Müller acusa al Camino Sinodal de contradecir el Vaticano II al defender la predicación de laicos en la Misa

Müller acusa al Camino Sinodal de contradecir el Vaticano II al defender la predicación de laicos en la Misa

El cardenal Gerhard Ludwig Müller ha salido al paso de las propuestas impulsadas desde el Camino Sinodal alemán que pretenden abrir la puerta a la predicación de los laicos durante la Santa Misa. En un artículo publicado por Kath.net, el exprefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe sostiene que esa práctica contradice la enseñanza del Concilio Vaticano II, rompe la unidad de la celebración eucarística y desfigura la naturaleza del sacerdocio sacramental.

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El purpurado recuerda que el Concilio Vaticano II afirmó expresamente que la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística están «tan estrechamente unidas entre sí que constituyen un solo acto de culto». Desde ese principio concluye que no es posible separar ambas partes de la celebración, confiando la primera —incluida la homilía— a un laico y reservando la segunda al sacerdote.

«No se puede desgarrar la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística de la Santa Misa, haciendo que la primera, con la homilía, sea dirigida por un laico y la segunda sea celebrada por un sacerdote ordenado», afirma.

El sacerdocio ordenado comprende también el ministerio de la Palabra

Müller fundamenta su argumentación en la doctrina constante de la Iglesia, recordando que el ministerio sacerdotal no se limita a la consagración eucarística, sino que comprende inseparablemente el anuncio del Evangelio, la celebración de los sacramentos y el gobierno pastoral de la comunidad.

Apoyándose en la constitución Lumen gentium, recuerda que los presbíteros son configurados sacramentalmente con Cristo «para anunciar la Buena Nueva, apacentar a los fieles y celebrar el culto divino». En consecuencia, sostiene que la homilía durante la Misa corresponde al sacerdote celebrante en virtud del sacramento del Orden, con la colaboración del diácono, que participa de ese ministerio según el grado propio de su ordenación.

En la misma línea, cita el reciente pronunciamiento del Dicasterio para el Culto Divino, que ha reiterado que la homilía forma parte integrante de la celebración eucarística y constituye un ministerio reservado a quienes han recibido el sacramento del Orden.

«Quienes invocan el Vaticano II son los primeros en contradecirlo»

Müller recuerda que el Concilio Vaticano II enseña que la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística forman un único acto de culto y que, por tanto, no pueden separarse ni asignarse a distintos sujetos, ya que el ministerio de la Palabra durante la Misa corresponde al sacerdote ordenado.

«Es interesante que precisamente quienes invocan tan gustosamente el Vaticano II lo contradigan en la cuestión de la predicación de los laicos durante la Santa Misa», escribe.

A su juicio, estas propuestas no representan un desarrollo del Concilio, sino un alejamiento tanto de la doctrina del Vaticano II como de la enseñanza definida por el Concilio de Trento sobre el sacerdocio ministerial.

El cardenal añade que fragmentar las funciones propias del sacerdote y «externalizarlas» según un criterio meramente funcional conduce, en la práctica, a una comprensión protestante del ministerio ordenado, en la que el sacerdocio sacramental acaba diluyéndose en el sacerdocio común de todos los bautizados.

Duras críticas al Camino Sinodal alemán

Finalmente, Müller dirige una crítica especialmente severa a quienes impulsan estas reformas desde Alemania.

«Los protestones permanentes de Alemania deberían replantearse no solo su relación con el ministerio petrino del Papa, sino estudiar los fundamentos de la teología católica, en lugar de seguir llevando a la Iglesia en Alemania contra el muro con ideologías cargadas de resentimiento y pretensiones de poder», afirma.

Las palabras del exprefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe vuelven a evidenciar la profunda fractura existente en la Iglesia alemana sobre cuestiones litúrgicas y eclesiológicas. Mientras el Camino Sinodal continúa promoviendo una ampliación de las funciones litúrgicas de los laicos, Müller sostiene que esas propuestas no representan una aplicación del Concilio Vaticano II, sino que contradicen su enseñanza y ponen en cuestión la doctrina católica sobre el sacerdocio ministerial.

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