Mons. Piero Pioppo pronuncia en la Escuela de Verano de la Conferencia Episcopal una conferencia sobre el consenso moral que enmienda de raíz el liberalismo procedimental: sin verdad sobre el hombre, la democracia se queda en «mera formalidad».
El Nuncio Apostólico en España, Mons. Piero Pioppo, intervino el pasado 7 de julio en la Escuela de Verano organizada por la Conferencia Episcopal Española, la Fundación Pablo VI y la Universidad Pontificia de Salamanca, dedicada al «colapso de la democracia». Su conferencia, titulada El consenso moral como fundamento de la sociedad democrática, recorre de Cicerón a Ratzinger, pasa por la Transición española y desemboca en el reciente discurso de León XIV ante las Cortes Generales del 8 de junio.
Pero lejos de quedarse en un elogio genérico de la democracia, el representante del Papa en España dejó afirmaciones de notable calado doctrinal —y de evidente lectura política— sobre el aborto, la eutanasia, la libertad educativa de los padres y el fundamento último de todo consenso: Jesucristo.
1. La dignidad no la vota nadie
El pasaje central de la conferencia sitúa la dignidad humana por encima de cualquier mayoría parlamentaria, apoyándose en Benedicto XVI y su discurso ante el Bundestag:
«Por lo tanto, la sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana, que precede al Estado y no está subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento. Desde este debido respeto a la dignidad humana se derivan, entre otras, las siguientes consecuencias: la justicia pone límites a la fuerza; el poder necesita legitimidad; los pobres pertenecen a la comunidad y el extranjero es acogido conforme a su dignidad, esto último como parte del rico patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia que sugiere al Estado la atención a los más necesitados. Así lo recordó, con altura de miras, el Santo Padre en varios de sus discursos durante su estancia en nuestro País.»
2. De la concepción al ocaso natural: el dardo a las leyes de aborto y eutanasia
Glosando el discurso de León XIV ante las Cortes, el Nuncio recordó a los legisladores españoles cuál es la primera víctima cuando la dignidad «se oscurece»:
«En consecuencia, toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Porque, cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona. Por eso, la grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad. Cuando esta convicción permanece viva, el derecho se convierte en amparo de todos y en garantía frente a la imposición de intereses y agendas particulares.»
3. La libertad no es elegir, es adherirse al bien
Frente a la concepción liberal de la libertad como mera ausencia de coacción, Pioppo propuso la definición clásica, citando la Dignitatis humanae:
«La libertad de pensamiento, de conciencia y de religión son los pilares sobre la que se edifica el Estado contemporáneo. Ser libre no es solo ausencia de coacción o disponer de posibilidades de elección. Es también reconocer el bien y adherirse a él responsablemente. Toda sociedad libre requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que se salvaguarde la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones.»
4. Los padres, no el Estado, eligen la educación de sus hijos
En plena vigencia de la legislación educativa española, el Nuncio subrayó —con cita del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos— un derecho que calificó de «primario e inalienable»:
«Muchos padres depositan grandes esperanzas en las instituciones educativas como valiosas aliadas en la educación de los hijos. Esta colaboración ha de respetar siempre el derecho primario e inalienable de los padres a elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas. Los valores de la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, la justicia o la reciprocidad serían mera formalidad sin el respeto a la verdad sobre el ser humano y a los valores objetivos que dimanan de la dignidad de la persona humana. El Estado requiere de una base moral previa para no caer en la arbitrariedad.»
5. La clave de bóveda: solo Cristo revela la verdad sobre el hombre
La conclusión de la conferencia abandona el terreno de la razón compartida y proclama sin ambages el fundamento cristológico de todo consenso posible:
«La clave de bóveda del consenso moral, en todos los ámbitos de la vida humana, los que han sido objeto de esta reflexión y los que le son complementarios (perdón, tolerancia, diálogo, coexistencia, etc.) es que la verdad sobre el hombre la revela solo Jesucristo y es comunicada por su Iglesia: somos y estamos llamados a vivir como Hijos de Dios y hermanos en Cristo. Un futuro mejor depende de la formación y consolidación de la conciencia moral y de la colaboración de todos. Solo la Verdad nos hace libres (Jn 8, 32) y hay que buscarla con sincero corazón. Quien la busca, como la buscaba San Agustín con su corazón inquieto, la acaba encontrando y, desde ese encuentro con la Verdad, viene iluminado el entendimiento humano para que podamos constituir las bases de un auténtico consenso moral como fundamento de la sociedad democrática.»
La conferencia completa está publicada en la web de la Fundación Pablo VI dentro de la documentación de la I Escuela de Verano sobre «El colapso de la democracia. La oportunidad de una geopolítica al servicio del ser humano».