal Blase Cupich, ha afirmado que las personas fallecidas por suicidio «están con Dios, no condenadas» con motivo de la inauguración de un nuevo memorial dedicado a las víctimas del suicidio. La expresión, recogida en el comunicado oficial de la arquidiócesis, ha suscitado atención por la forma en que presenta la enseñanza de la Iglesia sobre el destino eterno de quienes se quitan la vida.
El memorial, denominado At Peace («En paz»), fue inaugurado el pasado 26 de junio en el cementerio católico Queen of Heaven, en Hillside (Illinois). Según la arquidiócesis, es el primer memorial promovido por una arquidiócesis católica de Estados Unidos dedicado específicamente a las personas fallecidas por suicidio y a sus familiares.
Un memorial para acompañar a las familias
El monumento fue concebido como un lugar de oración, recuerdo y acompañamiento para quienes han perdido a un ser querido por suicidio.
«Este santuario recuerda que nadie vive el duelo en soledad y que toda persona está sostenida por el amor misericordioso de Dios», afirmó el obispo Lawrence J. Sullivan, vicario general de la arquidiócesis de Chicago. «Para las familias que cargan con el dolor de haber perdido a un ser querido por suicidio, queremos que este sea un lugar de paz, sanación y consuelo».
La iniciativa surgió durante la pandemia de COVID-19, cuando aumentó la preocupación por los problemas de salud mental. El proyecto fue desarrollado con la colaboración de responsables pastorales, especialistas en salud mental y miembros del programa Loving Outreach to Survivors of Suicide (LOSS) de Catholic Charities.
El memorial ha sido dedicado al padre Charles Rubey, sacerdote que durante cincuenta años ha acompañado a familias afectadas por el suicidio. Durante la inauguración, Rubey aseguró que la iniciativa refleja «la disposición de la Iglesia a reconocer antiguos malentendidos sobre el suicidio» y sostuvo que muestra a las familias que «sus seres queridos están con Dios, sus vidas eran sagradas y forman parte de los fieles».
«Están con Dios, no condenados»
El comunicado oficial de la arquidiócesis afirma que la Iglesia «ha experimentado una transformación significativa» en su comprensión del suicidio y de la enfermedad mental y sostiene que «ahora abraza a estas personas y afirma que están con Dios, no condenadas».
Sin embargo, el Catecismo de la Iglesia Católica mantiene una formulación distinta. Recuerda que la vida pertenece a Dios y que el hombre es administrador, pero no propietario de ella (CEC 2280). En ese contexto enseña que «el suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida», que «es gravemente contrario al justo amor de sí mismo», «ofende también al amor del prójimo» y «es contrario al amor del Dios vivo» (CEC 2281).
Al mismo tiempo, la Iglesia reconoce que «trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida» (CEC 2282).
Por ello, el Catecismo concluye que «no se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte», ya que «Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador». Finalmente añade que «la Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida» (CEC 2283).
La formulación del Catecismo invita, por tanto, a confiar en la misericordia de Dios respecto de cada caso concreto, pero evita afirmar de manera general que quienes se suicidan «están con Dios», como hace el comunicado de la arquidiócesis de Chicago.