El cardenal Koch cree que todavía es posible reconciliar a la FSSPX con Roma

El cardenal Koch cree que todavía es posible reconciliar a la FSSPX con Roma

Las recientes consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) sin mandato pontificio no cierran definitivamente la puerta a una futura reconciliación con Roma. Así lo considera el cardenal Kurt Koch, prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, quien se ha mostrado convencido de que todavía será posible reabrir el diálogo con la Fraternidad fundada por monseñor Marcel Lefebvre.

En el último episodio del pódcast de la revista alemana Communio, el purpurado suizo afirmó que una excomunión tiene como finalidad invitar al arrepentimiento y favorecer el regreso a la plena comunión eclesial. Por ello, expresó su esperanza de que en el futuro puedan retomarse las conversaciones «para que encuentren nuevamente el camino hacia la Iglesia católica».

El debate sobre la Tradición tras el Concilio

Koch enmarcó la actual situación de la FSSPX dentro de un fenómeno recurrente en la historia de la Iglesia. Recordó que, tras diversos concilios ecuménicos, surgieron grupos que acusaron a la Iglesia de haber traicionado la Tradición e introducido novedades incompatibles con la fe recibida.

A su juicio, la verdadera cuestión consiste en discernir cómo permanecer fieles a la Tradición sin dejar de responder a los nuevos desafíos de cada época. El cardenal considera que ese equilibrio constituye precisamente el núcleo del conflicto con la Fraternidad San Pío X.

Aunque reconoce que el Concilio Vaticano II sigue siendo un acontecimiento relativamente reciente en la historia de la Iglesia, se mostró confiado en que el paso del tiempo facilite nuevas vías de entendimiento.

«También debemos hacer examen de conciencia»

El prefecto del dicasterio ecuménico sostuvo además que el debate suscitado por la FSSPX debería llevar también a la Iglesia a revisar determinadas interpretaciones posteriores al Concilio.

En este sentido, afirmó que sería conveniente «golpearse el pecho» y preguntarse qué aspectos necesitan corrección para poder demostrar que muchos de los problemas denunciados por la Fraternidad no proceden de los documentos conciliares, sino de determinadas tendencias surgidas después del Vaticano II.

Según Koch, solo distinguiendo entre el Concilio y algunas interpretaciones posteriores será posible responder con credibilidad a las objeciones planteadas por la Fraternidad.

Críticas a las consagraciones sin mandato pontificio

El cardenal también se refirió directamente a las recientes consagraciones episcopales celebradas en Écône. Consideró que la justificación ofrecida por la FSSPX supone una forma de «autoatribución de autoridad» para realizar ordenaciones sin el consentimiento del Papa.

Koch comparó esa actitud con la de determinados sectores progresistas que también pretenden actuar al margen de las decisiones de la autoridad eclesiástica.

«Una vez más se demuestra que tradicionalistas y progresistas pueden padecer la misma enfermedad, aunque estén ingresados en salas muy distintas del mismo hospital», afirmó gráficamente.

Una visión «incompleta» de la Tradición

El purpurado criticó igualmente la concepción de la Tradición que, a su juicio, sostiene la Fraternidad San Pío X. Según explicó, su error consiste en considerar que la auténtica Tradición quedó interrumpida con el Concilio Vaticano II.

Para Koch, esa interpretación resulta parcial porque no contempla el conjunto de los dos mil años de historia de la Iglesia, sino únicamente una parte de ella.

Asimismo, cuestionó la interpretación que la Fraternidad hace del conocido axioma Extra Ecclesiam nulla salus («Fuera de la Iglesia no hay salvación»). Recordó que la tradición católica siempre ha sostenido que Dios quiere la salvación de todos los hombres y que su misericordia puede actuar también en quienes nunca han conocido plenamente el Evangelio.

«Cuando la Fraternidad parece enviar al infierno a todos los que no pertenecen a la Iglesia católica, me pregunto cómo puede mantenerse la convicción fundamental de la Sagrada Escritura de que Dios quiere salvar a todos los hombres», concluyó el cardenal, advirtiendo del riesgo de anteponer el juicio teológico humano al juicio definitivo de Dios.

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