El último número de Donne Chiesa Mondo, el suplemento mensual de L’Osservatore Romano, ha suscitado una nueva controversia por el tratamiento que dedica a la figura del demonio. Bajo el título «El diablo en nosotros», la publicación reúne varios artículos que abordan el mal desde perspectivas bíblicas, psicológicas y culturales, un planteamiento que ha sido criticado por diluir la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la existencia personal de Satanás.
El foco de la polémica se encuentra en un artículo de la teóloga italiana Marinella Perroni, profesora de Nuevo Testamento y una de las fundadoras de la Coordinación de Teólogas Italianas. En su ensayo, titulado «La serpiente, la mujer y el fruto. ¿Y Satanás?», sostiene que en el relato del Génesis «no hay ningún diablo» y explica que la identificación de la serpiente con Satanás es una interpretación desarrollada posteriormente dentro de la tradición judía y cristiana.
Una lectura histórico-crítica del Génesis
Perroni recuerda que el texto de Génesis 3 no identifica explícitamente a la serpiente con el demonio y sitúa el desarrollo de la demonología judía en un periodo posterior, marcado por la influencia de otras culturas del Próximo Oriente y del mundo helenístico.
Asimismo, sostiene que determinadas interpretaciones posteriores del relato bíblico contribuyeron a asociar la mujer, el pecado y el diablo dentro de una visión patriarcal de las relaciones entre los sexos.
El artículo se enmarca en un número monográfico dedicado al mal, en el que otras colaboraciones abordan la figura del demonio desde perspectivas psicológicas, culturales y sociales. Entre ellas figura un texto de la escritora Dacia Maraini, que reflexiona sobre el origen del mal en el ser humano, así como diversos artículos que relacionan la experiencia del «diablo» con fenómenos como la culpa, las heridas personales o las presiones sociales.
Críticas por omitir la doctrina de la Iglesia
Según expone en un análisis más extenso el portal Silere non possum, el planteamiento general del número termina presentando al demonio principalmente como una construcción cultural o un símbolo del mal, dejando en un segundo plano la enseñanza constante del Magisterio sobre su existencia personal.
Entre las objeciones planteadas figura la ausencia de referencias al IV Concilio de Letrán (1215), que definió que el diablo y los demás demonios fueron creados buenos por Dios y que se hicieron malos por decisión propia, así como al Catecismo de la Iglesia Católica, que en los números 391 a 395 presenta a Satanás como un ángel caído y no como una mera metáfora.
Los críticos recuerdan igualmente las palabras pronunciadas por san Pablo VI en una audiencia general de 1972, cuando afirmó que «se aparta del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia», así como las frecuentes referencias del papa Francisco a la acción personal del demonio en la vida cristiana.
Un debate que vuelve al órgano oficial de la Santa Sede
La controversia resulta especialmente significativa por tratarse de un suplemento editado bajo la cabecera de L’Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede. Aunque Donne Chiesa Mondo cuenta con una línea editorial propia y sus artículos no tienen carácter magisterial, sus contenidos suelen suscitar atención por publicarse en el periódico oficial del Vaticano.
No es la primera vez que el suplemento genera debate por el enfoque de algunos de sus artículos sobre cuestiones teológicas o eclesiales. En esta ocasión, la discusión gira en torno a un asunto central de la fe católica: la comprensión del demonio y la manera en que debe interpretarse el testimonio de la Sagrada Escritura a la luz de la tradición y del Magisterio de la Iglesia.