El cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, considera que ha llegado el momento de revisar las restricciones impuestas a la celebración de la Misa tradicional y recuperar el camino abierto por Benedicto XVI con el motu proprio Summorum Pontificum. En una entrevista concedida al diario italiano Il Giornale, el purpurado alemán sostiene que las limitaciones introducidas por Traditionis Custodes no han producido los efectos esperados y, por el contrario, han reforzado las posiciones de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX).
Müller afirma que las recientes consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad deberían llevar a la Iglesia a reflexionar sobre la política seguida en materia litúrgica desde 2021. A su juicio, las restricciones a la liturgia tradicional «han hecho casi propaganda a los lefebvrianos», que han podido convertirlas «en un símbolo del disenso hacia Roma» y utilizarlas para difundir sus planteamientos.
El cardenal sostiene que Traditionis Custodes «no tuvo un efecto positivo» y critica el recurso a medidas que, en su opinión, exigen «una obediencia ciega» mediante un enfoque excesivamente autoritario.
«Solo en materia dogmática no puede haber compromisos; en la pastoral concreta puede existir una cierta tolerancia», afirma.
«Benedicto XVI había encontrado una buena solución»
Para Müller, la vía más adecuada continúa siendo la marcada por Benedicto XVI con Summorum Pontificum, documento que permitió una amplia libertad para la celebración de la liturgia según el Misal de 1962.
«Benedicto XVI había encontrado una buena solución aceptando plenamente el rito antiguo. Aquel motu proprio llevó mucha paz a la Iglesia», asegura.
El purpurado insiste en que la Iglesia convive desde hace siglos con distintos ritos litúrgicos y considera que «no se puede prohibir el rito en su forma antigua».
Asimismo, rechaza la idea de que quienes prefieren la liturgia tradicional rechacen necesariamente el Concilio Vaticano II.
«Sostener que todos los que prefieren el rito antiguo no aceptan el Concilio Vaticano II es una falsedad», afirma, añadiendo que ese mismo razonamiento podría aplicarse también a quienes celebran habitualmente según el Misal reformado.
La liturgia tradicional y la unidad de la Iglesia
Preguntado sobre quienes consideran que la llamada Misa en latín constituye un obstáculo para la unidad eclesial, Müller responde que resulta difícil sostener esa tesis cuando durante siglos fue la forma litúrgica celebrada por innumerables santos y padres de la Iglesia.
«El Concilio Vaticano II nunca dijo que la forma celebrada hasta entonces fuera falsa», recuerda.
El cardenal explica además que, aunque habitualmente celebra según el Misal reformado, también ha presidido celebraciones en el rito tradicional cuando ha sido invitado por comunidades plenamente unidas a la Iglesia. Como ejemplo cita la Misa de clausura de la peregrinación tradicional de Chartres, celebrada hace algunos años ante unos 22.000 jóvenes.
Un camino para favorecer la unidad
Müller considera que una plena rehabilitación de la liturgia tradicional podría contribuir también a favorecer el regreso a la plena comunión de quienes, tras las recientes consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, deseen reconciliarse con Roma.
«Permitir plenamente esta forma litúrgica y hacer aceptar el Concilio es también una solución para quienes, después de la desobediencia de las consagraciones de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, quieran volver plenamente a la unidad con el Papa, principio permanente de la unidad y fundamento de la Iglesia», concluye.