Mons. Strickland pide un juicio justo para la FSSPX: «Es difícil negar el amor que ha inspirado tantos sacrificios»

Mons. Strickland pide un juicio justo para la FSSPX: «Es difícil negar el amor que ha inspirado tantos sacrificios»

El obispo emérito de Tyler (Texas), Joseph E. Strickland, ha publicado una extensa reflexión sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en la que invita a contemplar su historia desde una perspectiva espiritual antes que exclusivamente jurídica. Con la cuenta regresiva casi al límite sobre las anunciadas consagraciones episcopales en Écône, el prelado sostiene que resulta «difícil negar el amor» que ha impulsado durante más de medio siglo a sacerdotes, religiosos y familias vinculados a la obra fundada por monseñor Marcel Lefebvre.

Partiendo de la enseñanza de san Pablo sobre la primacía de la caridad, Strickland afirma que cualquier juicio sobre la situación de la FSSPX debe orientarse siempre a la salvación de las almas y recuerda que «la verdad nunca puede separarse de la caridad, ni la caridad de la verdad».

La herencia que quiso preservar Lefebvre

El obispo invita a recordar los orígenes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y las motivaciones que llevaron a monseñor Marcel Lefebvre a emprender un camino que le acarreó incomprensiones y sufrimientos personales.

«No emprendió este camino porque fuera fácil, ni porque le proporcionara honor o tranquilidad», escribe Strickland. Aunque reconoce que las decisiones adoptadas por el arzobispo francés pueden ser objeto de debate, considera indiscutible que actuó convencido de que «el Santo Sacrificio de la Misa, la celebración reverente de los santos misterios, la formación de sacerdotes santos y las enseñanzas perennes de la fe católica» corrían el riesgo de verse debilitados.

Ese mismo amor por el patrimonio espiritual de la Iglesia ha seguido inspirando durante décadas a numerosos sacerdotes, religiosos y familias que han aceptado incomprensiones y sacrificios con el propósito de transmitir intacto ese legado a las generaciones futuras.

«Es difícil negar el amor»

Strickland sostiene que un examen honesto de la historia de la Fraternidad permite constatar el elevado coste personal asumido por muchos de sus miembros.

«Es difícil negar el amor que ha inspirado incontables sacrificios, vocaciones, familias y almas fieles que solo han deseado permanecer cerca de Nuestro Señor y ser fieles al depósito de la fe», afirma.

Al mismo tiempo, reconoce que los católicos pueden debatir legítimamente sobre la prudencia de determinadas decisiones adoptadas a lo largo de estos cincuenta años, pero considera que ese análisis no debería ocultar la sinceridad de las motivaciones que han guiado a tantos fieles.

Una llamada a la reconciliación

Strickland recuerda que la disciplina eclesiástica existe para favorecer la reconciliación y el bien de las almas, y advierte de que nunca debería aplicarse de modo que oscurezca el amor sincero que muchos católicos profesan a Cristo y a su Iglesia.

En este contexto, plantea una reflexión que, según señala, muchos fieles se hacen en la actualidad: por qué algunos católicos que cuestionan públicamente doctrinas o principios morales consolidados parecen recibir escasas correcciones, mientras quienes buscan conservar el patrimonio litúrgico y doctrinal de la Iglesia afrontan las sanciones más severas.

A su juicio, estas preguntas no deberían ser descartadas, sino respondidas «con justicia, sabiduría y caridad».

Rezar por la unidad de la Iglesia

Lejos de alimentar divisiones, Strickland insiste en que ningún católico debería alegrarse de las fracturas dentro de la Iglesia y pide rezar por la plena unidad visible.

Esa unidad, afirma, no puede construirse sobre la sospecha o el miedo, sino sobre la confianza mutua, la humildad y el reconocimiento del amor sincero allí donde se manifieste.

El obispo concluye encomendando la situación al Sagrado Corazón de Jesús y pidiendo oraciones tanto por los fieles de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X como por el Papa, los obispos y todos aquellos que tienen la responsabilidad de gobernar la Iglesia.

«Que quienes han trabajado por preservar las sagradas tradiciones de la Iglesia continúen actuando con humildad, fidelidad y amor; y que quienes deben tomar decisiones para la Iglesia universal miren profundamente el corazón de aquellos que tienen delante, reconociendo no solo sus acciones, sino también el amor que ha inspirado tantos sacrificios», concluye Strickland.

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