El cardenal Raymond Leo Burke ha realizado una valoración del consistorio extraordinario celebrado los días 26 y 27 de junio en el Vaticano, en la que ha expresado su satisfacción por la recuperación de estas reuniones del Colegio Cardenalicio, aunque ha manifestado reservas sobre el formato de trabajo inspirado en la sinodalidad. Asimismo, se ha pronunciado sobre las inminentes consagraciones episcopales anunciadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), insistiendo en que no existe un estado de necesidad que las justifique y defendiendo que la Santa Sede retome el diálogo con la Fraternidad.
En una entrevista concedida al periodista Michael Haynes para el medio Per Mariam, Burke celebró que León XIV haya convocado ya dos consistorios en los primeros meses de su pontificado. A su juicio, —sosteniendo sus declaraciones de enero— estas reuniones permiten que los cardenales se conozcan mejor y puedan debatir cuestiones importantes para la vida de la Iglesia.
No obstante, el purpurado estadounidense mostró sus reservas sobre el método de trabajo empleado, basado en grupos reducidos de discusión. Recordó que el formato tradicional del consistorio consistía en un debate abierto en presencia de todos los cardenales, donde cada uno podía escuchar las intervenciones de los demás y responder a ellas.
«La sinodalidad sigue siendo una cuestión no resuelta»
Burke considera que la aplicación de este método responde a la insistencia del Papa, pero cree que quienes mantienen objeciones deben expresárselas con claridad.
«La cuestión de la sinodalidad sigue sin estar resuelta», afirmó. Según explicó, no existe una definición clara de qué significa exactamente este concepto ni cuenta con una tradición consolidada en la historia de la Iglesia. Por ello, considera necesario realizar «un examen crítico» para determinar si constituye un modo adecuado de llevar a cabo la consulta dentro de la Iglesia.
El cardenal también lamentó que el programa del consistorio estuviera centrado casi exclusivamente en cuestiones sociales y culturales, dejando fuera algunas crisis eclesiales de primer orden. Entre ellas mencionó expresamente la situación creada por la Fraternidad San Pío X, asunto que, según indicó, algunos cardenales sí plantearon durante las sesiones pese a no figurar en el orden del día.
A juicio de Burke, cuando el Colegio Cardenalicio se reúne debería procurar alcanzar conclusiones pastorales concretas y no limitarse a formular principios generales. «Cuando los cardenales nos reunimos para hablar de algo, deberíamos llegar a alguna acción pastoral, a una mejor manera de cuidar las almas», señaló.
Espera que Roma reabra el diálogo con la Fraternidad San Pío X
Respecto a las consagraciones episcopales previstas para el 1 de julio por parte de la FSSPX, Burke afirmó no participar en las conversaciones mantenidas por la Santa Sede, pero reconoció que no percibe señales de una intervención de última hora por parte del Vaticano para impedirlas.
El cardenal sostuvo que conferir la consagración episcopal sin mandato pontificio comporta la excomunión latae sententiae para quienes participan directamente en el acto, conforme al derecho canónico. Sin embargo, rechazó los rumores que apuntan a una eventual excomunión de todos los miembros de la Fraternidad.
«Creo que hay muchos fieles que pertenecen a la FSSPX, incluidos sacerdotes, que no tienen un espíritu cismático; simplemente aman la tradición del uso más antiguo del Misal Romano», afirmó.
Por ese motivo, defendió que la Santa Sede designe a varios cardenales para reabrir el diálogo con los responsables de la Fraternidad, convencido de que todavía es posible avanzar hacia una reconciliación.
«No existe un estado de necesidad»
Burke rechazó igualmente el argumento utilizado por la FSSPX para justificar las nuevas consagraciones episcopales, basado en la existencia de un supuesto estado de necesidad dentro de la Iglesia: «la situación actual no constituye un estado de necesidad porque, de hecho, la idea detrás es que los fieles que están en la FSSPX no pueden vivir su fe católica en la Iglesia sin tener una iglesia dentro de la Iglesia».
El purpurado recordó que Cristo prometió permanecer con su Iglesia hasta el final de los tiempos y que los fieles están llamados a permanecer en ella incluso en momentos de crisis. «Ninguna situación justifica hacer algo que sea intrínsecamente malo», concluyó.